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FACTOR INTERNACIONAL

INTRODUCCIÓN

Se entiende por Factor Internacional una dimensión clave en el análisis de la gobernabilidad contemporánea, especialmente en países con alta exposición a dinámicas geopolíticas, financieras o de legitimidad externa. Esta variable busca capturar el grado de apoyo, presión o influencia que actores internacionales ejercen sobre un gobierno, ya sea para estabilizarlo, condicionarlo o debilitarlo.

 

Para ello, se miden ocho subcomponentes:

  1.  Organismos Internacionales (ej. ONU, OEA, BID): grado de reconocimiento o respaldo institucional.

  2.  Organismos Financiadores (FMI, BM, CAF): disponibilidad y condiciones de financiamiento externo.

  3.  Estados Unidos: influencia geopolítica, diplomática y económica directa.

  4.  Países Limítrofes: relaciones bilaterales, cooperación fronteriza y clima diplomático.

  5.  Organismos  de    Integración   Regional   (Mercosur,  CELAC, Alianza del Pacífico): inclusión, liderazgo o aislamiento regional.

  6.  Otros Países: alianzas bilaterales clave (China, Rusia, UE, etc.).

  7.  Geopolítica y Nuevo Orden: alineamiento o fricción con bloques globales en reconfiguración.

  8.  Opinión Pública Internacional: imagen del país y percepción de su gobierno en medios y sociedades externas.

IMPORTANCIA PARA EMPRESAS ITALIANAS

  • Los niveles de respaldo o presión de actores internacionales —como organismos financieros o gobiernos influyentes— pueden reforzar o debilitar la estabilidad de un país. En contextos donde estas empresas tienen inversiones críticas (como Brasil, Argentina, Colombia, Chile o México), este respaldo puede marcar la diferencia entre un gobierno sostenible y uno en crisis.

  • Países con baja calificación en organismos financiadores o alta desconfianza internacional suelen enfrentar mayores riesgos de default, restricciones fiscales o devaluaciones. Esto impacta directamente en contratos, precios regulados, subsidios y en la capacidad de pago de contraparte estatal o subnacional.

  • Un país aislado o bajo observación internacional enfrenta más volatilidad en sus reglas de juego, tanto por presiones internas como por sanciones externas. Empresas internacionales, como actores globales con estándares ESG, no pueden operar con normalidad si el país está en contradicción con esos estándares o en conflictos geopolíticos abiertos.

  • La pertenencia a bloques regionales o alianzas globales (como el Acuerdo de París o las estrategias de transición energética del BID, FMI, UE) condiciona las oportunidades y exigencias para el desarrollo de energías renovables, infraestructura eléctrica y marcos regulatorios verdes.

  • El deterioro en las relaciones internacionales (por ejemplo, sanciones de EE.UU., fricciones con vecinos o pérdida de credibilidad ante el FMI) puede acelerar crisis que afecten la gobernabilidad interna. Este análisis permite  anticipar shocks indirectos (cortes de subsidios, inestabilidad cambiaria, cambios regulatorios apresurados) antes de que afecten sus activos

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MAPA DE CALOR

Mapa de calor: Factor Internacional por componente en 5 países (Mayo 2026)

Este mapa de calor permite visualizar el promedio general del Factor Internacional y sus ocho subcomponentes, identificando fortalezas y debilidades comparativas en las relaciones internacionales de cada gobierno

ARGENTINA

Niveles de Factor Internacional por componente (Mayo 2026)

ORGANISMOS INTERNACIONALES

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, la relación del gobierno argentino con los organismos internacionales muestra un leve deterioro, pasando de 2.40 a 2.30. La tendencia confirma que el vínculo de la administración Milei con la gobernanza multilateral continúa siendo más friccional que cooperativo. El gobierno mantiene una orientación crítica frente a varios marcos institucionales globales, especialmente en temas vinculados a salud, derechos humanos, ambiente, protesta social y agenda multilateral. La decisión de avanzar con el retiro de la Organización Mundial de la Salud opera como un hito político y simbólico. No se trata únicamente de una medida sanitaria, sino de una señal de distanciamiento respecto de los organismos multilaterales tradicionales y de afirmación de una política exterior basada en soberanía decisional, alineamiento ideológico con sectores conservadores internacionales y rechazo a ciertas agendas globales. A ello se suma una relación más tensa con instancias vinculadas a derechos humanos, donde el gobierno enfrenta críticas por el impacto social del ajuste, el tratamiento de la protesta, la situación de sectores vulnerables y la reducción de políticas públicas. La baja refleja, por tanto, una continuidad con deterioro marginal. No existe aislamiento internacional pleno ni ruptura institucional con el sistema multilateral, pero sí una pérdida gradual de capital reputacional. En términos de gobernabilidad, este componente no amenaza de manera inmediata la estabilidad del gobierno, pero reduce su margen de legitimidad externa y debilita su capacidad de utilizar organismos internacionales como espacios de respaldo, mediación o amortiguación frente a crisis internas.

ORGANISMOS FINANCIADORES

El vínculo con los organismos financiadores mejora levemente entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, pasando de 4.20 a 4.35. Este subcomponente continúa siendo la principal ancla externa de la gobernabilidad argentina. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el BID, la CAF y otros organismos multilaterales de crédito siguen operando como fuentes de financiamiento, respaldo técnico y validación externa del programa económico del gobierno. La mejora obedece a la continuidad del programa con el FMI, los desembolsos asociados y la percepción de cumplimiento de metas relevantes en materia fiscal, cambiaria y monetaria. La estabilización macroeconómica, la reducción del déficit, la normalización progresiva del mercado cambiario y la búsqueda de acumulación de reservas fortalecen la credibilidad del gobierno frente a acreedores y organismos de crédito. Además, el respaldo de bancos multilaterales contribuye a sostener proyectos de inversión, financiamiento sectorial y apoyo al sector privado. Sin embargo, el puntaje no sube más porque el respaldo financiero sigue siendo condicionado. La sostenibilidad del ajuste, la fragilidad social, la capacidad de acumulación de reservas y la viabilidad política de las reformas continúan siendo interrogantes relevantes. Por ello, el paso de 4.20 a 4.35 expresa una mejora real pero moderada: los organismos financiadores fortalecen claramente la gobernabilidad de Milei, aunque ese apoyo depende de la continuidad del programa económico y de la capacidad del gobierno para evitar una crisis social o cambiaria.

ESTADOS UNIDOS

La relación con Estados Unidos se mantiene como uno de los pilares más sólidos del Factor Internacional argentino, aunque registra una mínima reducción de 4.70 a 4.65. El vínculo político, ideológico, diplomático y económico con Washington continúa siendo altamente favorable para el gobierno de Javier Milei. La afinidad con la administración Trump, el respaldo estadounidense a la estrategia económica argentina y la coordinación en foros financieros fortalecen la posición externa del gobierno. Durante el período enero–mayo de 2026, Estados Unidos sigue funcionando como una fuente de cobertura política internacional. La relación contribuye a mejorar la percepción de Argentina ante sectores financieros, inversores y organismos multilaterales. Además, el acercamiento comercial y estratégico con Washington refuerza la narrativa oficial de reinserción occidental, apertura económica y alineamiento con democracias de mercado. No obstante, la leve baja responde a que el respaldo estadounidense comienza a mostrar costos de dependencia. El alineamiento con Washington reduce el margen de autonomía frente a China y otros actores relevantes del nuevo orden internacional. En la medida en que Estados Unidos condiciona o influye sobre decisiones estratégicas argentinas —por ejemplo, en materia financiera, tecnológica o comercial—, el vínculo deja de ser únicamente un activo y pasa a tener también un componente de subordinación geopolítica. El efecto sigue siendo claramente positivo para la gobernabilidad, pero con un matiz más condicionante que en diciembre.

