
COHESIÓN DEL PARTIDO DE COBIERNO Y SUS ALIADOS
INTRODUCCIÓN
Se entiende por cohesión del partido de gobierno, el grado de integración del grupo político en el poder, el cual está constituido por los actores que conservan alguna capacidad para imponer o afectar los acuerdos sobre las reglas y los mecanismos de operación del régimen. En ese sentido el grado de cohesión está definido por la lealtad, el acatamiento de las reglas, la identidad ideológica y el acuerdo en torno a políticas.
En términos de gobernabilidad, la lealtad dentro de un partido gobernante se refiere al grado de compromiso, alineamiento y obediencia que los cuadros políticos —gobernadores, legisladores, ministros y operadores— mantienen respecto al liderazgo presidencial, su agenda y su narrativa política.
El acatamiento de reglas dentro de un partido de gobierno implica la obediencia efectiva de sus miembros a las normas formales e informales de funcionamiento político e institucional, incluyendo la disciplina legislativa, la sujeción a los lineamientos del Ejecutivo, la no ruptura con los marcos acordados y la ausencia de conductas disidentes dentro del bloque de poder.
La identidad ideológica se refiere al grado de coherencia doctrinaria y programática compartida entre el liderazgo del Ejecutivo, su partido y sus aliados. Incluye la visión común sobre el modelo de desarrollo, la distribución del poder, el rol del Estado, las relaciones exteriores, y los principios fundacionales del proyecto político.
El criterio de Acuerdo en Torno a Políticas, evalúa hasta qué punto el partido de gobierno y sus aliados coinciden en las principales políticas públicas impulsadas por el Ejecutivo. No se trata solo de compartir ideología general, sino de respaldar activamente proyectos legislativos, reformas estructurales, presupuestos y estrategias sectoriales con efectos concretos.
IMPORTANCIA PARA EMPRESAS ITALIANAS
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La cohesión interna del gobierno permite anticipar si habrá continuidad o rupturas en la política energética, regulaciones ambientales, incentivos fiscales o contratos públicos. Si el gobierno tiene una coalición fragmentada o desleal, las políticas pueden cambiar abruptamente o quedar paralizadas, lo que incrementa el riesgo regulatorio y la inseguridad jurídica.
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Las empresas requieren marcos regulatorios estables y políticas sostenidas para operar con eficiencia. Un gobierno cohesionado tiene más capacidad para aprobar reformas clave (por ejemplo, en transición energética, tarifas, contratos público-privados) y ejecutar decisiones sin bloqueos internos.
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La falta de cohesión suele desembocar en choques entre poderes, bloqueos legislativos, renuncias de ministros o rupturas con gobernadores. Estas dinámicas afectan la ejecución de obras, licencias, permisos y financiamiento. Evaluar este indicador ayuda a anticipar cuellos de botella políticos o institucionales en sus proyectos.
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Un gobierno con fuerte identidad ideológica y disciplina partidaria tiene más probabilidades de proyectar una agenda clara y sostenida. En cambio, si hay fractura entre el Ejecutivo, su partido y los aliados, el horizonte político se vuelve difuso. Esto es relevante para empresas, que operan con visión de mediano y largo plazo.
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La lealtad interna y el acuerdo en torno a políticas permiten saber con qué actores clave (ministros, parlamentarios, gobernadores, etc.) se puede dialogar y negociar con estabilidad. Las empresas necesitan identificar interlocutores legítimos y estables, no figuras aisladas o en disputa dentro del aparato estatal.

MAPA DE CALOR
Mapa de calor: Cohesión del Partido de Gobierno por componente en 5 países (Mayo 2026)
Este mapa de calor permite visualizar, comparar y analizar el nivel de cohesión interna de los gobiernos y sus aliados en cinco países clave de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México), desagregado en cuatro dimensiones críticas: lealtad, acatamiento de reglas, identidad ideológica y acuerdo sobre políticas. La herramienta facilita una lectura rápida de fortalezas y debilidades institucionales, identifica factores de estabilidad o fragmentación, y orienta el análisis político y estratégico sobre la gobernabilidad de cada país.
ARGENTINA
Mapa de calor: Cohesión del Partido de Gobierno por componente en 5 países (Mayo 2026)
LEALTAD
La lealtad del oficialismo de Javier Milei presenta un deterioro relativo respecto de diciembre de 2025. Aunque el liderazgo presidencial conserva centralidad y el núcleo de gobierno sigue dependiendo de la figura de Milei, durante enero–mayo de 2026 se hicieron más visibles las fracturas dentro del propio dispositivo libertario. La interna entre el sector asociado a Karina Milei, los Menem y Santiago Caputo dejó de ser un conflicto subterráneo y pasó a expresarse en redes, medios, reuniones de emergencia y gestos públicos de recomposición. Varios medios describieron una “guerra tuitera” entre Santiago Caputo y Martín Menem que Milei no podía o no quería detener, mientras que el propio Presidente debió salir a defender simultáneamente a Martín Menem y a Santiago Caputo, a quien calificó como “un hermano”. La relación con el PRO también revela una lealtad condicionada. El oficialismo conserva capacidad de cooperación legislativa con sectores del macrismo, pero la alianza no opera como integración estable sino como negociación competitiva. La Libertad Avanza mantiene abierta la puerta a acuerdos con el PRO, aunque con condiciones y se registró cruces públicos del PRO frente a críticas libertarias a una eventual candidatura de Mauricio Macri. En síntesis, la lealtad sigue existiendo alrededor de Milei, pero es menos orgánica y más dependiente de la autoridad personal del presidente. La coalición oficialista no se desintegra, pero muestra facciones con capacidad de presión, disputa y bloqueo interno. Puntaje da la baja de 3.05 en diciembre a 2.90 en mayo.
