
CONFLICTIVIDAD
INTRODUCCIÓN
El conflicto es un componente intrínseco de las relaciones sociales. Para los fines de esta variable, vamos a entender por conflictividad la presencia de movilizaciones, manifestaciones o confrontaciones dirigidas directa o indirectamente contra políticas, decisiones, o actos del gobierno por parte de actores sociales y grupos específicos de la sociedad.
IMPORTANCIA PARA EMPRESAS ITALIANAS
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Movilizaciones o bloqueos por parte de actores sociales (campesinos, transportistas, comunidades indígenas o sindicatos) pueden interrumpir obras de infraestructura, acceso a plantas, o redes de distribución.
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Una zona en conflicto permanente con el gobierno tiende a resistirse también a inversiones privadas, especialmente si estas se asocian al Estado o generan impactos percibidos como negativos.
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Invertir en regiones con alta conflictividad puede exponer a las empresas a campañas sociales, juicios mediáticos o percepciones de complicidad con gobiernos impopulares, afectando su marca y legitimidad social.
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Altos niveles de conflicto obligan a diseñar estrategias más complejas de relacionamiento institucional y comunitario, involucrando desde alcaldes y gobernadores hasta actores no institucionales.
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Gobiernos debilitados por la protesta social suelen reaccionar con cambios regulatorios improvisados, congelamiento de tarifas, rupturas contractuales o frenando procesos de licitación.
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La conflictividad es un indicador adelantado de qué territorios pueden convertirse en zonas de alto costo o inviabilidad operativa, y cuáles ofrecen un entorno más predecible y constructivo.

MAPA DE CALOR
Niveles de Conflictividad por Actor (Mayo 2026)
Este Mapa de Calor permite visualizar de forma rápida y comparativa qué sectores sociales generan mayor intensidad y frecuencia de conflictos. Con un simple golpe de vista, los colores más intensos indican niveles más altos de conflictividad, mientras que los tonos más claros reflejan situaciones de menor tensión. Esta herramienta facilita identificar focos de presión social, zonas de inestabilidad y actores movilizados, lo cual es clave para el análisis de gobernabilidad y la toma de decisiones estratégicas.
ARGENTINA
Niveles de Conflictividad por Actor (Mayo 2026)
MOVIMIENTO CAMPESINO, AGRARIO, COCALERO, INDÍGENA
La conflictividad asociada al movimiento campesino, agrario, cocalero e indígena experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento leve respecto del informe de diciembre. La subvariable continúa ubicada en un nivel bajo en términos comparativos, pero muestra una tendencia ascendente por la mayor visibilidad de conflictos territoriales, intentos de desalojo, cortes de ruta, caminatas provinciales y denuncias de organizaciones indígenas y de derechos humanos frente a la política del gobierno nacional en materia de tierras, consulta previa y protección territorial. El principal núcleo de tensión se concentra en el movimiento indígena y campesino-territorial. La derogación de la emergencia territorial indígena y la pérdida de la suspensión general de desalojos generaron un contexto de mayor vulnerabilidad para comunidades con conflictos históricos de tierra. Durante el periodo se registraron episodios relevantes en Neuquén, donde comunidades mapuche denunciaron la reactivación de una orden de desalojo en Villa La Angostura; en Salta, donde comunidades indígenas del norte provincial realizaron medidas de fuerza, corte de ruta y caminata hacia la capital para exigir respuestas en materia de agua, salud, educación y obras; y en Santiago del Estero, donde el conflicto territorial vinculado al MoCaSE y a tierras reclamadas por familias campesinas indígenas adquirió visibilidad nacional por su conexión con el entorno familiar del presidente. No obstante, la conflictividad no alcanza todavía una escala nacional ni presenta una articulación sostenida capaz de bloquear rutas de manera prolongada, paralizar actividades productivas o imponer una agenda política nacional. Las acciones observadas siguen siendo localizadas, defensivas y orientadas principalmente a la protección territorial, la visibilización pública y la denuncia judicial o comunicacional. En el sector agrario empresarial, las entidades rurales incrementaron sus reclamos por retenciones, costos y obras de infraestructura, pero mantuvieron una relación predominantemente institucional con el Gobierno, sin convocar paros nacionales ni protestas disruptivas de gran escala. En consecuencia, la subvariable debe registrar un aumento moderado pero acotado: de 1.95 en diciembre a 2.25 en mayo de 2026. La tendencia es de mayor conflictividad territorial indígena-campesina, aunque todavía contenida por su baja masividad, su dispersión geográfica y la ausencia de una coordinación nacional sostenida contra el gobierno.
MINERÍA, ENERGÍA Y SIDERURGIA
La conflictividad del sector minero y siderúrgico en Argentina experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 2.18 a 2.35. El aumento se explica principalmente por la profundización de la crisis siderúrgica, la amenaza de paro por tiempo indeterminado en Acindar-Villa Constitución y la reactivación de la conflictividad socioambiental vinculada a la reforma de la Ley de Glaciares. El segmento siderúrgico continúa siendo el principal foco laboral de tensión. Acindar extendió durante 2026 un esquema de suspensiones rotativas y reducción salarial para miles de trabajadores, en un contexto de caída de producción, menor demanda interna, paralización de la obra pública y deterioro de la industria del acero. Durante abril, la UOM de Villa Constitución endureció su posición y amenazó con un paro por tiempo indeterminado ante la falta de respuestas salariales y la acumulación de meses sin acuerdos paritarios. Si bien el conflicto fue contenido mediante un acuerdo transitorio, la situación revela una conflictividad más intensa que la registrada en diciembre. En el plano minero, la actividad productiva se mantuvo relativamente estable e incluso expansiva, especialmente por el interés del gobierno nacional en convertir al sector en eje de crecimiento, inversión y generación de divisas. Sin embargo, ese impulso minero reactivó tensiones socioambientales. La reforma de la Ley de Glaciares generó una fuerte respuesta de organizaciones ambientalistas, que presentaron un amparo colectivo con más de 850.000 firmas para frenar su aplicación, argumentando riesgos sobre reservas de agua, ambientes periglaciares y territorios cordilleranos. La tendencia es de incremento moderado, con presión laboral siderúrgica y judicialización ambiental minera, pero todavía sin una paralización nacional del sector, sin bloqueos prolongados de proyectos estratégicos y sin una escalada sistémica de conflictividad minera o siderúrgica.
MOVIMIENTO UNIVERSITARIO, ESTUDIANTIL
La conflictividad atribuible al movimiento universitario y estudiantil argentino experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento significativo respecto del informe de diciembre, pasando de 2.52 a 3.10. El conflicto dejó de ser únicamente una protesta sectorial por presupuesto universitario y se transformó en una disputa nacional sostenida que involucra a estudiantes, docentes, no docentes, rectores, hospitales universitarios, federaciones estudiantiles, sindicatos y centrales obreras. El eje principal de la conflictividad sigue siendo el financiamiento de la universidad pública, pero durante este periodo el reclamo se amplió hacia salarios docentes, becas estudiantiles, funcionamiento de hospitales universitarios, ciencia nacional, autonomía universitaria y cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. La crisis presupuestaria se combinó con pérdida salarial, paros reiterados, clases públicas, suspensión o deterioro de actividades académicas, denuncias de desfinanciamiento y creciente presión sobre el Gobierno nacional. A diferencia del periodo anterior, la conflictividad universitaria ingresó además en una fase de judicialización e institucionalización política. La justicia ordenó al Gobierno cumplir con la actualización de fondos universitarios y becas, mientras las universidades y el Consejo Interuniversitario Nacional denunciaron emergencia salarial y presupuestaria. Al mismo tiempo, el conflicto escaló hacia el Congreso, la Corte Suprema y la relación entre rectores y el Ministerio de Capital Humano, lo que muestra que ya no se trata solo de una protesta callejera, sino de una disputa entre poderes y actores institucionales. La convocatoria a la cuarta Marcha Federal Universitaria del 12 de mayo de 2026 confirma la persistencia y ampliación del conflicto. La movilización fue impulsada por federaciones estudiantiles, universidades nacionales, docentes y no docentes, y recibió el apoyo de la CGT y otros sectores sociales, lo que refuerza el carácter multisectorial de la protesta. La defensa de la universidad pública vuelve a operar como una causa de articulación social amplia frente al ajuste del gobierno de Javier Milei. La tendencia es de incremento significativo, con conflictividad nacional, sostenida y políticamente articulada. Sin embargo, el nivel aún no alcanza una situación crítica o desbordada, porque la protesta mantiene un carácter mayoritariamente pacífico, no se observa violencia generalizada y subsisten canales institucionales de negociación, aunque cada vez más tensionados.
MAGISTERIO
La conflictividad del sector docente se mantuvo en niveles altos y registró un nuevo incremento entre enero y mayo de 2026, pasando de 3.35 en diciembre a 3.70. El magisterio continúa siendo uno de los principales focos de tensión social del país, con paros nacionales, conflictos provinciales, movilizaciones, rechazo a propuestas salariales del Gobierno y fuerte articulación con el reclamo más amplio por financiamiento educativo. El episodio más relevante fue el paro nacional docente del 2 de marzo, convocado por CTERA en el marco del no inicio del ciclo lectivo. La medida expresó el rechazo al ajuste en educación, la exigencia de paritaria nacional efectiva, la restitución del FONID, una nueva ley de financiamiento educativo, aumento salarial y mejores condiciones laborales. Su impacto federal mostró que el conflicto no se limita a una provincia o a un gremio aislado, sino que mantiene capacidad de coordinación nacional. La conflictividad también se sostuvo por la falta de acuerdo en la paritaria nacional docente. Las propuestas salariales del Gobierno fueron rechazadas por considerarse insuficientes frente a la pérdida de poder adquisitivo, lo que mantuvo abierto el conflicto durante marzo y abril. A ello se sumaron paros y reclamos provinciales, especialmente en la Patagonia, donde gremios docentes impulsaron medidas de fuerza por reapertura de paritarias, salarios e infraestructura escolar. Durante mayo, la conflictividad docente se integró además a una agenda educativa más amplia, visible en la Marcha Federal Universitaria. Aunque el conflicto universitario tiene una dinámica propia, su convergencia con docentes, no docentes, estudiantes y autoridades educativas refuerza la percepción de una crisis estructural del financiamiento educativo bajo el gobierno de Milei. La tendencia es de conflictividad alta, federal y cronificada, con capacidad de afectar el calendario escolar y sostener presión política, aunque todavía sin llegar a una paralización nacional indefinida del sistema educativo.