PAÍSES LIMÍTROFES

La relación con los países limítrofes muestra una mejora moderada, pasando de 2.15 en diciembre de 2025 a 2.35 en mayo de 2026. Esta variación positiva no implica un cambio estructural en la política regional argentina, pero sí refleja una mayor funcionalidad en ciertos ámbitos de cooperación práctica, especialmente en seguridad, fronteras, comercio y coordinación frente al crimen organizado. Durante el período analizado, Argentina mantiene relaciones frías con varios vecinos por diferencias ideológicas, estilos de liderazgo y bajo nivel de inversión diplomática regional. Sin embargo, no se observan rupturas graves ni conflictos bilaterales de alta intensidad. La cooperación operativa con países vecinos, particularmente en temas de seguridad transnacional, permite mejorar parcialmente la evaluación. La relación no es cálida ni estratégica, pero sí más funcional que en diciembre. La suba de 2.15 a 2.35 se justifica porque, pese al clima político distante, existen canales mínimos de coordinación. En términos de gobernabilidad, esto reduce parcialmente el riesgo de aislamiento vecinal y permite al gobierno sostener relaciones pragmáticas en áreas sensibles. De todos modos, el puntaje sigue bajo porque Argentina no ejerce liderazgo regional, no construye alianzas vecinales sólidas y mantiene una política exterior más orientada hacia Washington y Europa que hacia Sudamérica.

ORGANISMOS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

Este subcomponente registra una mejora relevante, aunque desde un nivel muy bajo. La calificación pasa de 1.40 en diciembre de 2025 a 1.90 en mayo de 2026. La variación se explica principalmente por el avance y la mayor relevancia del acuerdo Unión Europea–Mercosur, que vuelve a otorgar cierta utilidad estratégica al bloque regional como plataforma comercial para Argentina. En diciembre, la posición argentina frente a los mecanismos de integración regional era de muy baja inversión política. El gobierno mostraba escepticismo frente al Mercosur, escaso interés en la CELAC y una clara preferencia por acuerdos bilaterales o vínculos con el eje occidental. Para mayo de 2026, esa orientación no cambia sustancialmente, pero el Mercosur adquiere mayor relevancia instrumental por su potencial comercial. El bloque deja de ser visto únicamente como una restricción y pasa a ser también una vía posible para ampliar mercados, especialmente frente a la Unión Europea. La mejora no significa que Argentina haya recuperado liderazgo regional. Más bien indica que los organismos de integración vuelven a tener cierta funcionalidad económica, aunque todavía no política. El gobierno sigue sin utilizar estos espacios como mecanismos de concertación regional, legitimidad diplomática o amortiguación de crisis. Por ello, el puntaje mejora, pero permanece por debajo de 2: la integración regional sigue siendo una de las dimensiones más débiles del Factor Internacional argentino.

OTROS PAÍSES

En mayo de 2026, el subcomponente Otros Países se ubica en 3.30. Este valor refleja una situación mixta: Argentina logra oportunidades relevantes con la Unión Europea y otros socios occidentales, pero enfrenta tensiones crecientes en su relación con China y con actores no alineados al eje estadounidense. La Unión Europea aparece como un socio potencialmente positivo, especialmente por el avance del acuerdo con Mercosur y por el interés en sectores como energía, alimentos, litio, infraestructura, transición energética y comercio. Esta relación puede fortalecer la inserción internacional argentina y diversificar parcialmente sus vínculos externos. Sin embargo, la relación con China introduce un factor de complejidad mayor. China sigue siendo un socio económico importante para Argentina, tanto por comercio como por inversiones estratégicas y financiamiento, pero el alineamiento argentino con Estados Unidos genera fricciones y limita el margen de maniobra. La calificación expresa, por tanto, una posición intermedia. Argentina no está aislada y conserva vínculos útiles con actores relevantes fuera de Estados Unidos, pero su política exterior reduce la capacidad de equilibrio entre potencias. En términos de gobernabilidad, este subcomponente ofrece oportunidades comerciales y financieras, aunque también riesgos de dependencia, pérdida de autonomía y tensiones geopolíticas.

GEOPOLÍTICA – NUEVO ORDEN MUNDIAL

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, el subcomponente Geopolítica y Nuevo Orden Mundial registra un deterioro relevante, pasando de 3.75 a 3.55. En diciembre, la posición argentina todavía podía interpretarse como una estrategia de alineamiento occidental con cierto margen de administración pragmática: el gobierno de Javier Milei profundizaba su acercamiento a Estados Unidos, a los mercados y a los acreedores multilaterales, pero al mismo tiempo conservaba una relación operativa con China, especialmente por la importancia del swap, el comercio bilateral y las inversiones estratégicas. Hacia mayo de 2026, esa ambivalencia se vuelve más difícil de sostener. Argentina mantiene un alineamiento cada vez más nítido con el bloque occidental, particularmente con Estados Unidos, pero ese movimiento comienza a mostrar costos concretos en términos de autonomía estratégica. La presión para reducir la dependencia financiera de China, la necesidad de preservar apoyo del FMI y la búsqueda de consolidar confianza en los mercados obligan al gobierno a ordenar su política exterior alrededor de un eje principal. Esto mejora la previsibilidad ante Washington y los organismos financieros, pero reduce la capacidad de balanceo frente a otros actores relevantes del nuevo orden mundial. La baja refleja, por tanto, que el alineamiento geopolítico ya no funciona solo como un activo de inserción internacional, sino también como una fuente de vulnerabilidad. Argentina gana identidad estratégica y respaldo en el eje occidental, pero pierde flexibilidad en un escenario internacional fragmentado por la competencia entre Estados Unidos y China, la guerra en Ucrania, las tensiones en Medio Oriente, la reconfiguración energética, la seguridad tecnológica y la disputa por cadenas de suministro. En términos de gobernabilidad, este componente pasa de ser moderadamente favorable a ser más claramente condicionante: fortalece al gobierno en un eje, pero aumenta su exposición si ese eje se tensiona o si disminuye el respaldo financiero y político de Washington.

OPINIÓN PÚBLICA INTERNACIONAL

El subcomponente Opinión Pública Internacional muestra el deterioro más marcado dentro del Factor Internacional, pasando de 4.20 en diciembre de 2025 a 3.65 en mayo de 2026. En diciembre, la alta visibilidad internacional de Javier Milei todavía operaba mayormente como un activo político: su imagen de reformista radical, disruptivo y promercado generaba atención positiva en circuitos financieros, empresariales, liberales y conservadores. Aunque ya existían críticas por la polarización y el costo social del ajuste, el balance externo seguía siendo relativamente favorable porque predominaba la expectativa de éxito del experimento económico argentino. Entre enero y mayo de 2026, esa percepción se vuelve más ambivalente y crecientemente negativa. La narrativa internacional deja de concentrarse únicamente en la audacia reformista y comienza a prestar mayor atención a los efectos sociales, institucionales y reputacionales del programa de gobierno. Las críticas por el impacto del ajuste sobre sectores vulnerables, la protesta social, la discapacidad, la libertad de prensa, los derechos humanos y la calidad institucional adquieren mayor peso en medios internacionales, ONGs, ámbitos académicos y redes de opinión pública externa. La caída no significa que Milei haya perdido toda valoración internacional positiva. Todavía conserva apoyo en sectores promercado, inversores, analistas financieros y espacios ideológicos afines. Sin embargo, el equilibrio reputacional cambia: la visibilidad internacional deja de ser predominantemente favorable y se transforma en un factor de volatilidad. La misma exposición que antes amplificaba el relato de reforma y modernización ahora también amplifica los costos sociales y políticos del ajuste. En términos de gobernabilidad, este deterioro afecta la legitimidad externa del gobierno, alimenta cuestionamientos internos y reduce la capacidad de proyectar una imagen internacional de estabilidad plena.