ACATAMIENTO DE REGLAS
El acatamiento de reglas también muestra señales de desgaste. En diciembre de 2025 se observaba una mejora moderada por el efecto ordenador de la elección legislativa y por la mayor capacidad de Karina Milei para estructurar el partido. Sin embargo, entre enero y mayo de 2026 la institucionalización interna siguió siendo débil. La Libertad Avanza continúa funcionando más como dispositivo presidencial-familiar-faccional que como partido plenamente reglado. La reunión de la mesa política del Gobierno después de los gestos de Milei para frenar la interna muestra que el oficialismo necesitó mecanismos de contención ad hoc. Participaron Karina Milei, Santiago Caputo, Martín Menem, Patricia Bullrich, Diego Santilli y Luis Caputo, entre otros; la difusión de una foto buscó exhibir unidad, pero precisamente porque la disputa ya había alcanzado un nivel público. El caso de Santiago Caputo es ilustrativo: su mensaje público señalando que solo se irá del Gobierno cuando Milei lo pida expresa lealtad personal al Presidente, pero también evidencia ausencia de reglas internas claras para procesar disputas de poder. La interna entre “karinistas”, “caputistas” y sectores vinculados a los Menem se tramitó más mediante redes, operaciones, trascendidos y reuniones de emergencia que a través de órganos partidarios institucionalizados. En el plano legislativo, en cambio, el acatamiento mejora relativamente. El Gobierno logró coordinar aliados, disciplinar agendas y avanzar en sesiones extraordinarias. La reforma laboral fue aprobada en el Senado con 42 votos a favor, 28 en contra y 2 abstenciones, constituyendo una victoria legislativa relevante para Milei. Hay mayor disciplina parlamentaria que en 2024–2025, pero las reglas internas del bloque gobernante siguen siendo frágiles. El acatamiento se sostiene más por liderazgo presidencial, cálculo electoral y distribución de poder que por institucionalidad partidaria. El puntaje pasa de 2.35 en diciembre a 2.30 en mayo
IDENTIDAD IDEOLÓGICA
La identidad ideológica del oficialismo sigue siendo una de las dimensiones más fuertes. Milei conserva un núcleo doctrinario claro: liberalización económica, reducción del Estado, disciplina fiscal, desregulación, confrontación con el kirchnerismo y alineamiento internacional con Estados Unidos y Donald Trump. En la apertura de sesiones ordinarias, Milei presentó un paquete amplio de reformas estructurales y reivindicó un Congreso más reformista, reforzando la narrativa de transformación liberal-libertaria. La aprobación y promoción de reformas como la laboral, el proyecto de reforma electoral, la eliminación de las PASO, Ficha Limpia y el “Súper RIGI” muestran continuidad programática. El Gobierno sigue articulando sus políticas alrededor de una visión de mercado, inversión, flexibilización y reducción de costos regulatorios. Sin embargo, la identidad ideológica se vuelve menos pura y más instrumental a medida que el Gobierno necesita ampliar acuerdos. La cooperación con el PRO, la negociación con gobernadores, el uso de acuerdos parlamentarios pragmáticos y la incorporación de figuras de tradiciones políticas distintas introducen una lógica más transaccional. Esto no elimina la identidad libertaria, pero la convierte en una identidad de conducción, no necesariamente compartida con la misma intensidad por todos los aliados. Además, la fractura con Villarruel revela una tensión ideológica interna: ella representa una derecha más nacional-conservadora, militarista y tradicionalista, mientras que Milei expresa una derecha liberal-libertaria más economicista y globalista. Esa diferencia existía desde el inicio, pero en 2026 se volvió políticamente más visible. Lectura preliminar: la identidad ideológica sigue siendo alta en el núcleo presidencial, pero pierde homogeneidad en la coalición ampliada. El oficialismo conserva narrativa, enemigo político y programa económico, aunque convive con aliados más pragmáticos y con una derecha interna no plenamente alineada. El puntaje por tanto sufre una leve caída de 3.80 en diciembre a 3.75 en mayo.
ACUERDO EN TORNO A POLÍTICAS
Esta es la dimensión que más claramente mejora en términos operativos. Aunque hay tensiones internas, el Gobierno consiguió avanzar en reformas relevantes y ordenar una agenda legislativa más ambiciosa. La aprobación de la reforma laboral en el Senado fue una señal importante de capacidad de construcción de mayorías, especialmente porque se produjo en medio de protestas sindicales y oposición social. También se observa una estrategia de acumulación legislativa: sesiones extraordinarias, agenda de reformas estructurales, reforma electoral, Ficha Limpia, cambios en financiamiento político y proyectos de incentivo a grandes inversiones. Infobae registró que el Gobierno buscó ejercer control de la agenda del Congreso tras el discurso de apertura de sesiones, mientras que AP destacó que Milei llegó a 2026 con una posición parlamentaria más fuerte tras las elecciones de 2025 y con una alianza con el PRO que le permitió aprobar reformas clave. El acuerdo en torno a políticas, sin embargo, no es plenamente robusto. Depende de pactos con gobernadores, del acompañamiento variable del PRO y de negociaciones caso por caso. En mayo, La Libertad Avanza sumaba ayuda del PRO y confiaba en gobernadores aliados para blindar al Gobierno en el Congreso, lo que confirma que el respaldo existe, pero sigue siendo negociado y no automático. La reforma electoral muestra esa ambivalencia. El Gobierno busca eliminar las PASO y modificar reglas de competencia política, pero necesita negociar con la UCR, el PRO y aliados del Congreso. Milei continuaba negociando con aliados para avanzar con la reforma, incluso explorando fórmulas como una ley de lemas limitada a cargos legislativos. En consecuencia, mejora el acuerdo en torno a políticas porque el Gobierno logra convertir parte de su agenda en decisiones legislativas concretas. No obstante, ese acuerdo es táctico, parlamentario y negociado; no equivale a una coalición programática plenamente integrada. Se produce un incremento en la calificación de 2.90 en diciembre a 3.20 en mayo.