TRANSPORTISTAS, CAMIONEROS Y TRABAJADORES DE REPARTO
La conflictividad asociada a transportistas, camioneros y trabajadores de reparto en Argentina experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 2.70 a 3.05. El sector mantiene una conflictividad activa y sostenida, con mayor visibilidad nacional por la participación del Sindicato de Camioneros en el paro general de la CGT contra la reforma laboral, la reactivación de protestas del transporte de granos y la persistente presión de costos derivada del aumento del gasoil, peajes e infraestructura logística. El gremio camionero volvió a ocupar un lugar estratégico dentro de la conflictividad sindical nacional. Su adhesión al paro general del 19 de febrero afectó transporte de cargas, logística, caudales, correo postal y recolección de residuos, demostrando nuevamente su capacidad de impacto sobre cadenas de abastecimiento y servicios urbanos. A diferencia del periodo anterior, la protesta camionera no se limitó a demandas sectoriales, sino que se integró a una confrontación más amplia contra la reforma laboral del gobierno de Javier Milei. En paralelo, el transporte de granos registró un ciclo específico de tensión durante abril, con reclamos por actualización de tarifas, concentraciones de transportistas y negociaciones con participación de CATAC y autoridades. El acuerdo posterior permitió normalizar el ingreso de camiones a puertos, pero confirmó que la rentabilidad del transporte cerealero sigue siendo un punto sensible durante la cosecha y puede traducirse rápidamente en presión sobre corredores productivos y nodos logísticos. La conflictividad también se alimenta por factores económicos objetivos. Los costos del transporte de cargas acumularon 17,8% en el primer cuatrimestre de 2026, con un salto particularmente fuerte en marzo por el aumento del gasoil. A ello se suman peajes, gastos generales, neumáticos y eventuales impactos de nuevas concesiones viales. Esta estructura de costos mantiene la presión sobre tarifas y eleva la probabilidad de nuevos conflictos si las empresas y transportistas no logran trasladar aumentos a los dadores de carga. Finalmente, los trabajadores de reparto por aplicaciones conforman un frente emergente. La ratificación judicial en la provincia de Buenos Aires de la relación de dependencia para repartidores de plataformas como Rappi y PedidosYa fortalece la disputa laboral contra las apps, mientras los reclamos locales por inseguridad muestran una agenda adicional vinculada a protección, robos y condiciones de trabajo. La tendencia es de incremento moderado, con conflictividad sindical y logística más visible, pero todavía sin alcanzar un escenario de paralización nacional prolongada, bloqueo federal sostenido o afectación generalizada del abastecimiento.
PENSIONADOS, RENTISTAS JUBILADOS
La conflictividad del sector de jubilados y pensionados en Argentina se mantuvo en niveles muy elevados y registró entre enero y mayo de 2026 un nuevo incremento leve. El sector continúa consolidado como uno de los principales focos de tensión social frente al gobierno nacional, con marchas semanales frente al Congreso, protestas ante el PAMI, articulación con organizaciones sociales y sindicales, y una fuerte carga simbólica derivada de la represión policial sobre adultos mayores. El eje principal de la conflictividad sigue siendo la pérdida sostenida del poder adquisitivo de los haberes previsionales, agravada por el encarecimiento de medicamentos, servicios básicos y prestaciones de salud. La insuficiencia de los ajustes jubilatorios, combinada con el congelamiento de bonos y la reducción de coberturas, refuerza la percepción de abandono estatal sobre un grupo social especialmente vulnerable. Durante el periodo, la protesta previsional amplió su agenda hacia el deterioro del PAMI y la falta de medicamentos gratuitos. Las concentraciones frente a la obra social, las denuncias por recortes de prestaciones médicas y la caída real de transferencias al organismo incrementaron la densidad social del conflicto. La demanda ya no se limita al monto de la jubilación, sino que incorpora salud, medicamentos, acceso a tratamientos y condiciones básicas de subsistencia. La respuesta estatal siguió siendo un factor de intensificación. Los operativos policiales frente al Congreso, las denuncias de golpes y lesiones, y la judicialización de casos de represión contra jubilados reforzaron la legitimidad pública de la protesta y aumentaron su costo político para el Gobierno. La imagen de adultos mayores reprimidos continúa funcionando como un elemento de alta sensibilidad social. En consecuencia, la subvariable sube de 4.32 en diciembre a 4.45 en mayo de 2026. La tendencia es de conflictividad muy alta, persistente y simbólicamente potente, aunque sin alcanzar todavía un escenario de bloqueo sistémico o crisis institucional directa.
GREMIALES, COMERCIANTES, PANADEROS
La conflictividad de gremiales vinculados a comerciantes, panaderos y pequeños empresarios experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 2.45 a 2.85. El aumento se explica por la profundización de la caída del consumo, el deterioro de la rentabilidad de pequeños comercios, la crisis del sector panadero y la convergencia indirecta con movilizaciones sindicales más amplias contra la política económica y laboral del gobierno de Javier Milei. El sector panadero aparece como uno de los focos más sensibles. Durante el periodo se registraron advertencias por una caída muy significativa en la venta de pan, aumento de costos de harina, combustibles, fletes, alquileres y servicios, y riesgo de cierre de establecimientos. La presión sobre precios y costos reduce los márgenes de rentabilidad y convierte a las panaderías en un indicador visible del deterioro del consumo popular. En paralelo, las ventas minoristas pyme continuaron en retroceso durante abril y acumularon una baja relevante en el primer cuatrimestre, confirmando que el comercio de cercanía sigue afectado por la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. Esta situación genera malestar sectorial, reclamos públicos y presión sobre las autoridades, aunque todavía sin derivar en una protesta nacional organizada por comerciantes. La conflictividad también se vio influida por el clima general de movilización laboral contra la reforma impulsada por Milei. Comerciantes, panaderos y pequeños empresarios no fueron el núcleo conductor de las protestas, pero sus demandas convergieron con un contexto de rechazo a reformas estructurales, pérdida de ingresos, cierres de empresas y deterioro de condiciones laborales. Esta convergencia eleva la conflictividad latente del sector. La tendencia es de incremento moderado, con malestar económico persistente y creciente visibilidad pública, pero sin alcanzar aún niveles de paro masivo, bloqueo o protesta disruptiva nacional organizada directamente por comerciantes o panaderos.
MIGRANTES/CRISIS MIGRATORIA
La conflictividad asociada a migrantes y crisis migratoria en Argentina muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento leve respecto del informe de diciembre, pasando de 1.32 a 1.45. La cuestión migratoria mantuvo mayor visibilidad política y mediática por la consolidación del giro restrictivo iniciado con el DNU 366/2025, el endurecimiento del discurso oficial, la aceleración de mecanismos de control y expulsión, y la revisión del acceso de personas extranjeras a determinados servicios públicos. El principal cambio del periodo no fue la aparición de una movilización migrante masiva, sino la profundización de la conflictividad institucional y discursiva. Organizaciones de derechos humanos, redes de asistencia a migrantes y observatorios especializados denunciaron que el nuevo régimen recorta garantías, amplía causales de expulsión, endurece requisitos de residencia y debilita el enfoque de derechos que había caracterizado a la Ley de Migraciones argentina. La conflictividad, sin embargo, permanece en niveles bajos porque las comunidades migrantes no han constituido un actor de protesta nacional sostenida. Las respuestas se canalizan principalmente mediante ONGs, litigio estratégico, comunicados, denuncias públicas y preocupación de organismos internacionales. La vulnerabilidad laboral, jurídica y social de muchos migrantes limita su capacidad de confrontación abierta con el Estado.
ECONOMÍA INFORMAL
La conflictividad asociada a la economía informal en Argentina experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.85 a 2.10. El aumento se explica por la continuidad de operativos de control del espacio público, desalojos de manteros, decomisos, fiscalización de venta ilegal y presión sobre circuitos informales de subsistencia en grandes centros urbanos, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires. El gobierno porteño mantuvo una política activa de ordenamiento urbano en zonas comerciales como Flores, Once, Liniers, Retiro, Constitución y Parque Patricios. La liberación de kilómetros lineales ocupados por manteros y la continuidad de controles sobre venta ilegal muestran que la presión estatal no fue episódica, sino sostenida. Esta dinámica eleva la posibilidad de protestas reactivas, concentraciones espontáneas y enfrentamientos puntuales cuando los vendedores informales pierden mercadería o son desplazados de sus espacios de trabajo. La conflictividad también se vincula con el deterioro socioeconómico. La caída del consumo, la fragilidad del empleo y la pérdida de ingresos empujan a sectores vulnerables hacia ferias, venta ambulante, reventa minorista y actividades informales de baja escala. En ese contexto, los operativos de control tienden a ser percibidos por los trabajadores informales como una amenaza directa a la subsistencia, lo que aumenta la sensibilidad social del conflicto. No obstante, la subvariable continúa en un nivel bajo-medio porque las expresiones de protesta siguen siendo fragmentadas, localizadas y defensivas. No se observa una coordinación nacional de manteros, feriantes o vendedores ambulantes, ni una estructura organizativa con capacidad de sostener acciones prolongadas o generar bloqueos urbanos de gran escala. La tendencia es de incremento moderado, impulsado por mayor presión estatal y precariedad económica, pero sin consolidación de una conflictividad nacional organizada.
BRASIL
Niveles de Conflictividad por Actor (Mayo 2026)
MOVIMIENTO CAMPESINO, AGRARIO, COCALERO, INDÍGENA
La conflictividad asociada al movimiento campesino, agrario, cocalero e indígena experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, debido a la persistencia de movilizaciones nacionales del MST, la reactivación de la agenda indígena en Brasilia, la presión legislativa de la bancada ruralista y la continuidad de conflictos territoriales en zonas rurales y amazónicas. El principal factor de conflictividad sigue siendo la combinación entre reforma agraria lenta, violencia rural y disputa por territorios indígenas. Aunque el gobierno de Lula anunció en enero un paquete de R$ 2.700 millones para reforma agraria, con medidas de obtención de tierras, regularización de asentamientos, crédito y apoyo productivo, la respuesta estatal no ha sido suficiente para desactivar las demandas estructurales de los movimientos campesinos. El MST mantuvo capacidad de movilización nacional durante la Jornada de Lutas pela Reforma Agrária de abril, con acciones en 13 estados y el Distrito Federal, y con presión directa sobre el INCRA para acelerar asentamientos y regularización de tierras. En paralelo, el movimiento indígena elevó su nivel de movilización durante el Acampamento Terra Livre 2026, que reunió a miles de indígenas en Brasilia y confrontó directamente al Congreso por el avance de proyectos vinculados al marco temporal, la apertura de territorios indígenas a grandes emprendimientos y el debilitamiento de las demarcaciones. Esta agenda confirma que la conflictividad indígena no se dirige exclusivamente contra el Poder Ejecutivo, sino también contra el Congreso, la bancada ruralista y los intereses económicos asociados a minería, agronegocio, infraestructura y ocupación territorial. La violencia en el campo refuerza esta tendencia. Los datos divulgados por la Comisión Pastoral da Terra muestran que, aunque el número total de conflictos rurales se redujo en 2025 respecto de 2024, los asesinatos en el campo se duplicaron y las disputas por tierra siguen siendo el principal componente de la violencia rural. Esto indica que la conflictividad no debe medirse solo por número de protestas, sino también por intensidad territorial, riesgo físico y persistencia de disputas estructurales. No obstante, el incremento debe considerarse moderado y no crítico, porque el gobierno mantiene canales de diálogo con el MST, la agricultura familiar y los pueblos indígenas, y porque los anuncios oficiales han funcionado parcialmente como mecanismo de contención. La conflictividad no expresa una ruptura total entre los movimientos rurales y el gobierno Lula, sino una presión creciente desde su propia base social y desde sectores territoriales que consideran insuficiente el ritmo de implementación de las políticas agrarias e indígenas. En consecuencia, si el puntaje de diciembre se encontraba en 1.85, el valor para mayo de 2026 se ubica en 2.00.