BRASIL

Niveles de Factor Internacional por componente (Mayo 2026)

ORGANISMOS INTERNACIONALES

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, Brasil consolida su posición favorable frente a los organismos internacionales, pasando de 4.45 a 4.50. Esta mejora es leve, pero confirma una tendencia de continuidad positiva. A diferencia de gobiernos que adoptan una relación defensiva o confrontacional frente al sistema multilateral, la administración Lula sostiene una estrategia de revalidación internacional basada en presencia activa, cooperación institucional y liderazgo temático. La realización de la COP30 en Belém dejó a Brasil en una posición de alta visibilidad dentro de la agenda climática global. Aunque el evento también estuvo acompañado por tensiones logísticas, expectativas elevadas y cuestionamientos sobre implementación, su efecto general fue positivo para el país. Brasil logró recuperar centralidad en la discusión ambiental, presentándose como actor indispensable en temas de Amazonía, transición energética, financiamiento climático, protección de biodiversidad y cooperación Sur-Sur. La variación de 4.45 a 4.50 se explica porque, entre enero y mayo de 2026, Brasil no solo conserva el capital diplomático generado por la COP30, sino que intenta transformarlo en influencia sostenida dentro de la ONU, la agenda climática y los foros multilaterales. Este componente fortalece la gobernabilidad porque mejora la legitimidad externa del gobierno, amplía su interlocución internacional y proyecta a Lula como un líder global con capacidad de incidencia. El puntaje no aumenta más porque la traducción de ese liderazgo en resultados concretos sigue enfrentando límites: financiamiento climático insuficiente, presión ambiental interna, deforestación, conflictos territoriales y exigencias internacionales crecientes.

ORGANISMOS FINANCIADORES

La relación de Brasil con los organismos financiadores se mantiene estable y pragmática, con una leve mejora de 3.55 a 3.60. Este subcomponente no tiene el peso crítico que posee en países con crisis de balanza de pagos o dependencia de programas de rescate. Brasil conserva acceso a financiamiento multilateral, pero no depende de él como condición inmediata de estabilidad macroeconómica o supervivencia política. El vínculo con el FMI, el Banco Mundial, el BID, la CAF y otros organismos se sostiene en una lógica de cooperación técnica, financiamiento de proyectos, transición energética, infraestructura, innovación, desarrollo regional y sostenibilidad ambiental. Esto le permite al gobierno mantener margen de maniobra frente a los acreedores y evitar una relación de condicionalidad dura. La estabilidad del componente refleja que Brasil sigue siendo considerado un país financiable, con capacidad institucional y económica suficiente para acceder a recursos sin perder autonomía decisional. La leve mejora hacia 3.60 se explica por la continuidad de proyectos de desarrollo y por el interés de los organismos multilaterales en acompañar agendas vinculadas a economía verde, infraestructura sostenible y desarrollo del Nordeste. Sin embargo, el puntaje no sube de manera significativa porque persisten limitaciones fiscales, presión sobre el gasto público, bajo crecimiento relativo y tensiones internas sobre la sostenibilidad de la política económica. En términos de gobernabilidad, los organismos financiadores no son el principal sostén del gobierno, pero sí contribuyen a estabilizar expectativas, respaldar proyectos estratégicos y preservar credibilidad externa.

ESTADOS UNIDOS

La relación con Estados Unidos es el punto más débil del Factor Internacional brasileño. Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, la calificación cae de 2.30 a 2.15, profundizando la tendencia negativa que ya se observaba desde abril. El vínculo no está roto, pero se vuelve más friccional, politizado y condicionado por diferencias comerciales, geopolíticas, institucionales y de seguridad. La visita de Lula a Donald Trump en Washington, el 7 de mayo de 2026, confirma precisamente ese carácter ambivalente. Por un lado, la reunión de más de tres horas en la Casa Blanca mostró que ambos gobiernos preservan canales de interlocución al más alto nivel y que existe voluntad de evitar una ruptura bilateral. Lula buscó contener la escalada arancelaria y estabilizar una relación que venía deteriorándose por la política comercial estadounidense. Trump, por su parte, calificó positivamente el encuentro y ambos gobiernos acordaron que sus equipos continuaran negociando temas comerciales y tarifarios. Sin embargo, la reunión no modificó sustancialmente el diagnóstico de fondo. No hubo reversión inmediata de tarifas, comunicado conjunto, acuerdo sobre minerales críticos, marco de seguridad ni solución estructural a las diferencias comerciales. En ese sentido, la visita funcionó más como un mecanismo de administración del conflicto que como una recomposición plena de la relación bilateral. La existencia del diálogo evita una caída mayor del puntaje, pero no alcanza para impedir el deterioro. La baja se explica por tres factores. Primero, las tensiones comerciales y tarifarias no se resuelven plenamente, lo que genera incertidumbre para sectores productivos brasileños. Segundo, la decisión estadounidense de designar al PCC y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas extranjeras introduce una dimensión de soberanía muy sensible, porque Brasil interpreta que esa medida puede tener efectos internos, financieros, jurídicos y políticos. Lula rechazó esa decisión como una interferencia en la soberanía brasileña. Tercero, la relación bilateral se contamina por la disputa política doméstica brasileña, especialmente cuando actores vinculados al bolsonarismo buscan apoyo o interlocución en Washington; analistas internacionales interpretaron la designación de las bandas criminales como un movimiento con posibles efectos sobre la elección brasileña. En términos de gobernabilidad, este subcomponente tiene un efecto negativo-moderado. Estados Unidos no bloquea la estabilidad brasileña ni rompe la relación bilateral, pero deja de operar como socio estabilizador.

PAÍSES LIMÍTROFES

La relación de Brasil con sus países limítrofes muestra una leve mejora, pasando de 3.60 a 3.65. Brasil mantiene una posición de actor estabilizador en Sudamérica, apoyado en su peso territorial, económico, diplomático y demográfico. A diferencia de países con relaciones vecinales más tensas o ideologizadas, Brasil procura sostener canales de diálogo incluso con gobiernos políticamente distantes. El caso más importante es Argentina. Aunque Lula y Milei representan visiones ideológicas casi opuestas, la relación bilateral se mantiene pragmática porque ambos países están unidos por intereses comerciales, industriales, energéticos y por el Mercosur. Brasil evita una escalada política innecesaria y busca preservar la funcionalidad del vínculo. Esta capacidad de separar diferencias ideológicas de intereses estructurales es uno de los elementos que explica la leve mejora del puntaje. Brasil también conserva un papel relevante frente a tensiones regionales sensibles, especialmente en el norte sudamericano, donde la disputa entre Venezuela y Guyana sigue siendo un riesgo para la estabilidad regional. Por su frontera, su peso militar y su tradición diplomática, Brasil tiene interés directo en evitar escaladas y en preservar canales de contención. Sin embargo, su liderazgo regional no es absoluto: la región sigue fragmentada, los mecanismos de coordinación son débiles y varios países atraviesan crisis internas que limitan la eficacia de cualquier articulación sudamericana.

ORGANISMOS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

El componente de integración regional muestra una mejora clara, pasando de 4.05 a 4.25. Brasil mantiene una orientación integracionista consistente, especialmente a través del Mercosur, la CELAC y otros espacios de coordinación regional. La política exterior de Lula busca recomponer la capacidad sudamericana de concertación, aunque lo hace con pragmatismo y no únicamente desde una lógica ideológica. La principal razón de la mejora es el avance del acuerdo Unión Europea–Mercosur, que revaloriza al Mercosur como instrumento de inserción global. Para Brasil, este acuerdo tiene importancia económica y política: abre expectativas de comercio e inversión, proyecta al bloque hacia un mercado de alta relevancia y permite mostrar que la integración regional todavía puede producir resultados estratégicos. En este sentido, el Mercosur no funciona solo como una estructura heredada, sino como una plataforma de negociación externa. El puntaje sube de manera más importante que en otros subcomponentes porque Brasil sí utiliza la integración regional como parte de su estrategia de poder. A diferencia de gobiernos que ven el Mercosur como obstáculo o simple herramienta comercial, Lula lo concibe como un espacio desde el cual Brasil puede ejercer liderazgo, negociar con mayor escala y amortiguar la fragmentación sudamericana. La mejora no es mayor porque persisten resistencias europeas al acuerdo, tensiones agrícolas, asimetrías entre socios, diferencias con Argentina y límites institucionales de la integración regional.