BRASIL
Mapa de calor: Cohesión del Partido de Gobierno por componente en 5 países (Mayo 2026)
LEALTAD
La lealtad hacia Lula se mantiene relativamente sólida dentro del PT, del círculo presidencial y del núcleo ideológico del lulismo. El 8º Congreso Nacional del PT aprobó en abril el manifiesto “Construindo o Futuro”, colocando la reelección de Lula como eje estratégico del ciclo político de 2026. La propia Ejecutiva Nacional del PT había reforzado días antes que la reelección del presidente constituía el “eje central” de la táctica política del partido. Esto confirma que, en el núcleo partidario, Lula sigue siendo el factor de unidad, coordinación y supervivencia electoral. Sin embargo, en la coalición ampliada, la lealtad sigue siendo condicionada, instrumental y negociada. Las fuentes brasileñas muestran que Lula debió seguir acomodando al Centrão mediante espacios de gobierno, ministerios y articulaciones electorales. A comienzos de año, ya se anticipaba una amplia reforma ministerial vinculada a la salida de ministros que disputarían cargos en octubre, con impacto directo en la composición de la base aliada. El dato más revelador es que el PT, en su manifiesto de abril, suavizó posiciones para atraer al centro político. La Gazeta do Povo y CNN señalaron que el documento buscó acercarse al Centrão, moderar el discurso y evitar choques innecesarios con actores como el mercado financiero o sectores institucionales. Esto muestra que la lealtad de la coalición no se obtiene por subordinación al liderazgo presidencial, sino por adaptación programática, concesiones y cálculo electoral. En síntesis, la lealtad a Lula sigue siendo alta en el PT, pero no se traduce en lealtad orgánica de toda la coalición. El Centrão acompaña mientras obtiene beneficios y preserva autonomía para 2026. La calificacion no varia se mantiene en 2.95 de diciembre.
ACATAMIENTO DE REGLAS
El acatamiento de reglas dentro del bloque gobernante continúa siendo la dimensión más vulnerable. El Congreso no se limita a acompañar o corregir marginalmente al Ejecutivo: actúa como poder autónomo, capaz de imponer derrotas, condicionar la agenda y redefinir los límites de la gobernabilidad. El episodio más significativo del período fue la derrota de Lula en el Congreso por la ley de dosimetría, que reduce penas para condenados por los hechos del 8 de enero y puede beneficiar a Jair Bolsonaro. Lula había vetado la norma, pero el Congreso anuló el veto por amplia mayoría, lo que constituyó un revés político fuerte para el Ejecutivo y una señal clara de que la base ampliada no acata automáticamente la orientación presidencial en temas sensibles. A esto se suma la derrota vinculada a la indicación de Jorge Messias al Supremo Tribunal Federal, que fue descrita por medios brasileños como un revés inédito para Lula en el Senado y como parte de una serie de derrotas que exponen dificultades para consolidar apoyo parlamentario. También en mayo, el Congreso derribó vetos de Lula a puntos de la LDO 2026, liberando transferencias y beneficios para municipios antes de las elecciones y permitiendo acceso de municipios morosos a recursos de la Unión. Este episodio confirma que, en materia presupuestaria y electoral, el Congreso actúa con lógica propia y no necesariamente subordinada a la disciplina del Ejecutivo. En consecuencia, el acatamiento de reglas baja de 2.65 en diciembre a 2.55 en mayo porque la coalición opera caso por caso. No existe una regla estable de subordinación al Ejecutivo; existe una regla de negociación permanente, donde el Congreso puede acompañar, alterar o derrotar al Gobierno según costos e incentivos.
IDENTIDAD IDEOLÓGICA
La identidad ideológica del núcleo lulista sigue siendo reconocible: defensa de la democracia frente al bolsonarismo, agenda social, desarrollo con presencia estatal, soberanía nacional, multilateralismo, derechos laborales y crítica a la política exterior de Donald Trump. El manifiesto del PT aprobado en abril preserva estos ejes y coloca a Lula como figura articuladora de una agenda progresista, nacional-desarrollista y democrática. No obstante, la identidad ideológica del bloque gobernante en sentido amplio sigue siendo dual. Por un lado, el PT mantiene un marco doctrinario propio; por otro, el Gobierno necesita a partidos de centro y centroderecha que no comparten plenamente esa visión. La moderación del manifiesto petista —incluyendo la retirada de propuestas más confrontativas, como una reforma del sistema financiero— evidencia que la identidad del oficialismo debe ser administrada para no dificultar alianzas electorales y parlamentarias. La tensión aparece también en la política exterior y de seguridad. Frente a la decisión de Estados Unidos de designar al PCC y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas, Lula respondió desde una narrativa de soberanía nacional y rechazo a la injerencia externa. Esa posición fortalece la identidad ideológica del lulismo, pero no necesariamente cohesiona a toda la coalición, especialmente en un contexto donde sectores conservadores y bolsonaristas intentan apropiarse del discurso de seguridad. En síntesis, la identidad ideológica sigue siendo relativamente clara en el PT, pero se diluye en la coalición ampliada. El Gobierno conserva narrativa, pero debe moderarla para preservar gobernabilidad y competitividad electoral. Tendencia a la baja de 3.05 en diciembre a 3.00 en mayo.