MINERÍA, ENERGÍA Y SIDERURGIA
La conflictividad del sector minero, energético y siderúrgico en Brasil muestra entre enero y mayo de 2026 una reducción moderada respecto del informe de diciembre, pasando de 3.02 a 2.65. La disminución se explica por el cierre formal de la huelga nacional de trabajadores de Petrobras mediante la firma del Acuerdo Colectivo de Trabajo 2025–2027 y la normalización de las actividades tras la intervención del Tribunal Superior del Trabajo. El sector energético, sin embargo, continúa siendo el principal foco de riesgo. La huelga petrolera de diciembre dejó instalada una conflictividad estructural asociada al fondo de pensiones Petros, a las condiciones del acuerdo colectivo y a la relación entre sindicatos, trabajadores activos, jubilados y pensionados. Aunque el nuevo acuerdo reduce la probabilidad de una nueva paralización inmediata, no resuelve de manera definitiva el problema previsional ni elimina la posibilidad de reactivación del conflicto. En contraste, los sectores minero y siderúrgico formal se mantienen en niveles bajos de conflictividad. No se registran huelgas nacionales, paralizaciones prolongadas ni movilizaciones relevantes de alcance federal durante el periodo. Las protestas metalúrgicas del 1º de Mayo se inscriben más en la agenda laboral general que en una crisis sectorial específica. La minería ilegal constituye un frente distinto. La ofensiva del gobierno federal contra el garimpo en territorios indígenas, especialmente en la Tierra Yanomami, redujo parte de la conflictividad visible y afectó económicamente a las redes ilegales, pero no eliminó el problema. La adaptación de los garimpeiros mediante equipos más pequeños muestra que la presión estatal desplaza y transforma el conflicto, manteniendo riesgos ambientales, territoriales y de seguridad en la Amazonía.
MOVIMIENTO UNIVERSITARIO, ESTUDIANTIL
La conflictividad del movimiento universitario y estudiantil brasileño muestra entre enero y mayo de 2026 un leve incremento respecto del informe de diciembre, pasando de 2.30 a 2.55. La reducción observada a fines de 2025, vinculada a la descompresión del conflicto por el Nuevo Ensino Médio y a la apertura de espacios de diálogo con organizaciones estudiantiles, se interrumpe por la reactivación de tensiones presupuestarias, huelgas en universidades federales y protestas estudiantiles en el ámbito estadual. El eje de la conflictividad se desplazó desde la reforma curricular hacia el financiamiento de la educación pública, las condiciones de funcionamiento de universidades e institutos federales, la valorización de trabajadores de la educación y la defensa de la escuela pública. Durante el periodo, asociaciones docentes y sindicales alertaron sobre recortes presupuestarios para universidades federales, mientras la huelga de servidores técnico-administrativos afectó instituciones de educación superior en distintas regiones del país. Aunque el movimiento estudiantil no fue el conductor principal de estas huelgas, sí quedó directamente involucrado por la afectación de clases, servicios universitarios y condiciones de permanencia. En el nivel secundarista y estadual, se registraron acciones de mayor confrontación, como la ocupación de la sede de la Secretaría de Educación de São Paulo por estudiantes secundarios en protesta contra políticas del gobierno estadual. Además, en mayo, estudiantes de universidades estaduales paulistas protagonizaron una manifestación que terminó en enfrentamientos con simpatizantes bolsonaristas y acción de la Policía Militar, lo que evidencia un mayor grado de politización local del conflicto educativo. No obstante, el incremento debe considerarse acotado. A diferencia de otros ciclos de protesta, no se observa una movilización nacional estudiantil sostenida contra el gobierno federal. El gobierno Lula conserva canales de interlocución con UNE, UBES y actores del sistema educativo, y la sanción del nuevo Plan Nacional de Educación 2026–2036 opera como un mecanismo de contención política, aunque insuficiente para neutralizar las demandas por financiamiento efectivo. La tendencia es de reactivación parcial de la conflictividad educativa, con focos universitarios y estaduales relevantes, pero sin una escalada nacional permanente ni ruptura frontal del movimiento estudiantil con el Ejecutivo federal.
MAGISTERIO
La conflictividad del magisterio brasileño muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.60 a 1.85. El sector continúa sin configurar una confrontación nacional sostenida contra el gobierno federal, pero registra una mayor activación efectiva en redes municipales y estaduales, con huelgas, asambleas y protestas por reajustes salariales, carrera docente y condiciones de trabajo. El principal factor de contención federal fue la actualización del piso nacional del magisterio para 2026, fijado en R$ 5.130,63, con un reajuste de 5,4%. Esta medida ofreció una señal institucional positiva hacia los docentes de educación básica y redujo la probabilidad de una escalada nacional coordinada contra el Ejecutivo federal. Sin embargo, su implementación práctica sigue dependiendo de estados y municipios, donde persisten tensiones por recursos, carreras y cumplimiento efectivo.vLa conflictividad más visible se concentró en São Paulo y Belo Horizonte. En São Paulo, profesores y servidores de la educación municipal mantuvieron una huelga iniciada a fines de abril tras rechazar la propuesta salarial de la prefectura. En Belo Horizonte, docentes municipales también sostuvieron una paralización por tiempo indeterminado. A ello se suman críticas sindicales a reformas administrativas estaduales, especialmente en São Paulo, por posibles efectos sobre carrera, remuneración y estabilidad docente. La tendencia es de incremento moderado y descentralizado: hay conflictividad efectiva en ciudades y estados relevantes, pero no un ciclo nacional prolongado de paros docentes contra el gobierno Lula.
TRANSPORTISTAS, CAMIONEROS Y TRABAJADORES DE REPARTO
La conflictividad del sector de transportistas, camioneros y trabajadores de reparto en Brasil experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre. El sector dejó de estar en una fase de baja activación y pasó a un escenario de alerta logística, impulsado principalmente por el fuerte aumento del precio del diésel, la amenaza de una paralización nacional camionera y la presión sobre la aplicación efectiva de la tabla de piso mínimo del flete. El principal detonante fue el aumento del diésel durante marzo, que deterioró la rentabilidad de camioneros autónomos y empresas de transporte. La amenaza de paro nacional, aunque no derivó en una huelga prolongada, obligó al gobierno federal a actuar preventivamente. El Ministerio de Transportes y la ANTT anunciaron medidas para reforzar la fiscalización del piso mínimo del flete y responsabilizar a quienes incumplieran la tabla, buscando evitar que el malestar derivara en bloqueos de carreteras y desabastecimiento. También se registraron señales de movilización sectorial más específica, como la convocatoria de transportadores de combustibles y derivados frente al encarecimiento del diésel. Este tipo de presión tiene particular sensibilidad porque afecta una cadena estratégica de abastecimiento y puede amplificar rápidamente sus efectos sobre otros sectores de la economía. No obstante, el incremento debe considerarse moderado y contenido. No se verificó una huelga nacional efectiva de larga duración ni bloqueos generalizados de rutas federales comparables a la crisis camionera de 2018. La fragmentación del sector, la intervención temprana del gobierno de Lula, la reducción de impuestos federales sobre el diésel y el refuerzo de la fiscalización del flete mínimo ayudaron a contener una escalada mayor. En el caso de los trabajadores de reparto por aplicaciones, persiste una conflictividad latente vinculada a precarización, tarifas, bloqueos de cuentas, seguridad y falta de regulación laboral plenamente satisfactoria. Sin embargo, durante el periodo no se observa un nuevo ciclo nacional de huelga comparable a los “breques” anteriores, por lo que este componente suma presión potencial, pero no modifica por sí solo la calificación general. En consecuencia, la conflictividad del sector sube de 1.60 en diciembre a 2.25 en mayo de 2026.
PENSIONADOS, RENTISTAS JUBILADOS
La conflictividad del sector de jubilados, pensionados y rentistas en Brasil muestra entre enero y mayo de 2026 una leve reducción respecto del informe de diciembre. La disminución responde principalmente al cierre formal de la huelga nacional de Petrobras, que en diciembre había incorporado con fuerza a jubilados y pensionistas afectados por deducciones vinculadas al fondo de pensiones Petros. No obstante, la conflictividad se mantiene en un nivel medio porque las causas estructurales no fueron completamente resueltas. El caso INSS continúa siendo el principal foco de malestar social y político. El fraude masivo mediante descuentos indebidos a jubilados y pensionistas afectó a millones de beneficiarios, generó más de un millón de reclamos y produjo presión por reparación, transparencia y responsabilidades administrativas y judiciales. Durante 2026, el caso siguió teniendo impacto político por nuevas investigaciones y por su utilización en la disputa pública contra el gobierno de Lula. En el frente Petrobras/Petros, la aceptación de una contrapropuesta sindical y el cierre de la huelga redujeron la intensidad inmediata del conflicto. Sin embargo, el problema previsional continúa latente: las deducciones vinculadas a déficits de los fondos de pensión, las diferencias entre jubilados repactuados y no repactuados, y la necesidad de aprobación regulatoria para soluciones de fondo mantienen abierta la posibilidad de nuevas tensiones. A diferencia de Argentina, la conflictividad de los jubilados brasileños no se expresa como movilización callejera permanente, sino como conflicto judicial, previsional, sindical e institucional. Por ello, la subvariable baja de 2.90 en diciembre a 2.65 en mayo de 2026. La tendencia es de descompresión parcial, pero con conflictividad latente elevada y capacidad de reactivación si no avanzan reparaciones del INSS o soluciones definitivas en Petros.
GREMIALES, COMERCIANTES, PANADEROS
La conflictividad de los gremios de comerciantes, panaderos y pequeños empresarios se mantiene entre enero y mayo de 2026 en niveles similares respecto de diciembre, ubicándose en 1.15. El sector continúa expresando preocupaciones por carga tributaria, costos laborales, burocracia, márgenes comprimidos y adaptación a la reforma tributaria, pero estos reclamos se canalizan principalmente a través de cámaras empresariales, entidades sectoriales, asesoramiento técnico y presión institucional sobre el Congreso, sin derivar en movilizaciones significativas ni acciones colectivas disruptivas. El principal factor de tensión del periodo es la entrada en fase práctica de la reforma tributaria. La incorporación de CBS e IBS en las notas fiscales durante 2026, aunque todavía en etapa de prueba y sin cobro efectivo pleno hasta 2027, obliga a micro, pequeñas y medianas empresas a revisar procesos, costos, sistemas contables y estrategias de encuadramiento. Esta transición genera incertidumbre, especialmente entre empresas del Simples Nacional que venden directamente al consumidor final y temen perder competitividad o no aprovechar plenamente los créditos del nuevo sistema. También se observa presión institucional para actualizar los límites de facturación del Simples Nacional, debido al riesgo de informalidad y pérdida de competitividad por la falta de corrección acumulada. En el sector panadero y de comercio minorista, la presión proviene más de costos, cambios de consumo y márgenes comprimidos que de una movilización gremial organizada.