OTROS PAÍSES

Brasil mejora su calificación en este subcomponente de 4.20 a 4.30, consolidando una política exterior de diversificación estratégica. La relación con otros países —especialmente China, la Unión Europea, socios asiáticos, Medio Oriente y actores del Sur Global— le permite a Brasil evitar una dependencia excesiva de Estados Unidos y preservar una amplia red de opciones económicas, diplomáticas y tecnológicas. China es el actor más relevante dentro de esta dimensión. Su peso como socio comercial, comprador de commodities, inversor en infraestructura y actor estratégico convierte la relación bilateral en un componente estructural para Brasil. A diferencia de Argentina, que enfrenta una tensión más fuerte entre el alineamiento con Estados Unidos y la necesidad de mantener instrumentos chinos, Brasil administra la relación con Beijing desde una posición más autónoma y consolidada. Esto le permite sostener vínculos con China sin romper puentes con Europa ni clausurar la interlocución con Washington. La Unión Europea también gana importancia por el acuerdo con Mercosur y por la agenda ambiental. Para Brasil, Europa representa mercado, inversión, legitimidad climática y cooperación tecnológica. Además, la participación brasileña en espacios del Sur Global, BRICS y foros multilaterales amplía su capacidad de maniobra. El puntaje no llega a niveles máximos porque esta diversificación también genera tensiones: la cercanía con China puede aumentar la fricción con Estados Unidos, y el liderazgo del Sur Global puede ser visto con recelo por sectores occidentales.

GEOPOLÍTICA – NUEVO ORDEN MUNDIAL

Brasil mantiene una posición relativamente sólida en la geopolítica del nuevo orden mundial, con una leve mejora de 4.00 a 4.05. La política exterior de Lula se apoya en la idea de autonomía estratégica: Brasil no busca alinearse automáticamente con Estados Unidos ni con China, sino conservar capacidad de negociación con ambos polos y, al mismo tiempo, fortalecer espacios alternativos como BRICS, Sur Global y foros climáticos. Esta posición le permite actuar como país bisagra. Brasil dialoga con Occidente, mantiene una relación económica estratégica con China, reivindica la reforma de la gobernanza global, promueve el multilateralismo y busca mayor voz para los países emergentes. En un mundo atravesado por la competencia entre grandes potencias, esa capacidad de balanceo es un activo importante. Le permite a Lula proyectar a Brasil como potencia media con vocación global y no solo como actor regional. La mejora es moderada porque esta estrategia también tiene costos. La autonomía brasileña genera fricciones con Washington, especialmente cuando Brasil se acerca a China, participa activamente en BRICS o cuestiona ciertos enfoques occidentales sobre seguridad y gobernanza. Además, la competencia tecnológica, la transición energética, la disputa por minerales críticos y la fragmentación del comercio mundial obligan a Brasil a tomar decisiones más difíciles. En términos de gobernabilidad, el componente es positivo porque amplía el margen estratégico del gobierno, pero también lo expone a presiones cruzadas.

OPINIÓN PÚBLICA INTERNACIONAL

La opinión pública internacional sobre Brasil desciende levemente de 3.70 a 3.65, aunque se mantiene en un nivel favorable. Lula conserva reconocimiento en círculos multilaterales, europeos, ambientales y progresistas. Su imagen como estadista, defensor del multilateralismo y representante del Sur Global sigue siendo un activo internacional relevante, especialmente en contraste con la etapa de aislamiento o confrontación ambiental asociada al período Bolsonaro. Sin embargo, entre enero y mayo de 2026, la imagen internacional de Brasil se vuelve algo más exigente y menos homogéneamente positiva. La COP30 elevó la visibilidad del país, pero también aumentó el escrutinio. Cuando un país asume liderazgo climático, las expectativas internacionales crecen: se evalúa con mayor dureza la coherencia entre discurso y resultados, protección efectiva de la Amazonía, derechos indígenas, transición energética, deforestación, financiamiento climático y capacidad de implementación. A esto se suma el ruido generado por la relación con Estados Unidos, la polarización interna, la seguridad pública y las incertidumbres fiscales. La opinión pública internacional no se vuelve negativa, pero sí más cautelosa. El capital reputacional de Lula sigue siendo importante, aunque menos expansivo que en diciembre. La baja expresa que la imagen externa de Brasil continúa siendo un activo, pero con mayor exposición a críticas y desgaste.

CHILE

Niveles de Factor Internacional por componente (Mayo 2026)

ORGANISMOS INTERNACIONALES

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, el subcomponente Organismos Internacionales registra una leve baja, de 3.30 a 3.25. Chile conserva una inserción multilateral respetada, institucional y previsible, pero el cambio de gobierno reduce parcialmente la continuidad del perfil normativo asociado a Boric en temas como derechos humanos, clima, océanos, democracia y derecho internacional. Durante el cierre del gobierno Boric, Chile mantuvo una política exterior coherente con la defensa del multilateralismo. Esto se expresa en agendas como océanos, biodiversidad, clima y protección de la alta mar. El Tratado de Alta Mar o BBNJ entró en vigor en enero de 2026, reforzando una agenda en la que Chile había sido un actor relevante y temprano, especialmente por su vocación oceánica y por su interés en la gobernanza marítima global. Sin embargo, desde marzo de 2026, con el inicio del gobierno de Kast, la política exterior chilena empieza a desplazar el centro de gravedad hacia seguridad, migración, inversión y crecimiento. No se observa una ruptura con los organismos internacionales ni una conducta abiertamente confrontacional, pero sí una menor centralidad del discurso normativo progresista. Esto explica que la calificación no caiga de manera importante, pero tampoco continúe subiendo.

ORGANISMOS FINANCIADORES

La relación de Chile con organismos financiadores mejora levemente, pasando de 3.70 a 3.80. Este componente continúa siendo una fortaleza estructural del país. Chile no depende de rescates ni de programas de emergencia, pero sí utiliza instrumentos de credibilidad externa, cooperación técnica y financiamiento de políticas públicas. El principal elemento de estabilidad es la Línea de Crédito Flexible del FMI, aprobada en agosto de 2024 por aproximadamente US$13.800 millones y vigente hasta agosto de 2026. El FMI destacó en 2025 que Chile seguía calificando para la línea por sus fundamentos económicos sólidos, su marco institucional robusto y su historial de políticas macroeconómicas favorables. Este instrumento funciona como seguro precautorio frente a shocks externos y no como señal de crisis. El Banco Mundial y otros organismos multilaterales también sostienen cooperación con Chile en áreas de protección social, agua, salud primaria, digitalización y sostenibilidad. La cartera reciente del Banco Mundial incluye proyectos como la mejora de la protección social intersectorial, transición hídrica y cobertura universal de salud primaria. La mejora es moderada porque el cambio de gobierno genera expectativas sobre disciplina fiscal y clima de inversión, pero también interrogantes sobre prioridades sociales y sostenibilidad política. Aun así, Chile conserva una reputación de país financiable, institucionalmente sólido y con bajo riesgo de condicionalidad externa disruptiva.