ACUERDO EN TORNO A POLÍTICAS
El acuerdo en torno a políticas muestra un comportamiento mixto. Hay avances relevantes, pero también derrotas importantes. En enero, Lula sancionó la ley que crea el Comité Gestor del IBS y concluye una etapa central de la reglamentación de la reforma tributaria, uno de los proyectos estructurales más importantes del período. Esto indica que, cuando se trata de agendas sistémicas con beneficios distribuidos entre Unión, estados, municipios y sectores económicos, el Gobierno todavía puede construir convergencia. También hubo una señal positiva en la agenda laboral. En abril se instaló la comisión especial para analizar la PEC de reducción de jornada, y en mayo se registró un acuerdo entre Lula y Hugo Motta para dividir protagonismo y tramitar la agenda del fin de la escala 6x1. Motta incluso afirmó que la articulación de Planalto fue decisiva para aprobar la PEC en la Cámara. Esto muestra capacidad de convergencia puntual entre Ejecutivo y Legislativo cuando hay incentivos electorales y sociales claros. Pero el acuerdo no es homogéneo ni permanente. La ley de dosimetría, la derrota del veto presidencial y la liberación de recursos a municipios antes de las elecciones revelan que el Congreso no comparte necesariamente las prioridades políticas, institucionales o fiscales del Ejecutivo. En esos casos, la coalición se comporta como una suma de intereses legislativos, regionales y electorales, no como un bloque programático. En síntesis, hay acuerdo suficiente para aprobar piezas importantes de la agenda gubernamental, pero no para sostener un programa coherente en temas de alto costo político, judicial, fiscal o electoral. Por este motivo se repite la calificacion de diciembre de 3.15.
COLOMBIA
Mapa de calor: Cohesión del Partido de Gobierno por componente en 5 países (Mayo 2026)
LEALTAD
La lealtad hacia Lula se mantiene relativamente sólida dentro del PT, del círculo presidencial y del núcleo ideológico del lulismo. El 8º Congreso Nacional del PT aprobó en abril el manifiesto “Construindo o Futuro”, colocando la reelección de Lula como eje estratégico del ciclo político de 2026. La propia Ejecutiva Nacional del PT había reforzado días antes que la reelección del presidente constituía el “eje central” de la táctica política del partido. Esto confirma que, en el núcleo partidario, Lula sigue siendo el factor de unidad, coordinación y supervivencia electoral. Sin embargo, en la coalición ampliada, la lealtad sigue siendo condicionada, instrumental y negociada. Las fuentes brasileñas muestran que Lula debió seguir acomodando al Centrão mediante espacios de gobierno, ministerios y articulaciones electorales. A comienzos de año, ya se anticipaba una amplia reforma ministerial vinculada a la salida de ministros que disputarían cargos en octubre, con impacto directo en la composición de la base aliada. El dato más revelador es que el PT, en su manifiesto de abril, suavizó posiciones para atraer al centro político. La Gazeta do Povo y CNN señalaron que el documento buscó acercarse al Centrão, moderar el discurso y evitar choques innecesarios con actores como el mercado financiero o sectores institucionales. Esto muestra que la lealtad de la coalición no se obtiene por subordinación al liderazgo presidencial, sino por adaptación programática, concesiones y cálculo electoral. En síntesis, la lealtad a Lula sigue siendo alta en el PT, pero no se traduce en lealtad orgánica de toda la coalición. El Centrão acompaña mientras obtiene beneficios y preserva autonomía para 2026. La calificacion no varia se mantiene en 2.95 de diciembre.
ACATAMIENTO DE REGLAS
El acatamiento de reglas dentro del bloque gobernante continúa siendo la dimensión más vulnerable. El Congreso no se limita a acompañar o corregir marginalmente al Ejecutivo: actúa como poder autónomo, capaz de imponer derrotas, condicionar la agenda y redefinir los límites de la gobernabilidad. El episodio más significativo del período fue la derrota de Lula en el Congreso por la ley de dosimetría, que reduce penas para condenados por los hechos del 8 de enero y puede beneficiar a Jair Bolsonaro. Lula había vetado la norma, pero el Congreso anuló el veto por amplia mayoría, lo que constituyó un revés político fuerte para el Ejecutivo y una señal clara de que la base ampliada no acata automáticamente la orientación presidencial en temas sensibles. A esto se suma la derrota vinculada a la indicación de Jorge Messias al Supremo Tribunal Federal, que fue descrita por medios brasileños como un revés inédito para Lula en el Senado y como parte de una serie de derrotas que exponen dificultades para consolidar apoyo parlamentario. También en mayo, el Congreso derribó vetos de Lula a puntos de la LDO 2026, liberando transferencias y beneficios para municipios antes de las elecciones y permitiendo acceso de municipios morosos a recursos de la Unión. Este episodio confirma que, en materia presupuestaria y electoral, el Congreso actúa con lógica propia y no necesariamente subordinada a la disciplina del Ejecutivo. En consecuencia, el acatamiento de reglas baja de 2.65 en diciembre a 2.55 en mayo porque la coalición opera caso por caso. No existe una regla estable de subordinación al Ejecutivo; existe una regla de negociación permanente, donde el Congreso puede acompañar, alterar o derrotar al Gobierno según costos e incentivos.