MIGRANTES/CRISIS MIGRATORIA
La conflictividad asociada a migrantes y crisis migratoria en Brasil muestra entre enero y mayo de 2026 una leve reducción respecto del informe de diciembre. La cuestión migratoria mantiene relevancia operativa, especialmente por la recepción de población venezolana en Roraima y por los desafíos de interiorización, integración laboral y coordinación municipal, pero no se traduce en una escalada de movilización confrontacional contra el gobierno federal. El principal factor de contención es la continuidad del enfoque institucional adoptado desde 2025 con la Política Nacional sobre Migración, Refugio y Apatridia y la preparación del I Plan Nacional de Migraciones, Refugio y Apatridia. La apertura de consultas públicas y mecanismos de participación desplaza la conflictividad hacia canales administrativos, técnicos e intergubernamentales, reduciendo la probabilidad de confrontación política abierta. La Operación Acogida sigue siendo el eje operativo más importante. La atención humanitaria e interiorización de venezolanos en Roraima continúa activa, con participación de distintos ministerios, agencias internacionales y gobiernos subnacionales. Esto muestra que la presión migratoria persiste, pero bajo un esquema de gestión estatal relativamente consolidado. Las tensiones principales se ubican en la capacidad de implementación: financiamiento, distribución territorial de migrantes, disposición de municipios a recibir población, acceso a servicios e integración laboral. Estos factores sostienen una conflictividad latente, pero no configuran una crisis migratoria nacional ni una movilización sostenida de migrantes contra el Gobierno. En consecuencia, la subvariable baja levemente de 2.00 en diciembre a 1.85 en mayo de 2026. La tendencia es de conflictividad baja-moderada e institucionalizada, con desafíos operativos relevantes, pero sin escalamiento político ni social significativo.
ECONOMÍA INFORMAL
La conflictividad asociada a la economía informal en Brasil se mantiene entre enero y mayo de 2026 en niveles bajos, con un incremento apenas marginal de 1.45 en diciembre a 1.50 en mayo. La economía informal continúa siendo un universo social amplio y vulnerable, con millones de trabajadores en condiciones precarias, pero no se transforma en un actor nacional de protesta ni en una fuente de confrontación sostenida contra el gobierno federal. Durante el periodo persistieron conflictos locales vinculados a vendedores ambulantes, camelôs y feriantes, especialmente en grandes centros urbanos y zonas de alta circulación comercial o turística. Las tensiones se relacionan con fiscalización municipal, permisos, decomisos, ordenamiento del espacio público y falta de políticas locales consistentes para organizar la actividad informal. Sin embargo, estas expresiones permanecen fragmentadas, reactivas y territorialmente acotadas. El contexto laboral opera como factor de contención. Aunque la informalidad sigue siendo elevada en términos absolutos, los datos recientes muestran una reducción de la tasa de informalidad y un mercado de trabajo relativamente más robusto, con desempleo bajo para estándares históricos. Esto reduce la probabilidad de que la precariedad derive en una movilización nacional sostenida. La tendencia es de conflictividad baja y localizada, asociada a disputas municipales por el uso del espacio público, pero sin articulación nacional, liderazgo sectorial fuerte ni escalamiento contra el Ejecutivo federal.
CHILE
Niveles de Conflictividad por Actor (Mayo 2026)
MOVIMIENTO CAMPESINO, AGRARIO, COCALERO, INDÍGENA
La conflictividad del movimiento campesino, agrario e indígena en Chile experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre. Aunque el conflicto continúa territorialmente concentrado en el Wallmapu y la Macrozona Sur, el periodo muestra una mayor tensión política por la continuidad del Estado de Excepción, el endurecimiento del enfoque de seguridad del gobierno de José Antonio Kast, la reactivación de movilizaciones mapuche contra la militarización y la presión creciente de gremios agrícolas de La Araucanía por mayor certeza jurídica y “mano dura”. La Comisión para la Paz y el Entendimiento, que en diciembre funcionaba como mecanismo de contención institucional, mantiene valor como referencia programática, pero perdió capacidad inmediata de absorción política. El conflicto se desplazó desde una expectativa de procesamiento institucional hacia una dinámica más securitizada, marcada por prórrogas del Estado de Excepción, operativos en zonas críticas, debate parlamentario sobre la normalización de la excepcionalidad y desconfianza de sectores mapuche autonomistas frente a las soluciones institucionales propuestas. El movimiento mapuche mantiene capacidad de movilización, aunque no alcanza una escala nacional permanente. Durante el periodo se registraron manifestaciones contra la militarización y llamados a movilización en apoyo a comuneros procesados por hechos de violencia rural. En paralelo, sectores autonomistas rechazaron la criminalización de la causa mapuche y cuestionaron la legitimidad de la propuesta de Paz y Entendimiento. Estas expresiones no configuran una ofensiva nacional coordinada, pero sí revelan una mayor disposición a confrontar el giro de seguridad del gobierno. Del lado agrario, la conflictividad también aumenta por presión de agricultores y gremios regionales, especialmente en Malleco, que demandan definiciones claras, seguridad, certeza jurídica y protección frente a nuevas demandas de restitución de tierras. Este componente no se expresa como protesta nacional del sector agrícola, sino como presión territorial organizada sobre el gobierno para endurecer la respuesta estatal en La Araucanía. En consecuencia, la subvariable registra un aumento moderado pero acotado, de 2.20 en diciembre a 2.55 en mayo de 2026. La tendencia ya no es de leve baja, sino de recalentamiento territorial y político. Sin embargo, el nivel sigue siendo moderado porque no existe una movilización nacional campesina-indígena sostenida, la conflictividad permanece concentrada en la Macrozona Sur y el Estado conserva capacidad de control institucional y operativo sobre el conflicto.
MINERÍA, ENERGÍA Y SIDERURGIA
La conflictividad del sector minero, energético y siderúrgico en Chile muestra entre enero y mayo de 2026 una leve reducción respecto del informe de diciembre. La disminución responde a la descompresión parcial de los dos principales conflictos que habían elevado la calificación: la huelga de Mantoverde y la crisis judicial-laboral de Quiborax. No obstante, el sector permanece en un nivel medio-alto debido a la persistencia de riesgos laborales, ambientales y territoriales en actividades estratégicas. El conflicto de Mantoverde fue el principal episodio laboral del periodo. La huelga legal iniciada por el Sindicato N.º 2 de la operación de Capstone Copper en Atacama afectó directamente la producción de cobre durante enero, obligando a la compañía a operar parcialmente. El conflicto concluyó a comienzos de febrero con un acuerdo colectivo de tres años y un bono de término de conflicto, lo que redujo la tensión inmediata. Sin embargo, el episodio dejó una señal clara para el resto del sector: en un contexto de precios internacionales altos del cobre, los sindicatos mineros mantienen capacidad efectiva de presión y negociación. El caso Quiborax sigue siendo el principal foco judicial-territorial. La suspensión de faenas en el Salar de Surire continuó bajo evaluación judicial durante abril, y el Primer Tribunal Ambiental solo autorizó una operación restringida y excepcional entre mayo y noviembre de 2026, bajo estrictas condiciones ambientales. Esta resolución reduce temporalmente la presión laboral y económica, pero no resuelve el conflicto de fondo entre protección ambiental, continuidad productiva, empleo regional y efectos sobre la conectividad internacional con Bolivia. En consecuencia, la subvariable baja de 3.25 en diciembre a 2.95 en mayo de 2026. La tendencia es de descompresión parcial, no de normalización. El sector ya no se encuentra en el pico de conflictividad de diciembre, pero conserva un nivel medio-alto por la combinación de negociación colectiva minera activa, judicialización ambiental, sensibilidad territorial y riesgo de reactivación de conflictos con impacto productivo y logístico.
MOVIMIENTO UNIVERSITARIO, ESTUDIANTIL
La conflictividad del movimiento universitario y estudiantil en Chile muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.90 a 2.35. La etapa previa, caracterizada por acciones localizadas, demandas heterogéneas y absorción parcial del debate sobre el CAE/FES mediante canales institucionales, da paso a una fase de mayor reactivación política frente a las medidas educativas, presupuestarias y fiscales del gobierno de José Antonio Kast. El principal factor de incremento es la aparición de una agenda estudiantil más directamente orientada contra el Ejecutivo. Las movilizaciones y pronunciamientos de la Confech, federaciones universitarias y organizaciones secundarias se concentran en el rechazo a recortes presupuestarios, limitaciones a la gratuidad, cobro de deudas CAE, reducción de beneficios estudiantiles, debilitamiento de programas educativos y preocupación por la eventual criminalización de la protesta. De este modo, el conflicto deja de estar circunscrito a demandas internas de universidades específicas y vuelve a conectarse con temas estructurales del modelo educativo chileno. Durante el periodo se registraron movilizaciones secundarias y universitarias en Santiago, protestas frente al Ministerio de Educación, entrega de cartas al gobierno, llamados a jornadas nacionales de protesta y cuestionamientos a medidas de seguridad aplicadas al ámbito educativo. Aunque estas acciones no alcanzan todavía la escala de una movilización nacional permanente, sí muestran una recuperación de la capacidad de articulación del movimiento estudiantil y una mayor direccionalidad política frente al gobierno central. La conflictividad también se ve reforzada por episodios puntuales de mayor confrontación, como la agresión a una ministra en la Universidad Austral de Chile y la posterior judicialización del caso. Este hecho no define por sí solo la tendencia nacional, pero incrementa la sensibilidad política del conflicto al vincular protesta estudiantil, orden público, sanción penal y debate sobre violencia en espacios educativos. La tendencia es de reactivación moderada: el movimiento estudiantil chileno recupera visibilidad, coordinación y capacidad de presión frente al gobierno, pero aún no configura un ciclo nacional sostenido, prolongado o desbordado. La conflictividad pasa de baja-moderada a moderada, con potencial de escalamiento si los recortes presupuestarios, el CAE/FES y las medidas de seguridad educativa se consolidan como ejes de confrontación durante los próximos meses.
TRANSPORTISTAS, CAMIONEROS Y TRABAJADORES DE REPARTO
La conflictividad asociada a transportistas, camioneros y trabajadores de reparto en Chile experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento claro respecto del informe de diciembre (1.90), ubicándose alrededor de 2.35. El sector pasó de una conflictividad baja o latente a un escenario de alerta gremial y amenaza logística, provocado principalmente por el alza histórica del precio de los combustibles y, en particular, del diésel. El principal detonante fue la decisión del gobierno de José Antonio Kast de trasladar al mercado interno una parte relevante del shock internacional del petróleo. El aumento del diésel impactó directamente en los costos del transporte de carga, deteriorando la rentabilidad de camioneros y operadores logísticos. La Confederación Nacional de Dueños de Camiones respondió con advertencias públicas, declaración de alerta total y respaldo a movilizaciones, mientras algunos focos regionales, como Tarapacá, anunciaron paros y bloqueos. La conflictividad adquirió además una dimensión política porque el Gobierno aplicó medidas de mitigación concentradas en transporte público, taxis, colectivos y hogares vulnerables, pero no incorporó inicialmente un apoyo específico equivalente para el transporte pesado. Esto generó malestar gremial y reforzó la percepción de que el sector camionero debía absorber un costo operativo de alto impacto, con posibles efectos posteriores sobre precios, abastecimiento y cadenas logísticas. No obstante, la escalada se mantuvo parcialmente contenida. Algunos gremios optaron por esperar instancias de diálogo con el Gobierno antes de convocar una paralización nacional, y las medidas compensatorias aplicadas a otros segmentos del transporte redujeron la posibilidad de una convergencia total del sector. Además, no se verificó una huelga nacional prolongada ni bloqueos sostenidos de rutas estratégicas comparables a ciclos anteriores de alta conflictividad camionera. La tendencia es de reactivación moderada-alta, con fuerte presión gremial y capacidad potencial de disrupción logística, pero aún sin paralización nacional efectiva ni impacto generalizado sobre el abastecimiento.