ESTADOS UNIDOS

La relación de Chile con Estados Unidos mejora de manera relevante entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, pasando de 2.05 a 3.05. En diciembre de 2025, el vínculo estaba condicionado por el ruido comercial, la política arancelaria de Trump y la incertidumbre sobre exportaciones estratégicas chilenas, especialmente cobre. Hacia mayo de 2026, el inicio del gobierno de José Antonio Kast introduce una mayor afinidad política, económica y de seguridad con Washington. La mejora se explica por dos ejes principales. El primero es el acercamiento en materia de minerales críticos. El 12 de marzo de 2026, un día después de la toma de posesión de Kast, Chile y Estados Unidos firmaron una declaración conjunta para iniciar colaboración en tierras raras y otros minerales estratégicos. La iniciativa busca fortalecer cadenas de suministro, reducir dependencia de China, explorar financiamiento, reciclaje y nuevos proyectos mineros. Este giro convierte a Chile en un socio atractivo para Washington en sectores clave como cobre, litio, tierras raras, transición energética y seguridad industrial. El segundo eje es la incorporación de Chile al Escudo de las Américas, iniciativa impulsada por la administración Trump para coordinar esfuerzos hemisféricos frente al crimen organizado transnacional, narcotráfico, migración irregular y amenazas de seguridad. La participación chilena en esta arquitectura refuerza la afinidad del nuevo gobierno de Kast con Washington y ubica la relación bilateral en una agenda más amplia que la comercial: seguridad, inteligencia, cooperación militar, control fronterizo y combate a redes criminales. Este giro mejora el puntaje porque Chile pasa a ser visto por Estados Unidos como un socio relevante en dos áreas estratégicas del nuevo orden hemisférico: minerales críticos y seguridad regional. En términos de gobernabilidad, esto puede fortalecer al gobierno de Kast porque le ofrece respaldo externo en temas centrales de su agenda doméstica: seguridad, migración, crimen organizado, inversión y crecimiento. Además, le permite diferenciarse del perfil más normativo del gobierno Boric y construir una relación más funcional con la administración Trump. Sin embargo, el componente no sube más porque persisten riesgos importantes. Primero, la política estadounidense sigue siendo proteccionista y el cobre chileno continúa expuesto a decisiones arancelarias, investigaciones sectoriales y tensiones sobre seguridad económica. Segundo, una mayor cercanía con Washington puede tensionar la relación con China, principal destino de las exportaciones chilenas y actor relevante en minería. Tercero, el Escudo de las Américas puede generar debates internos y regionales sobre soberanía, militarización de la seguridad pública, uso de inteligencia y subordinación estratégica a la agenda estadounidense. En suma, el vínculo con Estados Unidos mejora claramente respecto de diciembre, pero sigue siendo un apoyo condicionado, geopolíticamente sensible y potencialmente polarizante.

PAÍSES LIMÍTROFES

El subcomponente de países limítrofes mejora de 3.15 a 3.30. La razón principal es que Chile comienza a ocupar un rol más activo en la coordinación regional de seguridad, especialmente frente al crimen organizado transnacional, migración irregular, trata, lavado de dinero y control fronterizo. En mayo de 2026, Chile lideró la Reunión de Alto Nivel Compromiso Regional de Santiago contra la Delincuencia Organizada Transnacional, con participación de Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador. El acuerdo prevé coordinación operativa, inteligencia financiera, control fronterizo y presentación ante la OEA para ampliar la cooperación continental. Este hecho empuja el indicador hacia arriba porque permite transformar una vulnerabilidad interna —seguridad y crimen organizado— en una agenda de cooperación regional. Chile no solo recibe presión migratoria o fronteriza, sino que intenta articular una respuesta institucional con vecinos. Sin embargo, el puntaje no sube más porque persisten tensiones fronterizas y migratorias con Perú y Bolivia, además de un clima regional sensible por el endurecimiento del discurso migratorio bajo Kast. La activación del “Plan Retorno” para migrantes irregulares muestra que la política migratoria se vuelve más central y puede generar efectos diplomáticos si no se administra con cuidado.

ORGANISMOS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

Chile mantiene una inserción regional pragmática, con una leve recuperación de 3.65 a 3.70. El país no busca liderazgo hegemónico, pero sí participa activamente en mecanismos regionales cuando estos ofrecen resultados concretos: comercio, seguridad, infraestructura, cadenas de valor, integración física y cooperación contra amenazas transnacionales. Durante el gobierno Boric, Chile sostuvo una política regional orientada al multilateralismo, la CELAC, la Alianza del Pacífico y la articulación con Mercosur. Con Kast, la agenda parece desplazarse hacia integración funcional: seguridad, comercio, inversión y control fronterizo. El acuerdo regional contra el crimen organizado de mayo de 2026 refuerza esta lógica, aunque no sea un organismo de integración clásico, porque utiliza la cooperación regional como herramienta de gobernabilidad. La mejora es pequeña porque Chile no encabeza una gran iniciativa regional estructural comparable al Mercosur para Brasil. Además, la región sigue fragmentada y la Alianza del Pacífico continúa debilitada por diferencias políticas entre sus miembros. Chile mantiene buena capacidad de inserción, pero no convierte esa presencia en liderazgo regional sostenido.

OTROS PAÍSES

Este es uno de los componentes más favorables para Chile. La calificación sube de 3.75 a 3.85, impulsada por la continuidad de su diplomacia económica, la centralidad de los minerales críticos y la diversificación de vínculos con Asia, Europa, India, China y otros socios estratégicos. Chile sigue siendo un actor clave para la transición energética global por su peso en cobre y litio. En enero de 2026, el país presentó una Estrategia Nacional de Minerales Críticos, orientada a consolidar liderazgo minero, diversificar la economía, atraer inversiones responsables y fortalecer cadenas productivas. China continúa siendo un socio estructural. Análisis especializados señalan que alrededor del 40% de las exportaciones chilenas se dirigen a China, lo que evidencia una relación comercial de enorme peso, especialmente en cobre, litio y otros minerales. Al mismo tiempo, Chile busca abrir espacios con India. A fines de mayo de 2026, medios económicos indios reportaron que Chile ofrecía oportunidades en minerales críticos —cobre, litio y cobalto— en el marco de negociaciones cercanas a un acuerdo CEPA con India. El puntaje mejora porque Chile tiene una ventaja material clara: es proveedor de insumos esenciales para la transición energética y la seguridad industrial global. Pero no sube más porque esa misma centralidad lo expone a competencia entre potencias, presiones regulatorias, disputas ambientales y dependencia de China.

GEOPOLÍTICA – NUEVO ORDEN MUNDIAL

Chile mejora de 3.20 a 3.35 en Geopolítica y Nuevo Orden. La razón no es un aumento de poder duro, sino una mayor relevancia geoeconómica. En un mundo marcado por competencia entre Estados Unidos y China, transición energética, seguridad tecnológica y fragmentación de cadenas de suministro, Chile se vuelve más importante por sus recursos críticos. La colaboración con Estados Unidos en minerales estratégicos muestra que Washington ve a Chile como parte de su arquitectura de seguridad económica. Al mismo tiempo, la dependencia comercial de China obliga a Santiago a mantener equilibrio. Chile no puede alinearse completamente con Washington sin poner en riesgo su principal relación comercial, pero tampoco puede ignorar la presión occidental por diversificar cadenas de suministro. La llegada de Kast introduce un giro conceptual: la autonomía estratégica se entiende menos como neutralidad normativa y más como instrumento para reforzar seguridad, inversión, minería, fronteras y crecimiento. Un análisis del Instituto Español de Estudios Estratégicos publicado en 2026 señalaba precisamente que el futuro gobierno Kast proponía una política exterior donde la autonomía estratégica debía servir a objetivos internos de seguridad, orden y desarrollo.

OPINIÓN PÚBLICA INTERNACIONAL

La opinión pública internacional sobre Chile baja levemente, de 2.85 a 2.75. La caída no responde a una crisis reputacional severa, con Kast cambia la audiencia reputacional de Chile: pierde centralidad en círculos progresistas asociados a Boric, pero gana recepción en sectores conservadores, empresariales, de seguridad, inversión y relación estratégica con Washington. El triunfo de Kast puede ser leído positivamente como giro hacia orden, inversión, control migratorio y disciplina económica. Sin embargo, en ámbitos progresistas, de derechos humanos y migración, genera mayor cautela. Medios internacionales ya habían destacado, tras su victoria, la preocupación de migrantes en Chile por el nuevo enfoque del gobierno frente a la inmigración irregular. El inicio del gobierno Kast también aparece marcado por exigencias altas. Algunas encuestas señalaban que, hacia fines de mayo, su aprobación había caído desde 57% a 38%, afectada por inestabilidad de gabinete, aumento de combustibles y presiones sobre seguridad y economía. Este dato ayuda a confirmar una tendencia que se venía gestando en los primeros meses: la reputación externa de Chile ya no está anclada en la imagen generacional y progresista de Boric, sino en la capacidad de Kast para gobernar sin aumentar polarización.