IDENTIDAD IDEOLÓGICA
La identidad ideológica del núcleo lulista sigue siendo reconocible: defensa de la democracia frente al bolsonarismo, agenda social, desarrollo con presencia estatal, soberanía nacional, multilateralismo, derechos laborales y crítica a la política exterior de Donald Trump. El manifiesto del PT aprobado en abril preserva estos ejes y coloca a Lula como figura articuladora de una agenda progresista, nacional-desarrollista y democrática. No obstante, la identidad ideológica del bloque gobernante en sentido amplio sigue siendo dual. Por un lado, el PT mantiene un marco doctrinario propio; por otro, el Gobierno necesita a partidos de centro y centroderecha que no comparten plenamente esa visión. La moderación del manifiesto petista —incluyendo la retirada de propuestas más confrontativas, como una reforma del sistema financiero— evidencia que la identidad del oficialismo debe ser administrada para no dificultar alianzas electorales y parlamentarias. La tensión aparece también en la política exterior y de seguridad. Frente a la decisión de Estados Unidos de designar al PCC y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas, Lula respondió desde una narrativa de soberanía nacional y rechazo a la injerencia externa. Esa posición fortalece la identidad ideológica del lulismo, pero no necesariamente cohesiona a toda la coalición, especialmente en un contexto donde sectores conservadores y bolsonaristas intentan apropiarse del discurso de seguridad. En síntesis, la identidad ideológica sigue siendo relativamente clara en el PT, pero se diluye en la coalición ampliada. El Gobierno conserva narrativa, pero debe moderarla para preservar gobernabilidad y competitividad electoral. Tendencia a la baja de 3.05 en diciembre a 3.00 en mayo.
ACUERDO EN TORNO A POLÍTICAS
El acuerdo en torno a políticas muestra un comportamiento mixto. Hay avances relevantes, pero también derrotas importantes. En enero, Lula sancionó la ley que crea el Comité Gestor del IBS y concluye una etapa central de la reglamentación de la reforma tributaria, uno de los proyectos estructurales más importantes del período. Esto indica que, cuando se trata de agendas sistémicas con beneficios distribuidos entre Unión, estados, municipios y sectores económicos, el Gobierno todavía puede construir convergencia. También hubo una señal positiva en la agenda laboral. En abril se instaló la comisión especial para analizar la PEC de reducción de jornada, y en mayo se registró un acuerdo entre Lula y Hugo Motta para dividir protagonismo y tramitar la agenda del fin de la escala 6x1. Motta incluso afirmó que la articulación de Planalto fue decisiva para aprobar la PEC en la Cámara. Esto muestra capacidad de convergencia puntual entre Ejecutivo y Legislativo cuando hay incentivos electorales y sociales claros. Pero el acuerdo no es homogéneo ni permanente. La ley de dosimetría, la derrota del veto presidencial y la liberación de recursos a municipios antes de las elecciones revelan que el Congreso no comparte necesariamente las prioridades políticas, institucionales o fiscales del Ejecutivo. En esos casos, la coalición se comporta como una suma de intereses legislativos, regionales y electorales, no como un bloque programático. En síntesis, hay acuerdo suficiente para aprobar piezas importantes de la agenda gubernamental, pero no para sostener un programa coherente en temas de alto costo político, judicial, fiscal o electoral. Por este motivo se repite la calificacion de diciembre de 3.15.
CHILE
Mapa de calor: Cohesión del Partido de Gobierno por componente en 5 países (Mayo 2026)
LEALTAD
La lealtad hacia Gabriel Boric se encontraba en una fase de desgaste propia del fin de mandato. El oficialismo evitaba una ruptura abierta, pero el Frente Amplio, el Partido Comunista y el Socialismo Democrático ya actuaban con creciente autonomía, más preocupados por preservar posiciones, definir liderazgos futuros y ordenar la transición hacia la oposición que por sostener una disciplina estrictamente presidencial. La lealtad existía, pero era menos orgánica y más condicionada por el cierre del ciclo político. Con José Antonio Kast, en cambio, la lealtad inicial del nuevo oficialismo parte desde una base más favorable. El Partido Republicano llega al gobierno con una fuerte identificación con el liderazgo presidencial, mientras que Chile Vamos y otros apoyos de derecha tienen incentivos para acompañar el inicio del mandato, capitalizar el cambio de ciclo y evitar una fragmentación temprana. Sin embargo, esa lealtad todavía no equivale a una integración plena. El debate sobre una eventual coalición única de derecha evidenció diferencias entre la UDI, sectores de Chile Vamos y el Partido Republicano, que rechazó avanzar rápidamente hacia un conglomerado común. Esa tensión muestra que el nuevo oficialismo acompaña a Kast, pero conserva identidades partidarias, cálculos propios y reservas sobre la distribución futura del poder. Por ello, la lealtad de Kast en mayo debe calificarse por encima del cierre de Boric, pero no en niveles máximos. Hay alineamiento inicial, autoridad presidencial y clima de inicio de ciclo, aunque todavía bajo una arquitectura de derecha en proceso de integración. Calificación mayo 2026: 3.20.