MAGISTERIO
La conflictividad del magisterio chileno muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 2.70 a 2.85. El sector mantiene una conflictividad efectiva y latente relevante, sostenida por la persistencia de compromisos pendientes de la agenda corta, las demandas de titularidad docente, las críticas al funcionamiento de la Nueva Educación Pública y la presión sobre condiciones laborales en municipios con crisis financiera. El Colegio de Profesoras y Profesores mantuvo durante el periodo una estrategia de presión institucional sobre el Ministerio de Educación, exigiendo acelerar compromisos pendientes y resolver temas sensibles como el Decreto 170, la titularidad y los cambios al sistema de educación pública. Esta continuidad muestra que la conflictividad no se desactivó después del ciclo de movilizaciones de 2025, sino que quedó instalada como una tensión permanente entre el magisterio y la autoridad educativa. El caso de Talca siguió operando como símbolo de deterioro estructural. Los despidos masivos y reducciones horarias anunciados por el municipio reforzaron la narrativa gremial sobre precarización, sobrecarga laboral, aumento de alumnos por sala y debilitamiento de la educación pública. Aunque se trata de un conflicto local, su impacto político fue nacional porque condensó temores compartidos por otros territorios. No obstante, el incremento debe considerarse moderado. No se observa una huelga nacional indefinida ni una paralización prolongada del sistema escolar chileno. La conflictividad se mantiene por encima de diciembre por la persistencia de la agenda docente y la capacidad de coordinación del gremio, pero sigue contenida por canales de negociación y por el carácter localizado de varios conflictos. La tendencia es de conflictividad media-alta, persistente y organizada, con capacidad de escalar si no hay avances en la agenda corta o si se reproducen conflictos municipales como Talca.
PENSIONADOS, RENTISTAS JUBILADOS
La conflictividad del sector de pensionados, rentistas y jubilados en Chile muestra entre enero y mayo de 2026 una leve reducción respecto del informe de diciembre, pasando de 2.25 a 2.00. El sector mantiene un malestar estructural por la suficiencia de las pensiones, el rol persistente de las AFP y la gradualidad de la reforma previsional, pero la implementación de nuevos beneficios desde enero de 2026 contribuyó a desplazar el conflicto hacia una dinámica más institucionalizada y menos callejera. El principal factor de descompresión es el avance efectivo del calendario de la reforma previsional. La entrada en vigencia de beneficios por años cotizados y compensación a mujeres, junto con el aumento gradual de la PGU, ofrece una señal concreta de respuesta estatal al problema previsional. Esto reduce los incentivos a una confrontación sostenida en el corto plazo, especialmente entre grupos que comienzan a percibir mejoras en sus ingresos. Sin embargo, la conflictividad no desaparece. La reforma mantiene una arquitectura mixta y no elimina a las AFP, lo que conserva la crítica de organizaciones como No+AFP. Además, la gradualidad del aumento de la PGU y la percepción de insuficiencia de los montos mantienen presión sobre el sistema, especialmente entre jubilados que no reciben mejoras inmediatas o consideran que los beneficios siguen siendo bajos frente al costo de vida. La tendencia es de conflictividad activa pero contenida, con menor evidencia de movilización nacional sostenida y mayor peso de la implementación, fiscalización y evaluación institucional de la reforma previsional.
GREMIALES, COMERCIANTES, PANADEROS
La conflictividad asociada a gremiales, comerciantes, panaderos y pequeños empresarios muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento leve-moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.25 a 1.35. El sector continúa en un nivel bajo en términos comparativos, pero con mayor presión derivada del deterioro del contexto urbano-comercial, la expansión o desplazamiento del comercio informal, los problemas de seguridad y el aumento de costos operativos. El foco principal sigue siendo el control del espacio urbano, especialmente en barrios comerciales como Meiggs. Los operativos contra el comercio informal y los proveedores del comercio ilícito han producido resultados en fiscalización y sanciones, pero también episodios de tensión con vendedores ambulantes que intentan reinstalarse. Este conflicto afecta directamente a los comerciantes formales, que demandan mayor seguridad, ordenamiento urbano y protección frente a competencia informal, evasión y deterioro de barrios comerciales. En el rubro panadero, el alza de combustibles introdujo una presión adicional. Los gremios del pan advirtieron que el precio de productos básicos como marraquetas y hallullas podría subir hasta 10% por el aumento del diésel, fletes e insumos. Este factor eleva el malestar sectorial, aunque por ahora se expresa más como advertencia pública y presión económica que como protesta organizada. La debilidad del consumo minorista también contribuye al aumento de la conflictividad latente. Los datos regionales muestran señales mixtas, con recuperación parcial en algunas zonas y caída en otras, especialmente en la Región Metropolitana. Esto mantiene a pequeños comerciantes y rubros tradicionales en una situación de vulnerabilidad, pero sin traducirse todavía en movilización nacional. La tendencia es de incremento leve, impulsado por inseguridad, comercio informal y costos, pero sin evidencia robusta de coordinación gremial nacional, paros, bloqueos o confrontación sostenida contra el Ejecutivo.
MIGRANTES/CRISIS MIGRATORIA
La conflictividad asociada a migrantes y crisis migratoria en Chile experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado-significativo respecto del informe de diciembre, pasando de 2.25 a 2.95. El tema migratorio dejó de estar concentrado únicamente en episodios fronterizos localizados y se convirtió en uno de los ejes centrales de la política de seguridad del gobierno de José Antonio Kast. El principal factor de aumento fue la política de seguridad de la frontera norte. La construcción de zanjas en el sector de Chacalluta, el refuerzo militar, la designación de coordinación específica para la frontera y la evaluación de nuevas tecnologías de vigilancia muestran una política estatal orientada a disuadir el ingreso irregular y reforzar el control territorial. Estas medidas reducen parcialmente los flujos irregulares, pero elevan la tensión operativa y humanitaria en la frontera. A ello se suma la política de expulsiones y salidas voluntarias. El Gobierno concretó vuelos de expulsión y reportó miles de salidas voluntarias de migrantes irregulares, especialmente venezolanos, en un contexto de más de 44.000 órdenes de expulsión pendientes. Este enfoque incrementa la presión sobre comunidades migrantes y organizaciones de derechos humanos, aunque todavía no deriva en una movilización migrante nacional sostenida. La relación con Perú también mantiene un componente de riesgo. El endurecimiento chileno y las medidas peruanas de emergencia fronteriza generan una zona de fricción transfronteriza donde pueden reaparecer episodios de bloqueo, concentración de migrantes o tensión humanitaria. La frontera norte sigue siendo el principal espacio territorial de conflictividad efectiva. Finalmente, la asociación creciente entre migración irregular, crimen organizado y seguridad pública —especialmente por la expansión del Tren de Aragua y delitos como secuestros extorsivos— refuerza el encuadre securitario del debate. Esto aumenta la legitimidad política de las medidas de control, pero también puede elevar la estigmatización de comunidades migrantes y la presión de organizaciones humanitarias. La tendencia es de incremento moderado-significativo, con mayor tensión fronteriza, institucional y discursiva, pero todavía sin una conflictividad nacional organizada de migrantes contra el Gobierno central.
ECONOMÍA INFORMAL
La conflictividad asociada a la economía informal en Chile experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento leve-moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.26 a 1.55. El sector mantiene limitaciones estructurales de coordinación nacional, pero se registran episodios más intensos de conflictividad efectiva en torno al comercio ambulante, especialmente en Barrio Meiggs y otros puntos comerciales de la Región Metropolitana. El principal foco fue Barrio Meiggs, donde la tercera etapa del plan de recuperación del espacio público incluyó retiro masivo de toldos azules, cierres de calles, instalación de rejas y presencia coordinada de municipio, Carabineros y Gobierno. Estas intervenciones generaron resistencia de vendedores informales, intentos de reinstalación, barricadas y enfrentamientos con fuerzas de seguridad. La persistencia de toldos en varias cuadras del sector muestra que, aunque el Estado recuperó parte del espacio urbano, el conflicto no ha sido completamente resuelto. La respuesta estatal también se amplió hacia el plano tributario y comercial, con acciones contra proveedores del comercio informal y delitos asociados. Esto refuerza la idea de que la economía informal ya no es tratada solo como problema de ocupación de veredas, sino como una red económica irregular vinculada a evasión, comercio ilícito, seguridad urbana y deterioro del espacio público. No obstante, la conflictividad sigue siendo localizada y reactiva. No existe una articulación nacional de vendedores ambulantes, feriantes o trabajadores informales, ni una agenda política unificada contra el Ejecutivo. Los episodios se concentran en zonas urbanas específicas y responden principalmente a controles municipales, decomisos, desalojos o revocación de permisos. La tendencia es de mayor conflictividad urbana localizada, con episodios de enfrentamiento y presión sobre el espacio público, pero sin transformación del sector informal en un actor nacional de movilización sostenida.
COLOMBIA
Niveles de Conflictividad por Actor (Mayo 2026)
MOVIMIENTO CAMPESINO, AGRARIO, COCALERO, INDÍGENA
La conflictividad del movimiento campesino, agrario, cocalero e indígena en Colombia muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento claro respecto del informe de diciembre, pasando de 2.10 a 2.65. El aumento se explica por la aparición de episodios con mayor capacidad de presión territorial, bloqueo vial, afectación logística y demanda directa de intervención del Gobierno nacional. A diferencia del periodo anterior, en el que la conflictividad se concentraba en reclamos productivos como el paro arrocero y en disputas puntuales por adjudicación de tierras, durante los primeros meses de 2026 el conflicto rural se amplió hacia temas fiscales, catastrales, territoriales e indígenas. El episodio más relevante fue el paro campesino contra el aumento de avalúos catastrales y del impuesto predial rural, especialmente en Santander, Boyacá, Norte de Santander, Cesar y Risaralda. La protesta tuvo capacidad efectiva de presión al bloquear vías estratégicas durante varios días, dejar parcialmente incomunicado a Santander y obligar a la instalación de mesas de negociación con participación del IGAC, autoridades regionales, voceros campesinos y el Gobierno nacional. Aunque el IGAC sostuvo que el ajuste de avalúos no implicaba automáticamente un aumento proporcional del impuesto predial, la percepción campesina fue que la medida afectaba directamente su capacidad económica y que había sido adoptada sin suficiente participación territorial. De forma complementaria, la movilización indígena Misak en Bogotá elevó la visibilidad política de la conflictividad territorial. Más de 800 integrantes de esta comunidad se desplazaron a la capital para exigir garantías sobre sus territorios, revisión de decisiones de la Agencia Nacional de Tierras, atención a demandas sociales, seguridad y cumplimiento de acuerdos históricos. El Gobierno respondió con una ruta institucional inmediata, revisión de peticiones y una mesa técnica en la ANT, lo que confirma que la protesta logró instalar una negociación directa con el Ejecutivo. La Agencia Nacional de Tierras aparece como uno de los principales puntos de fricción del periodo. Las comunidades campesinas e indígenas no solo reclaman acceso o adjudicación de tierras, sino también revisión de decisiones administrativas, cumplimiento de acuerdos y participación efectiva en la definición de soluciones territoriales. Este componente diferencia la conflictividad colombiana de la argentina o chilena: en Colombia el conflicto rural tiene una relación más directa con políticas públicas activas del propio gobierno Petro, especialmente reforma agraria, catastro multipropósito, resguardos, adjudicación de predios y cumplimiento de compromisos territoriales. No obstante, el incremento debe considerarse significativo pero aún contenido. Los conflictos tuvieron impacto real, pero fueron parcialmente canalizados mediante acuerdos, mesas técnicas y rutas institucionales. No se observa todavía un paro agrario nacional indefinido ni una articulación campesina-indígena plenamente unificada contra el gobierno
MINERÍA, ENERGÍA Y SIDERURGIA
La conflictividad del sector minero, energético y siderúrgico en Colombia experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento significativo respecto del informe de diciembre, pasando de 2.47 a 3.17. El aumento se explica principalmente por el paro minero del Bajo Cauca antioqueño y el sur de Córdoba, que combinó bloqueos de vías estratégicas, afectación de movilidad regional, hechos de violencia, intervención de la fuerza pública y negociación directa con el Gobierno nacional. A diferencia del periodo anterior, donde el principal episodio había sido la huelga laboral en Soma Gold, el conflicto de 2026 tuvo una dimensión más territorial y de orden público. La movilización minera iniciada en marzo reunió a miles de mineros, afectó la conexión entre Antioquia y la costa Caribe, produjo tensiones sobre abastecimiento y derivó en episodios de quema de vehículos, saqueos y ataques a ambulancias. Las autoridades denunciaron además la posible instrumentalización de la protesta por grupos ilegales, lo que elevó el conflicto desde una demanda sectorial hacia un problema de gobernabilidad territorial. El eje de fondo sigue siendo la relación entre Estado y minería informal. Los reclamos por formalización, decomisos, destrucción de maquinaria y operativos de control muestran que la política minera del Gobierno enfrenta fuertes resistencias en territorios donde la minería es fuente principal de subsistencia y donde conviven economías legales, informales e ilegales. La instalación de mesas de concertación permitió levantar el paro, pero no resuelve las causas estructurales del conflicto. En paralelo, la minería formal del carbón mantiene una elevada sensibilidad político-regulatoria. La solicitud del Gobierno a Glencore para discutir con autoridades locales y comunidades el futuro cierre de Cerrejón confirma que la transición energética se ha convertido en fuente de tensión institucional. Aunque la concesión se extiende hasta 2034, el Ejecutivo busca anticipar la reconversión laboral y territorial, lo que puede generar nuevas fricciones con empresas, trabajadores, comunidades y autoridades regionales. La tendencia es de incremento significativo, con alta conflictividad territorial minera, presión regulatoria en carbón y capacidad de afectar movilidad y orden público, aunque todavía sin una paralización nacional sostenida del conjunto del sector minero, energético y siderúrgico.