COLOMBIA

Niveles de Factor Internacional por componente (Mayo 2026)

ORGANISMOS INTERNACIONALES

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, Colombia registra un leve deterioro en su relación con organismos internacionales, pasando de 3.00 a 2.90. El gobierno de Petro conserva un vínculo activo con la ONU, la OEA y organismos vinculados a paz, derechos humanos, clima y democracia. Sin embargo, la percepción internacional sobre Colombia se vuelve más preocupada por la seguridad territorial, la implementación de la paz y la violencia contra líderes sociales y defensores de derechos humanos. La elección de Laura Gil como secretaria general adjunta de la OEA en 2025 sigue siendo un activo institucional para Colombia, porque refuerza su presencia regional y su capacidad de interlocución dentro del sistema interamericano. La OEA destacó que Gil fue la primera mujer elegida para ocupar ese cargo, lo que dio visibilidad diplomática al país y al gobierno Petro. No obstante, durante enero–mayo de 2026 aumentan las alertas internacionales sobre la situación interna. El informe del secretario general de Naciones Unidas sobre la Misión de Verificación en Colombia, publicado en abril de 2026, registró denuncias de asesinatos de defensores de derechos humanos y alertó sobre riesgos persistentes en territorios afectados por actores armados. A su vez, Security Council Report señaló en abril de 2026 que Colombia enfrentaba el riesgo de volver a condiciones graves de derechos humanos similares a las del pasado, lo que reduce el efecto positivo de su presencia multilateral.

ORGANISMOS FINANCIADORES

El componente de organismos financiadores continúa siendo uno de los más sensibles para Colombia. La calificación baja de 2.30 a 2.15, profundizando el deterioro iniciado en 2025. La suspensión y posterior cancelación de la Línea de Crédito Flexible con el FMI dejó una huella reputacional significativa. El Banco de la República informó que las autoridades colombianas decidieron cancelar la FCL, luego de que el acceso a sus recursos hubiera sido suspendido desde abril de 2025 hasta el vencimiento del acuerdo. Aunque la cancelación ocurrió en 2025, sus efectos se proyectan en 2026. Colombia perdió una señal de respaldo financiero preventivo que históricamente funcionaba como sello de confianza macroeconómica. A ello se suma la tensión fiscal interna. En enero de 2026, la Corte Constitucional suspendió temporalmente medidas de emergencia económica impulsadas por Petro después de que el Congreso rechazara una reforma tributaria orientada a financiar el presupuesto. El gobierno buscaba generar cerca de US$3.000 millones adicionales mediante esas medidas, y la suspensión podría elevar costos de financiamiento. La baja no es mayor porque Colombia aún conserva acceso a mercados, relación con bancos multilaterales y una institucionalidad económica relevante. Pero el clima financiero externo es claramente más frágil que en abril de 2025 y diciembre de 2025.

ESTADOS UNIDOS

La relación con Estados Unidos continúa deteriorándose, pasando de 1.80 a 1.65. Colombia conserva canales funcionales en seguridad, migración, cooperación antidrogas y comercio, pero la relación política está en uno de sus puntos más bajos de los últimos años. El gobierno de Petro es percibido en Washington como menos confiable en materia de drogas, seguridad regional y alineamiento geopolítico. El antecedente más fuerte sigue siendo la decisión de Estados Unidos de no certificar los esfuerzos antidrogas de Colombia y de aplicar sanciones contra funcionarios colombianos vinculados al comercio ilícito de drogas. El Departamento de Estado justificó la medida en octubre de 2025 por lo que calificó como políticas antidrogas ineficaces del gobierno Petro. Este hecho sigue condicionando la relación en 2026, porque introduce la posibilidad de restricciones de ayuda, visados, cooperación y mayor presión política. A ello se suma el giro hacia China. Colombia formalizó en 2025 su adhesión a la Franja y la Ruta, un movimiento que fue interpretado como parte de una política exterior más diversificada, pero también como una señal de menor alineamiento con Washington. Inter-American Dialogue señaló que la adhesión de Colombia a la BRI elevaba interrogantes sobre las consecuencias de una relación más estrecha con China.

PAÍSES LIMÍTROFES

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, la relación de Colombia con sus países limítrofes se deteriora de 2.20 a 1.90. La baja se explica principalmente por el agravamiento de la relación con Ecuador, país con el que Colombia acumuló tensiones comerciales, energéticas, fronterizas y políticas. El episodio de aranceles cruzados, la suspensión de ventas de electricidad y las acusaciones sobre falta de cooperación en seguridad fronteriza muestran que el entorno vecinal inmediato dejó de funcionar como un espacio de contención y pasó a convertirse en un foco de presión directa sobre la gobernabilidad. La crisis con Ecuador es particularmente relevante porque involucra varios planos simultáneos: comercio bilateral, seguridad fronteriza, narcotráfico, energía y política electoral. En enero de 2026, Colombia respondió a medidas ecuatorianas con restricciones comerciales y suspensión de suministro eléctrico, mientras que Ecuador endureció su posición bajo el argumento de proteger su seguridad interna frente a amenazas transfronterizas. Posteriormente, el conflicto adquirió una dimensión política adicional cuando Colombia acusó a Ecuador de interferencia electoral por gestiones vinculadas al levantamiento de tarifas tras contactos con actores de la campaña presidencial colombiana. Este tipo de tensión afecta directamente la percepción de capacidad del gobierno Petro para administrar su entorno regional inmediato. La relación con Venezuela mantiene un carácter pragmático, especialmente por comercio, frontera y migración, pero continúa cargada de vulnerabilidades. La reapertura y normalización parcial del vínculo permitió cierta recuperación comercial y coordinación fronteriza; sin embargo, la presencia de grupos armados, economías ilícitas, flujos migratorios y redes criminales transnacionales impide que ese vínculo funcione como un verdadero factor de estabilización. Venezuela sigue siendo, para Colombia, un socio necesario pero riesgoso. Con Perú, Brasil y Panamá, la relación no presenta una crisis equivalente a la ecuatoriana, pero tampoco opera como un activo fuerte de gobernabilidad. Existen canales diplomáticos y cooperación mínima en temas fronterizos, amazónicos, migratorios y de seguridad, pero sin una arquitectura robusta que compense las tensiones con Ecuador y Venezuela. El entorno limítrofe colombiano se mantiene, por tanto, más reactivo que cooperativo. La baja de 2.20 a 1.90 refleja que Colombia enfrenta un vecindario complejo, donde las relaciones fronterizas están condicionadas por crimen organizado, migración, comercio, narcotráfico y polarización política. En términos de gobernabilidad, este subcomponente tiene un efecto negativo: aumenta la presión sobre el Ejecutivo, expone debilidades de control territorial y reduce la capacidad del gobierno para proyectar liderazgo regional desde una base vecinal estable.

ORGANISMOS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

Colombia baja de 3.95 a 3.75 en organismos de integración regional. Petro mantiene una vocación integracionista, cercana al discurso de autonomía regional, CELAC, reactivación de espacios sudamericanos y convergencia con gobiernos progresistas. Sin embargo, el retorno efectivo de esa apuesta se reduce. La crisis con Ecuador muestra los límites de la integración regional. Aunque la Comunidad Andina intervino frente al conflicto arancelario y ordenó la eliminación de tarifas, la disputa escaló durante meses antes de una solución parcial. Colombia sostuvo que el retiro de aranceles debía entenderse como cumplimiento de una resolución de la CAN y no como gesto político del gobierno ecuatoriano o del candidato De la Espriella. Esto confirma una tensión estructural: los organismos regionales existen y pueden mediar, pero no logran prevenir escaladas ni disciplinar rápidamente a los actores. Petro mantiene discurso integracionista, pero la fragmentación ideológica regional, la crisis fronteriza con Ecuador y la falta de resultados concretos en comercio, infraestructura y seguridad reducen la calificación.

