
Índice MEDOR de Gobernabilidad

INTRODUCIÓN
Latinoamérica es una región estratégica clave para entender la estabilidad global, la seguridad de los recursos y la transición energética. En un contexto internacional marcado por conflictos, fragmentación geopolítica y competencia entre grandes potencias, emerge como un espacio de bajo riesgo militar, pero de alto valor económico, ambiental y político. Para la Unión Europea y para Italia, fortalecer las relaciones con Latinoamérica constituye una elección estratégica de largo plazo. Esta región ha sido tradicionalmente percibida como periférica respecto de los grandes escenarios geopolíticos, pero esta lectura ya no refleja la realidad actual. Hoy el continente es central para la seguridad energética y de materias primas, la transición ecológica y climática, la reconfiguración de las cadenas globales de valor, en un contexto de competencia no militar entre grandes potencias. Asimismo, se encuentra en el centro de una tensión estructural entre la explotación económica y la protección ambiental, y se ha convertido en un escenario clave de competencia estratégica económica, especialmente en materia de inversiones en infraestructura. Para la Unión Europea y para Italia, Latinoamérica es pieza clave para diversificar las cadenas de suministro, reducir dependencias críticas, promover estándares ambientales, sociales y digitales compartidos y reforzar un multilateralismo basado en reglas. Una presencia europea estructurada permite equilibrar la influencia de otros actores globales, en particular China y Estados Unidos, y construir alianzas de largo plazo. Por eso es importante monitorear y anticipar la dinámica política y social de la región mediante herramientas rigurosas de análisis y alerta temprana.
Importancia para las empresas italianas
El concepto de gobernabilidad ha evolucionado desde su enfoque clásico, centrado en el orden político, hacia una comprensión más amplia que la define como un estado de equilibrio dinámico entre las demandas sociales y la capacidad de respuesta del gobierno. Esta noción articula tres dimensiones fundamentales: eficacia, legitimidad y estabilidad. Un sistema político se considera gobernable cuando puede adaptarse a los cambios de su entorno nacional e internacional sin perder cohesión, autoridad ni respaldo ciudadano. La gobernabilidad, por tanto, no debe entenderse en términos dicotómicos entre gobernabilidad e ingobernabilidad, ni limitarse a la sola eficacia administrativa. Se trata de un fenómeno gradual, que puede expresarse en distintos niveles: desde un modelo ideal —en el que existe correspondencia plena entre demandas y respuestas— hasta escenarios de crisis institucional, colapso del orden democrático o ruptura del vínculo entre Estado y sociedad. Este enfoque reconoce que todos los sistemas políticos enfrentan tensiones estructurales, marcadas por demandas sociales crecientes y recursos estatales limitados. Lo determinante no es la ausencia de conflictos, sino la forma en que estos se gestionan. Cuando las respuestas gubernamentales son percibidas como insuficientes, se configura un déficit de gobernabilidad; si el desequilibrio se profundiza y se manifiesta simultáneamente en diversas dimensiones, se puede desencadenar una crisis sistémica. En América Latina, estos déficits suelen estar asociados a fenómenos como la corrupción, el caudillismo presidencialista, la debilidad de los partidos políticos y la desconfianza ciudadana hacia las instituciones representativas. Esta combinación explica por qué amplios sectores sociales muestran creciente tolerancia —o incluso preferencia— por opciones autoritarias, debilitando las bases mismas del sistema democrático desde su interior. Trabajamos en el análisis de una herramienta analítica de monitoreo comparado, construida a partir de siete indicadores clave que permiten evaluar el estado de la gobernabilidad en cinco países latinoamericanos. Como se ha expuesto, estas variables no solo reflejan el funcionamiento del aparato estatal, sino también las percepciones sociales, la cohesión política interna, el entorno internacional y los niveles de conflictividad o descomposición del orden social.