MOVIMIENTO UNIVERSITARIO, ESTUDIANTIL
La conflictividad de este sector, muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre. Aunque el sector continúa sin configurar un ciclo nacional sostenido de protesta contra el gobierno de Gustavo Petro, se observan focos universitarios de mayor intensidad, especialmente en la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad del Valle. El caso más relevante fue la Universidad Nacional, donde la disputa por la rectoría, la judicialización del nombramiento de autoridades y las tensiones sobre autonomía universitaria derivaron en una asamblea estudiantil masiva y en la declaración de paro en la sede Bogotá. La posterior necesidad de ajustar el calendario académico confirma que el conflicto tuvo efectos concretos sobre el funcionamiento institucional. Este episodio elevó la visibilidad pública del movimiento estudiantil, aunque su direccionalidad no fue estrictamente antigubernamental, sino más bien institucional-universitaria. De forma complementaria, la Universidad del Valle registró un paro estudiantil extendido por reclamos de garantías y respuestas administrativas insuficientes, mostrando que la conflictividad no se concentró exclusivamente en Bogotá. Estos episodios, sin embargo, se mantuvieron relativamente localizados y no derivaron en una articulación nacional permanente entre universidades públicas y privadas. El financiamiento educativo, especialmente el ICETEX, continúa operando como fuente de conflictividad latente. No obstante, durante el periodo el Gobierno logró contener parcialmente este frente mediante condonaciones, ampliación de cupos de crédito y cobertura temporal de intereses para miles de beneficiarios. Estas medidas redujeron la posibilidad de que el endeudamiento educativo se transformara en eje central de una movilización nacional estudiantil. En consecuencia, la conflictividad sube de 1.85 en diciembre a 2.25 en mayo de 2026. La tendencia es de reactivación moderada, con conflictos universitarios relevantes y efectos institucionales concretos, pero sin consolidación de un movimiento estudiantil nacional sostenido ni confrontación directa y prolongada contra el Ejecutivo.
MAGISTERIO
La conflictividad del magisterio colombiano muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 2.10 a 2.35. FECODE mantuvo su capacidad de coordinación nacional y convocó un paro nacional docente de 24 horas el 15 de abril, acompañado de movilizaciones en distintas ciudades del país. Esta medida confirma que el magisterio sigue siendo un actor con alta densidad organizativa y capacidad efectiva de presión sobre el Estado. A diferencia del periodo anterior, la conflictividad reciente tuvo una direccionalidad sectorial más clara hacia el Ejecutivo. El principal foco fue el modelo de salud del magisterio, cuya implementación continuó generando reclamos por acceso, oportunidad, red prestadora, medicamentos y cumplimiento de compromisos. Este frente convirtió la protesta en una presión directa sobre el Gobierno nacional, el Ministerio de Educación, Fiduprevisora y las entidades responsables de garantizar el servicio. El Gobierno intentó contener la conflictividad mediante medidas salariales, bonificaciones y ampliación de vacantes docentes, lo que reduce la probabilidad de una ruptura abierta entre FECODE y el Ejecutivo. Sin embargo, estas respuestas no han resuelto completamente los problemas de salud, condiciones laborales y confianza institucional, por lo que el conflicto mantiene una dinámica intermitente y recurrente. La tendencia es de incremento moderado, con conflictividad efectiva nacional pero acotada, presión directa sobre el Ejecutivo y capacidad de escalamiento en ventanas específicas, aunque todavía sin huelga indefinida ni confrontación estructural sostenida contra el gobierno Petro.
TRANSPORTISTAS, CAMIONEROS Y TRABAJADORES DE REPARTO
La conflictividad del sector de transportistas, camioneros y trabajadores de reparto experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento claro respecto del informe de diciembre, pasando de 2.08 a 2.70. El sector mantiene una dinámica territorialmente segmentada, pero con mayor capacidad de presión efectiva, especialmente en el suroccidente del país, donde la inseguridad vial, el mal estado de la infraestructura, los peajes y la competencia transfronteriza han generado bloqueos, suspensión de operaciones y demandas directas de intervención del Gobierno nacional. El principal foco de conflictividad se concentró en corredores estratégicos como la vía Panamericana y en departamentos como Cauca, Nariño, Putumayo, Huila y Caquetá. La suspensión del servicio de transporte de carga por ataques y falta de seguridad refleja que el problema dejó de ser únicamente económico o tarifario y pasó a vincularse directamente con el deterioro del orden público en zonas de presencia de grupos armados. Esta situación elevó el nivel de presión sobre el Ejecutivo, al afectar movilidad, abastecimiento regional y comercio transfronterizo con Ecuador. A ello se suma el deterioro de las condiciones económicas del sector. Los transportadores denunciaron incrementos de costos asociados a peajes, diésel y salario mínimo, mientras la reversión de la rebaja en combustibles en mayo reforzó la percepción de vulnerabilidad de la cadena logística. Aunque el Gobierno ha buscado contener el conflicto mediante regulación, diálogo y medidas administrativas, la relación con algunos gremios se tornó más confrontativa, especialmente cuando el presidente Petro respondió públicamente a las advertencias de paro. El componente de trabajadores de reparto por plataformas también mostró mayor activación. Las protestas de repartidores contra Rappi por el bloqueo masivo de cuentas en Bogotá evidencian que la incorporación de las plataformas al marco laboral formal no elimina automáticamente la conflictividad. Por el contrario, abre nuevos frentes vinculados a desconexiones, algoritmos, estabilidad de ingresos, cumplimiento de derechos y capacidad real del Estado para hacer efectiva la regulación. La tendencia es de incremento claro, con mayor capacidad de bloqueo y suspensión operativa, pero todavía sin alcanzar un escenario de paro nacional prolongado o parálisis generalizada del transporte de carga.
PENSIONADOS, RENTISTAS JUBILADOS
La conflictividad del sector de jubilados, pensionados y rentistas en Colombia muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 2.05 a 2.35. Aunque no se consolida un patrón de movilización masiva y sostenida exclusivamente atribuible al sector, la tensión previsional aumenta por la judicialización de la reforma pensional, la disputa sobre el traslado de recursos desde fondos privados hacia Colpensiones y la incertidumbre sobre la implementación operativa del nuevo sistema. El principal factor de conflictividad es la suspensión judicial del decreto que ordenaba transferir recursos de fondos privados a Colpensiones. Esta decisión convirtió la implementación de la reforma pensional en un campo de disputa entre Gobierno, justicia, AFP y sistema público, elevando la incertidumbre para afiliados, pensionados futuros y actores financieros. La conflictividad, por tanto, no se expresa principalmente en la calle, sino en el plano institucional, jurídico y administrativo. De manera paralela, el avance de la mesada 14 para docentes pensionados opera como factor de contención parcial. La restitución de un beneficio adicional para un segmento relevante del magisterio pensionado canaliza demandas por vía legislativa y reduce la probabilidad de una escalada inmediata de ese grupo. Sin embargo, también confirma que las demandas previsionales siguen activas y que sectores específicos mantienen capacidad de presión. La tendencia es de conflictividad moderada e institucionalizada, con mayor incertidumbre jurídica y política, pero sin movilización nacional sostenida de jubilados y pensionados contra el Gobierno.
GREMIALES, COMERCIANTES, PANADEROS
La conflictividad de gremiales, comerciantes, panaderos y pequeños empresarios en Colombia muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento leve-moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.20 a 1.70. El sector continúa en un rango bajo, sin huelgas nacionales, bloqueos, cierres coordinados o movilizaciones masivas propias contra el Gobierno; sin embargo, aumenta la densidad política del conflicto por la presión acumulada de costos laborales, debilidad de ventas y oposición empresarial a la agenda laboral del gobierno de Gustavo Petro. El principal foco de tensión sigue siendo la reforma laboral y su impacto sobre micro, pequeñas y medianas empresas. Fenalco y otros actores empresariales advirtieron que el aumento del salario mínimo, la reducción de la jornada laboral, los mayores recargos y la eventual negociación sindical por ramas pueden elevar los costos de contratación, reducir márgenes, incentivar automatización, aumentar informalidad y afectar la generación de empleo formal. Esta presión se expresa fundamentalmente a través de comunicados, encuestas gremiales, incidencia pública y cuestionamientos jurídicos, más que mediante protesta callejera. La debilidad del comercio también contribuye al incremento. Los reportes de Fenalco muestran que una proporción mayoritaria de empresarios percibió ventas iguales o peores en marzo de 2026, lo que agrava la tensión entre menores ingresos y mayores costos. En el caso de panaderías y pequeños comercios, la conflictividad se mantiene como malestar económico latente vinculado a insumos, servicios, costos laborales y consumo débil, sin traducirse en una organización nacional de protesta. La tendencia es de mayor conflictividad gremial-institucional, pero todavía de baja intensidad social: el sector presiona, advierte y judicializa, pero no paraliza actividades ni despliega una estrategia disruptiva de movilización nacional.