OTROS PAÍSES

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, el componente Otros Países baja levemente de 4.10 a 4.00. En la evaluación anterior este componente aparecía como uno de los más favorables para Colombia por el acercamiento a China y la agenda de diversificación internacional. Sin embargo, al incorporar el episodio con Bolivia, la lectura debe matizarse: la relación con actores extraoccidentales y países del Sur Global sigue ofreciendo oportunidades, pero el activismo diplomático de Petro también genera costos regionales. El elemento positivo sigue siendo China. La adhesión de Colombia a la Franja y la Ruta consolidó una orientación de diversificación externa y reforzó la narrativa de autonomía frente a Estados Unidos. Para el gobierno Petro, China representa una posibilidad de ampliar comercio, atraer inversión, financiar infraestructura y reducir la dependencia histórica del eje Washington–organismos financieros occidentales. Este acercamiento aumenta el margen diplomático colombiano y permite al gobierno proyectar una política exterior más multipolar. Sin embargo, el beneficio de la relación con China sigue siendo más potencial que material en el corto plazo. No reemplaza de manera inmediata la importancia de Estados Unidos en seguridad, cooperación antidrogas, comercio, inteligencia, migración y respaldo financiero. Tampoco compensa plenamente la pérdida de confianza con organismos financiadores o mercados occidentales. Por eso, aunque China fortalece este componente, no basta para elevarlo. El factor que introduce deterioro es la crisis diplomática con Bolivia, que no debe clasificarse como país limítrofe, pero sí como relación bilateral regional relevante. En mayo de 2026, el gobierno boliviano expulsó a la embajadora de Colombia tras acusar a Gustavo Petro de injerencia por sus declaraciones sobre la crisis política boliviana. Colombia respondió expulsando al embajador boliviano. Aunque no hubo ruptura formal de relaciones, el episodio mostró los límites del estilo internacional de Petro: su intento de intervenir discursivamente en crisis regionales puede ser percibido como intromisión y producir costos diplomáticos concretos. Este hecho matiza la lectura positiva del componente. Colombia gana margen con China y algunos actores del Sur Global, pero pierde capital político con países regionales cuando su activismo ideológico se traduce en tensiones bilaterales.

GEOPOLÍTICA – NUEVO ORDEN MUNDIAL

Colombia mejora apenas de 1.70 a 1.75 en Geopolítica / Nuevo Orden. Petro intenta reposicionar al país en una lógica más multipolar, crítica del orden liberal tradicional y menos subordinada a Washington. La adhesión a la Franja y la Ruta da mayor consistencia a ese giro y permite presentar a Colombia como país en proceso de diversificación geopolítica. Sin embargo, el puntaje sigue siendo bajo porque la estrategia genera más fricción que capacidad real de autonomía. Colombia se aleja del eje estadounidense, pero no logra construir un respaldo alternativo equivalente. La relación con China puede ofrecer infraestructura, comercio e inversión, pero no reemplaza la cooperación de seguridad, inteligencia, antidrogas, financiamiento y legitimidad occidental que históricamente sostuvo la posición internacional colombiana. Además, el contexto electoral de 2026 vuelve más incierta la continuidad de la orientación multipolar. Los escenarios electorales pueden implicar una reversión, profundización o redefinición de la política exterior, lo que reduce la previsibilidad externa del país. La elección presidencial colombiana de 2026 tiene implicaciones clave con Estados Unidos y China como actores estratégicos.

OPINIÓN PÚBLICA INTERNACIONAL

La opinión pública internacional sobre Colombia se deteriora de 2.50 a 2.30. El gobierno Petro conserva reconocimiento en ciertos círculos progresistas, climáticos, de paz y de derechos humanos, pero esa imagen se ve crecientemente opacada por conflictividad institucional, deterioro de seguridad, ruido macroeconómico, tensión con Estados Unidos y polarización electoral. Human Rights Watch, en su World Report 2026, destacó graves problemas vinculados a abusos de grupos armados, crisis humanitarias, violencia contra defensores de derechos humanos y desplazamiento interno. A ello se suman los reportes de Naciones Unidas sobre asesinatos de defensores y riesgos en territorios afectados por grupos armados. El factor reputacional también se ve afectado por el clima electoral. La elección presidencial de 2026 fue presentada internacionalmente como una disputa sobre el alma política del país, con fuerte polarización, acusaciones cruzadas y posibles cambios de orientación externa. Este contexto deteriora la percepción de estabilidad, incluso antes de la definición electoral.

MÉXICO

Niveles de Factor Internacional por componente (Mayo 2026)

ORGANISMOS INTERNACIONALES

Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, México reduce su calificación en organismos internacionales de 3.20 a 3.00. El país conserva una tradición multilateral importante y sigue siendo un actor relevante en Naciones Unidas, OEA, foros climáticos, migratorios y de cooperación. Sin embargo, el frente de derechos humanos, particularmente las desapariciones forzadas, se convierte en el principal factor de tensión con el sistema internacional. El hecho más relevante del período es la decisión del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU de solicitar que la situación de México sea considerada por la Asamblea General bajo el procedimiento del artículo 34 de la Convención. La oficina de derechos humanos de Naciones Unidas informó el 2 de abril de 2026 que el Comité elevó el caso por la gravedad de las desapariciones y por la persistencia de patrones que requieren consideración del sistema ONU. Este episodio profundiza una tensión ya existente desde 2025. El gobierno mexicano ha rechazado públicamente caracterizaciones como “generalizadas o sistemáticas”, pero el uso del artículo 34 eleva el nivel de escrutinio internacional. Organizaciones de derechos humanos como FIDH destacaron la decisión como histórica y como reconocimiento de la gravedad del fenómeno de desapariciones en México.

ORGANISMOS FINANCIADORES

La relación con organismos financiadores se mantiene estable, con una leve baja de 3.65 a 3.60. México no enfrenta una crisis de financiamiento ni depende de una línea de rescate externa. Conserva acceso a mercados y una relación funcional con FMI, Banco Mundial, BID y otros organismos. Sin embargo, el contexto económico de 2026 muestra señales de menor dinamismo, alta exposición a Estados Unidos y márgenes fiscales más estrechos. El FMI proyecta para México un crecimiento real de 1.6% en 2026 y una inflación de 3.9%, lo que sugiere estabilidad macroeconómica, pero sin un impulso expansivo fuerte. El Banco Mundial, en sus perspectivas regionales de enero de 2026, subrayó que América Latina enfrenta crecimiento débil y elevada incertidumbre externa, un contexto que también condiciona a México por su dependencia manufacturera y comercial de Norteamérica. La baja es pequeña porque México conserva credibilidad financiera, pero el componente pierde algo de fuerza por la combinación de menor crecimiento, presión comercial estadounidense y desafíos fiscales. No hay señal de ruptura con los organismos financieros, pero tampoco un impulso positivo relevante.

ESTADOS UNIDOS

La relación con Estados Unidos baja de 3.90 a 3.70, aunque sigue siendo el vínculo internacional más determinante para México. La relación no se deteriora hasta niveles críticos porque el T-MEC, la integración manufacturera, la cooperación migratoria y la interdependencia económica obligan a ambas partes a mantener canales abiertos. Sin embargo, el período enero–mayo de 2026 muestra una relación más presionada y menos previsible. El eje central es el T-MEC. A fines de mayo de 2026, Estados Unidos y México concluyeron una primera ronda de negociaciones bilaterales sobre revisión del acuerdo, centrada en reglas de origen automotrices, acero, aluminio y seguridad económica. Washington busca reducir su déficit comercial con México y reforzar cadenas de suministro estadounidenses. Además, la administración Trump propuso elevar el contenido regional norteamericano de vehículos de 75% a 82%, con al menos 50% de contenido estadounidense, lo que introduce presión directa sobre la industria automotriz mexicana. A esto se suman tensiones por aranceles. En abril de 2026, México intentó alcanzar un acuerdo temprano sobre acero, aluminio y autos antes de la revisión del T-MEC, mientras Sheinbaum anunció que los proyectos federales utilizarían acero mexicano después de que fracasaran intentos de levantar tarifas estadounidenses sobre acero. La relación también se tensiona por seguridad y soberanía. Desde enero de 2026 aumentaron las tensiones, especialmente tras acusaciones estadounidenses en abril contra funcionarios mexicanos por presuntos vínculos con carteles, y por el rechazo de Sheinbaum a cualquier intervención militar estadounidense en México.