ACATAMIENTO DE REGLAS
Para fines del mandato, el gobierno de Boric mantenía un acatamiento institucional alto, pero una disciplina política interna más irregular. El oficialismo respetaba plenamente las reglas democráticas, pero la coordinación entre sus partidos se había debilitado. Las diferencias entre el Frente Amplio, el Partido Comunista y el Socialismo Democrático obligaban al Ejecutivo a negociar proyecto por proyecto y hacían más difícil sostener una conducción unificada. En mayo de 2026, el gobierno de Kast muestra un acatamiento de reglas algo más alto, aunque todavía en etapa de prueba. El nuevo oficialismo ha logrado ordenar una primera agenda legislativa y activar mecanismos de coordinación entre el Ejecutivo y sus apoyos parlamentarios. La aprobación en la Cámara del proyecto de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, ingresado el 22 de abril y ya en segundo trámite constitucional, indica que el bloque de gobierno y sus aliados fueron capaces de actuar con disciplina suficiente para dar curso a una iniciativa central del Ejecutivo. No obstante, el acatamiento interno no es plenamente robusto. Las tensiones sobre el futuro de Chile Vamos y su relación con Republicanos llegaron al comité político ampliado de La Moneda, lo que evidencia que aún no existe una regla de funcionamiento totalmente estabilizada dentro del oficialismo. Además, el primer cambio de gabinete, realizado apenas dos meses después de la asunción, reveló problemas iniciales de coordinación, selección de equipos y conducción política, especialmente en seguridad y comunicación. Por tanto, el acatamiento de reglas mejora respecto del cierre del ciclo Boric porque existe disciplina inicial y mayor concentración de mando, pero debe mantenerse en un nivel moderado, no alto, por las señales tempranas de ajuste y descoordinación. Calificación mayo 2026: 3.00.
IDENTIDAD IDEOLÓGICA
La identidad ideológica del bloque Boric seguía siendo relativamente clara: progresismo de derechos, agenda social, transición verde, reforma previsional, derechos humanos y defensa de la democracia. Sin embargo, esa identidad estaba tensionada por la convivencia entre el Frente Amplio, el Partido Comunista y el Socialismo Democrático. El bloque compartía un horizonte general de centroizquierda, pero con diferencias crecientes sobre el grado de moderación, el rol del Estado, la seguridad pública, la política fiscal y la estrategia frente a la derecha. El gobierno de Kast inicia con una identidad ideológica más nítida. Su bloque se articula alrededor de seguridad, orden público, control migratorio, reducción del Estado, disciplina fiscal, reactivación económica, incentivos a la inversión y un giro conservador en materias culturales e institucionales. El proyecto de Reconstrucción Nacional expresa esa orientación: combina rebajas tributarias, eliminación de burocracia, incentivos al empleo, medidas de seguridad y una narrativa de reconstrucción económica y social. La primera Cuenta Pública también refuerza esa identidad: Kast enfatizó una reforma económica y tributaria, recortes presupuestarios, seguridad pública, intervención de barrios críticos, apoyo a policías y nuevas leyes contra incivilidades. Estos ejes muestran una identidad gubernamental más compacta que la del oficialismo saliente en su fase final. La razón para no calificarla más alto es que la identidad común de la derecha todavía debe administrar tensiones entre el Partido Republicano y Chile Vamos. Aunque ambos comparten una orientación general de derecha, no son idénticos: Republicanos tiende a una identidad más dura, conservadora y refundacional, mientras que Chile Vamos conserva tradiciones más institucionales, liberales o pragmáticas. Esa diferencia no rompe la identidad del bloque, pero impide considerarla plenamente homogénea. Calificación mayo 2026: 3.55.
ACUERDO EN TORNO A POLÍTICAS
Hasta el fin del mandato de Boric, el acuerdo en torno a políticas dentro del bloque era el componente más débil. La reforma previsional había demostrado que el oficialismo podía converger en ciertos objetivos estratégicos cuando el diseño se moderaba, pero el cierre del mandato estuvo marcado por una menor capacidad de sostener prioridades compartidas. A medida que avanzaba la lógica de fin de ciclo, los partidos pasaron de la coordinación programática a la diferenciación política y electoral. Para mayo de 2026, Kast muestra un acuerdo inicial más alto. La aprobación general y particular del proyecto de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social en la Cámara confirma que el Ejecutivo pudo instalar una agenda económica prioritaria y obtener respaldo legislativo transversal. El proyecto, además, sintetiza varias prioridades del nuevo oficialismo: inversión, empleo, simplificación regulatoria, alivio tributario, reconstrucción de zonas afectadas por incendios y medidas vinculadas a seguridad y migración. También en seguridad se observa un acuerdo político inicial. Chile impulsó en mayo un acuerdo regional contra la delincuencia organizada transnacional con Argentina, Bolivia, Ecuador y Perú, alineado con uno de los ejes centrales de la campaña y del gobierno de Kast. Esto muestra capacidad para traducir la identidad del nuevo oficialismo en una agenda concreta de política pública. Sin embargo, el acuerdo en torno a políticas todavía no puede considerarse consolidado. Las críticas por falta de claridad en seguridad, el aumento de la desaprobación al 53% antes de la primera Cuenta Pública y el cambio temprano de gabinete muestran que incluso en su principal bandera, el gobierno enfrenta problemas de implementación, coordinación y expectativas. Además, el respaldo legislativo inicial depende de una derecha todavía en proceso de reordenamiento y de apoyos parlamentarios que pueden variar según el costo de cada medida. Por eso, el acuerdo en torno a políticas mejora respecto del cierre de Boric, pero se ubica en un nivel moderado: hay agenda común y primeras victorias legislativas, aunque todavía no una coalición programática plenamente estabilizada. Calificación mayo 2026: 3.00.