MIGRANTES/CRISIS MIGRATORIA
La conflictividad asociada a migrantes y crisis migratoria en Colombia muestra entre enero y mayo de 2026 un leve incremento respecto del informe de diciembre, pasando de 2.72 a 2.80. El país mantiene una presión migratoria estructural elevada por el volumen de población venezolana residente, la intensidad del flujo pendular fronterizo, los procesos de regularización, el tránsito regional inverso y la exposición de migrantes y exiliados a redes criminales o violencia política. El principal factor de presión es la magnitud del movimiento fronterizo. Entre enero y marzo de 2026 se registraron más de 10,9 millones de flujos migratorios pendulares en la frontera colombo-venezolana, lo que confirma una carga operativa significativa para Migración Colombia, autoridades locales, servicios sociales y mecanismos de coordinación humanitaria. Aunque estos movimientos no implican necesariamente asentamiento permanente, sí generan presión sobre control, asistencia, transporte, comercio y seguridad fronteriza. La regularización masiva de población venezolana funciona como mecanismo de contención, pero también evidencia la escala del desafío. La incorporación de cerca de un millón de venezolanos a mecanismos de regularización reduce riesgos de irregularidad y exclusión, pero exige capacidad sostenida de integración laboral, acceso a salud, educación, documentación y protección. La dimensión de seguridad sigue siendo especialmente sensible. El atentado contra exiliados venezolanos en Bogotá continúa generando presión sobre el Estado colombiano por garantías de protección, investigación y seguridad para refugiados, solicitantes de asilo y defensores de derechos humanos. Este componente diferencia la crisis migratoria colombiana de una mera cuestión administrativa: introduce riesgos de represión transnacional, violencia dirigida y activación de redes de derechos humanos. La tendencia es de conflictividad moderada-alta pero institucionalizada, con alta presión operativa y humanitaria, aunque sin una movilización nacional sostenida de migrantes contra el Gobierno.
ECONOMÍA INFORMAL
La conflictividad asociada a la economía informal en Colombia muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.80 a 2.10. Aunque el sector continúa sin constituirse en un actor nacional de confrontación directa y sostenida contra el Gobierno, la tensión aumentó por la combinación de alta informalidad laboral, deterioro del costo de vida y nuevas medidas de regulación del espacio público, especialmente en Bogotá. El principal foco del periodo fue la expedición del Decreto 117 de 2026 en Bogotá, orientado a reorganizar la ubicación de vendedores ambulantes y recuperar la movilidad peatonal. La norma generó protestas de vendedores informales y preocupación por el posible impacto económico sobre decenas de miles de personas que dependen de la venta callejera. Este episodio confirma que la conflictividad de la economía informal ya no es solo latente, sino que puede traducirse en movilización defensiva cuando se percibe amenaza directa sobre el ingreso diario. La Alcaldía intentó contener la tensión mediante una ruta de formalización para vendedores informales, lo que reduce el riesgo de escalada, pero al mismo tiempo confirma que el tema se ha convertido en un problema de gobernabilidad urbana. A ello se suman episodios puntuales de tensión en espacios comerciales y feriales, donde la competencia por ubicación, la falta de regulación estable y la presión sobre el espacio público generan conflictos de convivencia. El contexto económico refuerza esta tendencia. La informalidad laboral sigue afectando a más de la mitad de los ocupados, mientras la inflación y la desaceleración económica aumentan la vulnerabilidad de trabajadores por cuenta propia, vendedores ambulantes y hogares sin protección social. Sin embargo, esta precariedad no se ha traducido en una articulación nacional del sector. La tendencia es de incremento moderado, con mayor conflictividad urbana y regulatoria, pero sin transformación de la economía informal en un actor nacional organizado de protesta contra el Ejecutivo.
MÉXICO
Niveles de Conflictividad por Actor (Mayo 2026)
MOVIMIENTO CAMPESINO, AGRARIO, COCALERO, INDÍGENA
La conflictividad del movimiento campesino, agrario, cocalero e indígena en México muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento significativo respecto del informe de diciembre, pasando de 2.50 a 3.05. El sector consolida un ciclo de protesta nacional con capacidad de bloqueo carretero, toma de casetas, coordinación entre productores agrícolas y transportistas, presión directa sobre el Gobierno federal y amenaza de escalamiento en fechas sensibles como el Mundial 2026. A diferencia del periodo anterior, en el que la conflictividad se había concentrado en el rechazo a la Ley General de Aguas y en bloqueos de noviembre-diciembre, durante los primeros meses de 2026 el conflicto se amplía hacia una agenda más estructural. Los productores reclaman precios de garantía para granos básicos, reactivación de una banca rural de desarrollo, subsidios o alivios al diésel, seguridad en carreteras, financiamiento y protección frente a la caída de rentabilidad del maíz, trigo, sorgo y frijol. La protesta de abril mostró capacidad efectiva de presión, con bloqueos en varios estados, toma de casetas y ruptura del diálogo con el Gobierno de Claudia Sheinbaum. El componente hídrico sigue siendo un eje estructurante. La nueva Ley General de Aguas, aprobada en diciembre, mantiene resistencia entre productores porque modifica el régimen de concesiones, restringe la transmisión entre particulares y refuerza el control estatal sobre el recurso. Aunque el Gobierno sostiene que la reforma busca combatir el mercado negro del agua, ordenar concesiones y garantizar el derecho humano al agua, una parte del sector agrícola la percibe como una amenaza al valor de la tierra, la herencia familiar, el financiamiento productivo y la certeza jurídica. De forma complementaria, el Tratado de Aguas de 1944 con Estados Unidos agrega presión territorial en el norte. El acuerdo de febrero para garantizar entregas anuales de agua reduce la tensión diplomática bilateral, pero incrementa el riesgo de conflicto interno con agricultores de estados como Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas, que temen que el cumplimiento de compromisos internacionales afecte sus ciclos productivos y disponibilidad de riego. La tendencia es de conflictividad agraria nacional más intensa y recurrente, con alta capacidad de presión logística y política, aunque todavía no permanente ni plenamente desbordada. El gobierno conserva canales de negociación, pero el campo mexicano ha pasado de una protesta episódica a una plataforma de presión sectorial organizada, con potencial de reactivación periódica frente a precios, seguridad, agua y financiamiento.
MINERÍA, ENERGÍA Y SIDERURGIA
La conflictividad del sector minero, energético y siderúrgico en México experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento significativo respecto del informe de diciembre, pasando de 1.25 a 2.20. La desactivación institucional del conflicto histórico de Cananea sigue operando como factor de contención, pero fue compensada y superada por nuevos focos de tensión en Pemex, AHMSA y zonas mineras afectadas por inseguridad. El principal vector de conflictividad se concentra en el sector energético. Pemex redujo parcialmente su deuda financiera gracias al respaldo estatal, pero mantiene adeudos muy elevados con proveedores y contratistas. La reprogramación de pagos a varios años y los retrasos acumulados generan presión sobre empresas de servicios petroleros, pymes proveedoras, empleo regional y continuidad operativa. La direccionalidad contra el Estado es clara, porque Pemex depende directamente de decisiones financieras y administrativas del gobierno federal, aunque la protesta sigue siendo principalmente empresarial e institucional. En siderurgia, el caso AHMSA elevó la conflictividad efectiva. Las protestas de ex trabajadores por salarios, finiquitos y pagos pendientes derivaron en bloqueo de la carretera 57 en Coahuila y en enfrentamientos con la fuerza pública. Aunque el conflicto permanece localizado y vinculado al colapso financiero de la empresa, su intensidad aumentó por la intervención policial, los detenidos y la afectación vial. En minería, la resolución de Cananea reduce la tracción sindical histórica, pero no elimina otros riesgos. El secuestro de trabajadores mineros en Sinaloa muestra una dimensión de conflictividad vinculada a inseguridad, crimen organizado y control territorial, con impacto directo sobre operaciones y percepción de riesgo del sector. La tendencia es de incremento significativo pero fragmentado: no existe un paro nacional minero, energético o siderúrgico, pero sí una acumulación de crisis localizadas con direccionalidad hacia el Estado, afectación operativa y mayor sensibilidad social y territorial.
MOVIMIENTO UNIVERSITARIO, ESTUDIANTIL
La conflictividad del movimiento universitario y estudiantil muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre. El sector mantiene como eje principal el caso Ayotzinapa, que continúa generando presión directa sobre el Estado, especialmente sobre el gobierno federal y las Fuerzas Armadas, por la exigencia de acceso a archivos militares, avances investigativos y esclarecimiento del paradero de los 43 normalistas. Durante el periodo, el caso Ayotzinapa volvió a adquirir centralidad por la orden judicial a la Secretaría de Defensa Nacional para entregar documentación relacionada con la investigación, así como por las denuncias de los familiares sobre la falta de avances sustantivos. La preparación de nuevas movilizaciones, incluyendo acciones previstas en el marco del Mundial 2026, confirma que el conflicto no ha sido desactivado y que sigue operando como un símbolo nacional de impunidad, desaparición forzada y exigencia de verdad. En paralelo, la conflictividad universitaria se amplió por la crisis de seguridad y gobernanza en la UNAM y por la articulación con estudiantes del Instituto Politécnico Nacional. Las protestas recientes han incorporado demandas contra el porrismo, la violencia escolar, la inseguridad en planteles, la precarización, la falta de transparencia y presuntas irregularidades administrativas. También se registraron movilizaciones, bloqueos, liberación de torniquetes y discusiones sobre toma de instalaciones, lo que muestra un repertorio de protesta más activo que el observado en diciembre. No obstante, el incremento debe considerarse moderado y no alto. El movimiento estudiantil mexicano aún no configura un paro nacional sostenido ni una coordinación universitaria permanente contra el gobierno de Claudia Sheinbaum. La conflictividad sigue concentrada en focos específicos —Ayotzinapa, UNAM, IPN y algunas facultades—, aunque con mayor capacidad de articulación y visibilidad pública. En consecuencia, la conflictividad sube de 1.80 en diciembre a 2.35 en mayo de 2026. La tendencia es de reactivación estudiantil moderada, impulsada por derechos humanos, seguridad universitaria, violencia escolar y gobernanza interna, con potencial de escalamiento si Ayotzinapa se instala en la agenda del Mundial o si las protestas UNAM-IPN logran extenderse hacia una coordinación nacional más estable.
MAGISTERIO
La conflictividad del magisterio mexicano se mantuvo en niveles altos y registró un nuevo incremento entre enero y mayo de 2026, pasando de 3.55 en diciembre a 3.83. El sector continúa siendo uno de los focos más organizados y persistentes de presión social contra el Gobierno federal, con capacidad de convocar paros, plantones, megamarchas y amenazas de huelga indefinida. El principal actor sigue siendo la CNTE, que reactivó su estrategia de presión nacional mediante un paro de 72 horas y un plantón en el Zócalo durante marzo, seguido por movilizaciones del 1 de mayo y la amenaza de iniciar un paro indefinido en el marco del Mundial 2026. La utilización del evento deportivo como ventana de presión eleva la sensibilidad política del conflicto, porque amplifica el costo reputacional y operativo para el Gobierno de Claudia Sheinbaum. El núcleo estructural de la conflictividad permanece sin resolverse: la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, el retorno a un régimen pensionario sin Afores, la eliminación de la reforma educativa de 2019, el aumento salarial, la cancelación de descuentos a docentes movilizados y el cumplimiento de compromisos previos. Aunque el Gobierno ha abierto canales de diálogo y el SNTE mantiene una ruta institucional de negociación salarial, estas medidas no han desactivado la confrontación con la CNTE. La controversia sobre el calendario escolar también añadió tensión. La propuesta inicial de adelantar el fin del ciclo lectivo, luego rectificada por la SEP, fue interpretada por sectores del magisterio disidente como una maniobra para reducir la eficacia del paro nacional. Este episodio reforzó la desconfianza entre la CNTE y la autoridad educativa. La tendencia es de conflictividad alta y recurrente, con capacidad nacional de movilización y potencial de escalamiento, aunque todavía sin una huelga indefinida plenamente consolidada ni paralización total del sistema educativo.