PAÍSES LIMÍTROFES

En “Países Limítrofes” corresponde considerar principalmente a Guatemala y Belice, porque Estados Unidos se mide aparte. Con esta precisión, el componente baja de 3.55 a 3.35. México mantiene cooperación con Guatemala y Belice en frontera sur, migración, seguridad, medio ambiente y conectividad, pero el entorno se vuelve más exigente por crimen organizado, narcotráfico, trata, flujos migratorios y presión estadounidense. La frontera con Guatemala se vuelve especialmente sensible. En mayo de 2026, Guatemala desmanteló un gran narcolaboratorio cerca de la frontera con México, con detenidos mexicanos y conexiones hacia Chiapas, lo que confirma la naturaleza transnacional de las redes criminales en la zona. Además, Guatemala solicitó cooperación militar estadounidense contra el narcotráfico, aunque aclaró que no autoriza operaciones militares extranjeras en su territorio. Esto agrega una dimensión geopolítica a la frontera sur mexicana, porque aumenta la presencia estratégica estadounidense en Centroamérica. Con Belice, el vínculo se mantiene más cooperativo y menos conflictivo. México, Guatemala y Belice han desarrollado iniciativas ambientales y fronterizas, incluida la protección de la Selva Maya y corredores de biodiversidad. El gobierno de Belice informó que para 2026–2027 los tres países priorizarán monitoreo conjunto, protección de especies, combate a tala ilegal, tráfico de vida silvestre e incendios forestales.

ORGANISMOS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

México baja levemente en integración regional de 3.55 a 3.50. El país mantiene presencia en CELAC, mecanismos mesoamericanos, cooperación con Centroamérica y espacios multilaterales latinoamericanos, pero no logra convertir esa presencia en una arquitectura regional efectiva para amortiguar presiones externas. La principal limitación es estructural: México está geoeconómicamente anclado a Norteamérica. Su margen regional latinoamericano existe, pero es secundario frente al T-MEC y la relación con Estados Unidos. La presión comercial y migratoria desde Washington reduce la capacidad de México para invertir capital político en una integración latinoamericana autónoma. La región sirve como espacio de coordinación, especialmente con Centroamérica, pero no como bloque de poder.

OTROS PAÍSES

Este componente mejora de 3.70 a 3.85, principalmente por el avance del vínculo con la Unión Europea. El 22 de mayo de 2026, la Unión Europea y México firmaron el Acuerdo Global Modernizado y el Acuerdo Comercial Interino, un hito relevante para diversificar vínculos más allá de Norteamérica. La Comisión Europea señaló que el nuevo acuerdo reemplazará al marco anterior una vez ratificado. Este avance compensa parcialmente la tensión con China. A fines de 2025, México aprobó aumentos arancelarios para miles de productos de países sin tratado de libre comercio, incluyendo China, India, Corea del Sur, Tailandia e Indonesia. La medida afectaría autos, autopartes, textiles, plásticos y acero, y que China sería el país más afectado. La mejora del componente no significa una diversificación plena. México sigue profundamente anclado a Estados Unidos y Norteamérica. Sin embargo, el acuerdo con la Unión Europea ofrece una vía alternativa de comercio, inversión, reglas institucionales y cooperación política. En paralelo, la relación con China se vuelve más condicionada por el T-MEC, la presión estadounidense y la política industrial mexicana.

GEOPOLÍTICA – NUEVO ORDEN MUNDIAL

México baja de 3.90 a 3.75 en Geopolítica y Nuevo Orden. El país intenta preservar una política exterior pragmática y no alineada de manera explícita en conflictos globales, pero la realidad geoeconómica lo empuja a un alineamiento práctico con Estados Unidos. La revisión del T-MEC, la presión por reglas de origen automotrices, los aranceles estadounidenses, la política industrial norteamericana y la tensión con China reducen el margen mexicano para mantener equidistancia. En febrero de 2026, Estados Unidos anunció líneas de trabajo con México, Japón y la Unión Europea para desarrollar cadenas de suministro de minerales críticos y reducir dependencia de China, lo que refuerza la integración de México a la arquitectura económica occidental. El giro arancelario contra China y otros países asiáticos también confirma que México está obligado a administrar su relación con Beijing desde las reglas, presiones y prioridades de Norteamérica. Esto fortalece su inserción en cadenas occidentales, pero reduce autonomía geopolítica.

OPINIÓN PÚBLICA INTERNACIONAL

La opinión pública internacional sobre México baja de 4.05 a 3.85. Sheinbaum conserva una imagen externa de moderación, capacidad técnica y continuidad institucional. Sin embargo, el período enero–mayo de 2026 incrementa el escrutinio sobre tres frentes: desapariciones, relación con Estados Unidos y seguridad. El caso de desapariciones tiene fuerte impacto reputacional. La decisión del Comité contra la Desaparición Forzada de elevar la situación mexicana a la Asamblea General de la ONU amplifica la percepción de crisis humanitaria y reduce el margen reputacional del gobierno. A esto se suma la tensión con Estados Unidos por seguridad, carteles e interferencia. Reuters reportó que Sheinbaum acusó a sectores de la derecha estadounidense de participar en una ofensiva contra su gobierno y defendió la soberanía mexicana frente a acusaciones e investigaciones de agencias estadounidenses. La baja no es mayor porque México sigue siendo percibido como un actor institucionalmente estable, con peso económico, papel central en Norteamérica y liderazgo presidencial relativamente moderado. Pero la reputación externa ya no tiene el “bono” inicial de Sheinbaum: está más sometida a evaluación por resultados.

CONCLUSIONES

Factor Internacional por País (Mayo 2026)

Brasil (3.77) encabeza el ranking y presenta el entorno internacional más favorable del grupo comparado. Su liderazgo multilateral, la agenda climática, el peso del Mercosur, la relación con China y Europa, y su proyección en el Sur Global le permiten compensar la fricción con Estados Unidos. El resultado es una inserción externa diversificada que fortalece la gobernabilidad y amplía su margen de maniobra.

Brasil (3.77) encabeza el ranking y presenta el entorno internacional más favorable del grupo comparado. Su liderazgo multilateral, la agenda climática, el peso del Mercosur, la relación con China y Europa, y su proyección en el Sur Global le permiten compensar la fricción con Estados Unidos. El resultado es una inserción externa diversificada que fortalece la gobernabilidad y amplía su margen de maniobra.

México (3.58), Chile (3.38) y Argentina (3.26) conforman un bloque intermedio, aunque con lógicas distintas. México se sostiene por su centralidad en Norteamérica, pero queda condicionado por el T-MEC, aranceles y seguridad. Chile combina credibilidad financiera, minerales críticos, estabilidad institucional y una mayor afinidad estratégica con Estados Unidos bajo Kast, lo que refuerza su proyección externa. Argentina depende del respaldo de Washington y de los organismos financiadores, con baja integración regional y mayor dependencia de pocos vectores externos.

Colombia (2.55) cierra el ranking y refleja el entorno internacional más adverso. El gobierno de Gustavo Petro conserva opciones de diversificación con China y el Sur Global, pero enfrenta deterioro con Estados Unidos, pérdida de confianza financiera, tensiones vecinales y desgaste reputacional. El Factor Internacional deja de operar como soporte y se convierte en un condicionante de la gobernabilidad.

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