MÉXICO
Mapa de calor: Cohesión del Partido de Gobierno por componente en 5 países (Mayo 2026)
LEALTAD
En diciembre de 2025, la lealtad hacia Claudia Sheinbaum se mantenía alta, aunque ya no plenamente vertical. Morena seguía siendo el centro de gravedad del bloque gobernante, pero la coalición con PT y PVEM empezaba a mostrar señales de autonomía, especialmente en temas sensibles para la supervivencia electoral de los aliados. Entre enero y mayo de 2026, esa tendencia se confirmó. Sheinbaum conserva una autoridad política fuerte, capacidad de movilización y control de la narrativa presidencial. La concentración del 31 de mayo por el segundo aniversario de su triunfo electoral fue leída como una demostración de fuerza de Morena y del liderazgo presidencial, en un contexto de tensiones internas y presión externa por el caso Sinaloa/Estados Unidos. Sin embargo, la lealtad de los aliados no es automática. La reforma electoral expuso diferencias relevantes con PT y PVEM. El Economista señaló desde enero que la alianza oficialista entraba en una etapa crítica por una reforma que afectaba recursos partidarios y legisladores plurinominales, asuntos donde los aliados habían expresado dudas o rechazo. En marzo, el PT afirmó que no apoyaría la reforma electoral de Sheinbaum porque, según su coordinador, podía llevar a un esquema de “partido único”. La reacción presidencial fue reveladora: Sheinbaum sostuvo que el desacuerdo con PT y PVEM no debía afectar la alianza para 2027, pero el solo hecho de tener que marcar esa diferencia muestra que la lealtad opera bajo negociación y no bajo obediencia plena. Justificación de calificación: la lealtad sigue siendo alta porque Sheinbaum mantiene liderazgo, Morena conserva centralidad y la coalición no se rompe. Pero baja levemente de 4.10 a 4.05 porque PT y PVEM demostraron capacidad de condicionar la agenda presidencial cuando sus intereses electorales o institucionales son afectados.
ACATAMIENTO DE REGLAS
En diciembre de 2025, el acatamiento de reglas dentro del oficialismo mexicano era elevado en términos operativos: Morena y sus aliados podían votar, ordenar prioridades y cerrar acuerdos. Sin embargo, ya se observaba que la disciplina requería negociación con PT y PVEM, además de manejo interno de facciones dentro de Morena. Entre enero y mayo de 2026, el acatamiento siguió siendo alto, pero más costoso. El caso más claro fue la reforma electoral. Primero, la propuesta constitucional enfrentó resistencia de los aliados y riesgo de no alcanzar mayoría calificada; luego, el Gobierno debió reconducirla mediante un “Plan B”. Se describió incluso un escenario de “fuego amigo” dentro de la 4T por el fracaso inicial de la reforma electoral, señalando a operadores y responsables del diseño jurídico por no haber conseguido los consensos necesarios. Aun así, el oficialismo mostró capacidad de recomposición. En abril, la Cámara de Diputados aprobó el “Plan B” electoral de Sheinbaum con apoyo de Morena, PT, PVEM e incluso Movimiento Ciudadano. Además, 17 congresos estatales avalaron el paquete en menos de 12 horas, lo que muestra una maquinaria territorial todavía muy disciplinada. El mismo patrón apareció con la reforma judicial. En mayo, Morena aprobó la modificación para aplazar la elección judicial de 2027 a 2028 y empatarla con la revocación presidencial, corrigiendo deficiencias operativas de la reforma judicial anterior, pero manteniendo el control político del proceso. La calificación de acatamiento sigue siendo alto porque el bloque oficialista logra corregir derrotas, aprobar planes alternativos y activar congresos estatales con rapidez. Pero baja levemente de 3.65 en diciembre a 3.60 en mayo porque el cumplimiento de la línea presidencial ya no es automático: requiere presión, concesiones, rediseño normativo y administración de tensiones con aliados.
IDENTIDAD IDEOLÓGICA
En diciembre de 2025, la identidad ideológica del oficialismo seguía siendo reconocible como continuidad de la 4T: Estado social, programas sociales, soberanía, nacionalismo económico, fortalecimiento de empresas públicas, austeridad republicana, crítica a las élites tradicionales y ampliación del control político-institucional del proyecto de transformación. Entre enero y mayo de 2026, esa identidad se mantuvo e incluso ganó fuerza narrativa por el conflicto con Estados Unidos. Sheinbaum convirtió el caso Sinaloa y las investigaciones estadounidenses contra funcionarios mexicanos en una bandera de soberanía nacional, acusando injerencia extranjera y articulando una reforma constitucional para anular elecciones si se prueba intervención externa. El Congreso aprobó una enmienda constitucional que permitiría anular elecciones por interferencia extranjera, con apoyo de Sheinbaum y críticas opositoras por el riesgo de uso político. Ese discurso refuerza la identidad de la 4T: soberanía, defensa del proyecto nacional, confrontación con conservadores y rechazo al intervencionismo externo. También se mantuvo la continuidad social y económica: Sheinbaum usó el acto de mayo para destacar crecimiento, empleo, empresas estatales y programas sociales. El límite sigue estando en la coalición ampliada. PT y PVEM no comparten exactamente la misma matriz ideológica de Morena. Su adhesión es más instrumental, ligada a posiciones, candidaturas, financiamiento, supervivencia partidaria y reglas electorales. La negociación sobre antinepotismo y candidaturas familiares mostró que incluso dentro de la 4T hay sectores que buscan preservar prácticas territoriales tradicionales, no necesariamente coherentes con el discurso transformador. La identidad sube de 3.55 en diciembre a 3.60 en mayo porque Sheinbaum logró reforzar el marco doctrinario de la 4T mediante soberanía, defensa nacional, programas sociales y continuidad del proyecto. Pero no sube mucho más porque la coalición con PT y PVEM introduce pragmatismo, intereses electorales y tensiones con el discurso de renovación política.