TRANSPORTISTAS, CAMIONEROS Y TRABAJADORES DE REPARTO
La conflictividad del sector transportistas, camioneros y trabajadores de reparto experimentó entre enero y mayo de 2026 un incremento significativo respecto del informe de diciembre, pasando de 2.35 a 3.10. El sector consolidó un ciclo de presión nacional recurrente, con bloqueos carreteros, toma de casetas, articulación con productores agrícolas y amenazas de nuevas medidas de fuerza durante el Mundial 2026. El principal episodio fue el paro nacional del 6 de abril, en el que transportistas y productores agrícolas bloquearon carreteras y casetas en varios estados. Las demandas combinaron seguridad en carreteras, combate a extorsiones y robos, eliminación de retenes considerados abusivos, creación de una fiscalía especializada en delitos del transporte, apoyo a familias de operadores víctimas de violencia, precios de garantía para granos básicos, banca rural de desarrollo y revisión de condiciones comerciales del sector agroalimentario. A diferencia del periodo anterior, la conflictividad ya no se limita a episodios focalizados en corredores Edomex–CDMX o movilizaciones hacia el Zócalo. En 2026 aparece una coordinación más amplia entre transportistas y agricultores, con alcance multiestatal y capacidad de afectar infraestructura crítica. La ruptura del diálogo con la Secretaría de Gobernación y la amenaza de megabloqueos durante el Mundial elevan la capacidad de presión política del sector sobre el Gobierno de Claudia Sheinbaum. El segmento de trabajadores de reparto por plataformas mantiene una conflictividad latente. La implementación del nuevo marco laboral para repartidores y conductores de aplicaciones introduce tensiones sobre costos, umbrales de ingreso, acceso real a prestaciones y eventuales ajustes de tarifas o comisiones. Sin embargo, este componente no ha generado todavía bloqueos o protestas de impacto logístico equivalente al transporte de carga. La tendencia es de incremento significativo, con presión nacional, capacidad de bloqueo y articulación multisectorial, aunque todavía sin llegar a una parálisis logística total o sostenida del país.
PENSIONADOS, RENTISTAS JUBILADOS
La conflictividad del sector de jubilados, pensionados y rentistas en México muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.90 a 2.05. El sector mantiene una conflictividad de intensidad media-baja a moderada, sin consolidar todavía un movimiento nacional autónomo de jubilados con capacidad de protesta permanente, pero con mayor contenido político por la reactivación del conflicto en torno al régimen pensional del ISSSTE. El principal factor de incremento es la incorporación de la demanda previsional al ciclo de movilización de la CNTE. La exigencia de derogar la Ley del ISSSTE de 2007, retornar a un esquema pensionario más solidario y eliminar el régimen de cuentas individuales volvió a ocupar un lugar central en paros, plantones y amenazas de movilización nacional. Esto da a la conflictividad previsional una capacidad de presión superior a la observada en diciembre, aunque mediada por el magisterio y no por una organización nacional exclusiva de pensionados. En paralelo, persisten reclamos puntuales vinculados a pagos, beneficios y condiciones de jubilación de sectores específicos, que tienden a canalizarse por vía judicial, administrativa o mediante presión pública localizada. Estos episodios refuerzan la dimensión prestacional del conflicto, pero todavía no articulan una dinámica nacional continua. Los programas sociales federales operan como factor de contención. El aumento de la Pensión para el Bienestar de Adultos Mayores a 6.400 pesos bimestrales y la expansión de la Pensión Mujeres Bienestar reducen el incentivo a una confrontación generalizada de adultos mayores contra el Gobierno. No obstante, estos programas no sustituyen las demandas de fondo de trabajadores jubilados o próximos a jubilarse bajo regímenes contributivos como el ISSSTE. La tendencia es de incremento moderado, con mayor visibilidad política y capacidad de presión indirecta a través del magisterio, pero sin consolidación de una movilización nacional sostenida y autónoma de jubilados y pensionados.
GREMIALES, COMERCIANTES, PANADEROS
La conflictividad de gremiales, comerciantes, panaderos y pequeños empresarios en México muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento leve-moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.35 a 1.65. El sector continúa en un rango bajo, sin acciones nacionales coordinadas, paro general, cierre masivo de comercios o movilización sostenida contra el Gobierno. Sin embargo, la densidad política del malestar aumenta por la combinación de presión fiscal, inseguridad, extorsión, comercio informal, contrabando, piratería y debilidad del consumo interno. El principal vector de tensión se concentra en la relación entre pequeños negocios y el aparato fiscal. CONCANACO llevó al SAT una agenda de simplificación administrativa y alivio regulatorio para negocios familiares, planteando que la formalización no puede avanzar mediante mayor presión burocrática sobre empresas de baja escala. Esta línea de acción confirma que el conflicto se mantiene canalizado institucionalmente, pero con un tono más defensivo frente a fiscalización, trámites y costos de cumplimiento. La inseguridad empresarial constituye el segundo foco relevante. Las alertas de COPARMEX sobre extorsión diaria a empresas, junto con la alta cifra negra por miedo a represalias, refuerzan la demanda de protección estatal para comercios formales y pequeñas unidades productivas. A ello se suman la competencia del comercio informal, el contrabando y la piratería, especialmente sensibles de cara al Mundial 2026, por su impacto sobre ventas, empleo formal y competencia leal. La tendencia es de mayor conflictividad gremial-institucional, pero todavía de baja intensidad social: el sector presiona, advierte y negocia, pero no paraliza actividades ni despliega una estrategia nacional disruptiva contra el Ejecutivo.
MIGRANTES/CRISIS MIGRATORIA
La conflictividad asociada a migrantes y crisis migratoria en México registra entre enero y mayo de 2026 un incremento moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 3.20 a 3.45. El fenómeno mantiene un patrón activo y recurrente de movilización, especialmente desde Tapachula, donde miles de migrantes permanecen varados por la lentitud de trámites ante COMAR e INM, la falta de oportunidades laborales y la imposibilidad de avanzar hacia otros destinos sin documentación. El principal factor de conflictividad es la repetición de caravanas migrantes. Durante marzo y abril se registraron nuevas salidas desde Tapachula, integradas por migrantes de distintas nacionalidades, especialmente haitianos, cubanos y otros grupos expulsados o bloqueados por el endurecimiento de la política migratoria estadounidense. A diferencia de etapas anteriores, muchas caravanas ya no tienen como objetivo inmediato llegar a Estados Unidos, sino abandonar Chiapas para buscar trabajo, regularización y mejores condiciones de vida en otras ciudades mexicanas. La direccionalidad del conflicto sigue concentrada en el Estado mexicano, especialmente en COMAR e INM. Las demoras de más de un año, la saturación administrativa, la escasez de personal y las denuncias de cobros irregulares por documentos generan una conflictividad que combina protesta humanitaria, presión institucional y demanda de derechos. La CNDH y organizaciones de la sociedad civil han advertido que la situación en Tapachula puede producir daños de difícil reparación para decenas de miles de personas. A ello se suma un componente de criminalización y polarización. Finalmente, el Mundial 2026 agrega un factor de riesgo. Las denuncias de redadas o controles migratorios preventivos en la capital elevan la sensibilidad política del tema, porque pueden activar nuevas protestas de organizaciones de derechos humanos y comunidades migrantes frente a una estrategia estatal de limpieza, contención o control urbano. La tendencia es de conflictividad alta-moderada y recurrente, con caravanas, presión institucional y crisis humanitaria en Tapachula, aunque todavía sin una movilización nacional sostenida y coordinada en todo el territorio mexicano.
ECONOMÍA INFORMAL
La conflictividad asociada a la economía informal en México muestra entre enero y mayo de 2026 un incremento leve-moderado respecto del informe de diciembre, pasando de 1.38 a 1.75. El sector continúa en niveles bajos de conflictividad política, con expresiones fragmentadas, alcance territorial acotado y limitada capacidad de coordinación nacional. Sin embargo, el periodo muestra mayor tensión por la combinación de informalidad laboral estructural, reordenamiento del comercio ambulante en Ciudad de México y judicialización de demandas de trabajadoras informales del Metro. El principal foco urbano fue el retiro y reubicación de vendedores ambulantes del Centro Histórico de CDMX. La medida afectó a miles de comerciantes semifijos e informales, generando incertidumbre sobre reubicación, pérdida de puntos de venta y mayor exposición a decomisos o controles. Aunque el gobierno capitalino presentó el proceso como ordenamiento del espacio público y combate a mercancía ilegal, para los vendedores informales implicó una amenaza directa a su ingreso cotidiano. De forma complementaria, el caso de las vagoneras del Metro mantuvo relevancia por su dimensión judicial e institucional. La colectiva Leonas en Manada llevó sus demandas a la vía del amparo, alegando vulneración del derecho al trabajo, discriminación normativa y afectación del mínimo vital. Este caso no genera movilización nacional, pero sí eleva el nivel de conflictividad al transformar una disputa cotidiana por venta informal en una demanda jurídica contra autoridades estatales. El contexto económico refuerza esta tendencia. Con más de la mitad de los trabajadores en informalidad y señales de desaceleración económica en el primer trimestre, la economía informal continúa funcionando como amortiguador social, pero también como fuente de malestar urbano cuando el Estado interviene sobre espacios de subsistencia. La tendencia es de mayor conflictividad urbana y judicializada, pero todavía sin articulación nacional, liderazgo sectorial fuerte ni confrontación sostenida contra el Gobierno federal.

CONCLUSIONES
Comparación de Conflictividad por Pais (Mayo 2026)
Los resultados comparativos a mayo de 2026 muestran una conflictividad regional más intensa que la observada al cierre de 2025 y con un gradiente más definido. Argentina se mantiene como el país de mayor conflictividad (2.81), con protestas recurrentes de jubilados, magisterio, sectores universitarios y movilizaciones multisectoriales, lo que refuerza su condición de foco principal de presión social.
México (2.60) y Colombia (2.45) conforman un bloque intermedio-alto. En México, la conflictividad se sostiene en la capacidad de movilización del magisterio, las tensiones migratorias en el sur y demandas vinculadas a pensiones y servicios públicos. En Colombia, el aumento responde a focos territoriales y sectoriales —minería, magisterio, transportistas y agenda migratoria— con mayor capacidad de presión sobre el Estado.
Chile (2.32) y Brasil (2.04) ocupan la franja de menor conflictividad relativa, aunque por razones distintas. Chile mantiene tensiones activas en minería, magisterio y frontera norte, pero con menor coordinación sostenida a escala nacional. Brasil aparece como el caso más contenido del grupo: la conflictividad es más sectorial, episódica y frecuentemente absorbida por negociación institucional.
A nivel regional, se confirma que magisterio, jubilados/pensionados, migración y conflictos en minería/energía siguen siendo los vectores más sensibles. En conjunto, mayo de 2026 dibuja una región de conflictividad moderada-alta, sin estallido homogéneo, pero con focos capaces de afectar gobernabilidad, operación territorial e infraestructura crítica.

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