ACUERDO EN TORNO A POLÍTICAS
En diciembre de 2025, el acuerdo en torno a políticas dentro del bloque oficialista mexicano mostraba una dinámica mixta. Por un lado, Morena, PT y PVEM lograban coordinarse para sostener decisiones relevantes y aprobar prioridades del Ejecutivo, lo que confirmaba la existencia de un mínimo común programático suficiente para gobernar. Por otro lado, ese acuerdo no operaba como consenso pleno ni automático, sino como convergencia táctica: algunas iniciativas avanzaban con abstenciones, presiones cruzadas y negociación intensa, reflejando una coalición altamente transaccional y sensible a disputas internas, costos distributivos y preservación de cuotas de poder. Entre enero y mayo de 2026, el acuerdo en torno a políticas mejora moderadamente porque el oficialismo logró transformar tensiones iniciales en resultados legislativos concretos. La reforma electoral original enfrentó resistencias del PT y del PVEM, especialmente en aspectos vinculados a representación, plurinominales, recursos partidarios y supervivencia electoral. Sin embargo, el Gobierno recondujo la iniciativa mediante un “Plan B”, que permitió recomponer apoyos y mostrar que, aunque la coalición no obedece automáticamente, todavía puede cerrar acuerdos cuando se preservan los incentivos básicos de sus socios. Algo similar ocurrió con la reforma judicial y con las iniciativas vinculadas a interferencia extranjera. En ambos casos, el oficialismo exhibió capacidad para procesar diferencias, activar mayorías legislativas y movilizar congresos estatales. Esto confirma que la coalición gobernante conserva un grado alto de acuerdo operativo en torno a las prioridades de Sheinbaum y de la 4T. No obstante, el aumento es moderado y no alto. El acuerdo existe, pero sigue dependiendo de rediseños, concesiones y negociación intraoficialista. PT y PVEM acompañan la agenda gubernamental, pero no como actores plenamente subordinados a Morena, sino como socios con capacidad de condicionar reformas cuando estas afectan su espacio electoral, sus cuotas de representación o sus intereses territoriales. Por ello, el acuerdo en torno a políticas sube de 3.35 en diciembre a 3.50 en mayo: el bloque demuestra mayor capacidad efectiva para cerrar votaciones y sostener agenda, aunque dentro de una coalición que sigue siendo pragmática, transaccional y no plenamente programática.

CONCLUSIONES
Cohesión del Partido de Gobierno por País (Mayo 2026)
Los resultados comparativos a mayo de 2026 muestran una región con niveles diferenciados de cohesión oficialista, en la que la solidez del bloque gobernante depende no solo de la autoridad presidencial, sino también de la capacidad para mantener lealtad, disciplina interna, identidad ideológica y acuerdo efectivo en torno a políticas. Las diferencias entre países reflejan distintos modelos de gobernabilidad: desde coaliciones altamente articuladas y dominantes hasta oficialismos fragmentados, dependientes de negociaciones transaccionales o con debilidad para convertir su proyecto político en acción coordinada y sostenida.
México (3.69) encabeza el ranking y presenta el nivel más alto de cohesión del grupo comparado. Morena sigue actuando como eje ordenador del bloque gobernante, Claudia Sheinbaum conserva autoridad política y la identidad de la 4T continúa siendo un marco integrador poderoso. Aunque PT y PVEM han mostrado capacidad para negociar y condicionar decisiones en temas sensibles, la coalición mantiene disciplina operativa, identidad compartida y capacidad para sostener la agenda gubernamental.
México (3.69) encabeza el ranking y presenta el nivel más alto de cohesión del grupo comparado. Morena sigue actuando como eje ordenador del bloque gobernante, Claudia Sheinbaum conserva autoridad política y la identidad de la 4T continúa siendo un marco integrador poderoso. Aunque PT y PVEM han mostrado capacidad para negociar y condicionar decisiones en temas sensibles, la coalición mantiene disciplina operativa, identidad compartida y capacidad para sostener la agenda gubernamental.
Colombia (2.59) cierra el ranking y refleja la brecha más clara entre identidad política y cohesión operativa. El gobierno de Gustavo Petro mantiene un núcleo ideológico fuerte y una base leal en el Pacto Histórico, pero no logra traducir esa fortaleza en disciplina legislativa, acatamiento estable de reglas ni acuerdos consistentes en torno a políticas. La cohesión del oficialismo colombiano sigue siendo intensa en su centro, pero débil en su periferia aliada y vulnerable frente a la fragmentación institucional.

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