Mapa de calor: Grado de Gobernabilidad (Diciembre 2025)
Este mapa de calor representa los niveles relativos de cada uno de los siete indicadores clave de gobernabilidad en los cinco países latinoamericanos que analizamos (Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México), correspondiente a diciembre de 2025. Se trata de una herramienta visual que permite identificar, de forma rápida, las fortalezas y debilidades institucionales de cada país.
Escala de Gobernabilidad
• (+5) Gobernabilidad Ideal (ideal-tipo): equilibrio pleno entre demandas sociales y respuestas gubernamentales; legitimidad consolidada, conflictividad baja y alta institucionalidad. Los conflictos existen, pero se procesan y absorben sin escalar a crisis. • (+4 a +2) Gobernabilidad Normal: el sistema gestiona diferencias y tensiones persistentes dentro de reglas del juego aceptadas. Puede haber problemas serios, pero no comprometen la estabilidad del régimen ni la continuidad de gobierno. • (+1 a −1) Déficit de Gobernabilidad: el gobierno pierde capacidad de respuesta en demandas clave y/o de sostener consensos mínimos. Aumenta la presión de actores relevantes y se erosiona la aceptación de decisiones y autoridades. • (−2) Crisis de Gobernabilidad: acumulación de conflictos, caída de confianza en reglas y arbitrajes, y aumento del riesgo de disrupción institucional. La respuesta estatal es insuficiente, tardía o descoordinada. (−4 a −3) Cambio de Régimen: ruptura de la relación funcional gobernantes–gobernados y reconfiguración del poder. Puede ocurrir por salidas constitucionales (renuncia, juicio político, elecciones anticipadas) o por colapso del sistema partidario, con alta inestabilidad. • (−5) Cambio de Sistema: quiebre del orden democrático por vías de hecho (golpe de Estado, revolución, conflicto armado). Se disuelve el pacto social/institucional básico y emergen nuevas reglas impuestas por la fuerza.

El siguiente gráfico representa el Grado de Gobernabilidad en los 5 países de América Latina (diciembre 2025) con base en siete variables clave que permiten calcular un índice compuesto. La escala utilizada, que va de -5 a +5, clasifica la gobernabilidad de los países en distintas fases: desde Cambio de Sistema (colapso democrático), hasta Régimen Ideal (equilibrio pleno entre demandas sociales y capacidad estatal de respuesta).
Interpretación del gráfico:
Grado de Gobernabilidad - Diciembre 2025


Escala de Gobernabilidad (-5 a +5)
En diciembre de 2025, el índice muestra que los cinco países se ubican dentro de la zona de “Déficit de Gobernabilidad” (entre -1 y +1). Esto indica que, aunque no están en un escenario de crisis abierta, sí enfrentan una brecha persistente entre las demandas sociales (expectativas económicas, presión por servicios, seguridad, empleo, conflictividad) y la capacidad efectiva del Estado para responder con políticas oportunas, coordinación institucional y resultados visibles. En este rango, la gobernabilidad suele ser frágil: la estabilidad depende más de equilibrios coyunturales que de bases sólidas, y puede deteriorarse rápidamente ante shocks económicos, escaladas de conflicto o errores de gestión. Los resultados reflejan niveles distintos de vulnerabilidad dentro del mismo “déficit”: Brasil (0.46) encabeza el grupo con el mejor desempeño relativo: hay mayor margen de maniobra institucional y política, pero aún insuficiente para salir de la zona de desequilibrio. México (0.39) y Chile (0.27) se ubican en una franja intermedia: muestran capacidad parcial de respuesta, pero con tensiones que mantienen la gobernabilidad en terreno inestable. Argentina (0.17) aparece más cerca del umbral bajo del déficit: sugiere una capacidad gubernamental más limitada frente a presiones sociales y económicas, con mayor exposición a episodios de inestabilidad. Colombia (-0.66) es el caso más delicado del conjunto y el único con valor claramente negativo: aun sin ser “crisis”, el puntaje indica debilitamiento significativo del equilibrio gobernante, con un riesgo mayor de que la conflictividad, la polarización o la inseguridad empujen el sistema hacia escenarios más críticos si no hay correcciones.
Grado de Gobernabilidad - Diciembre 2025

Escala de Gobernabilidad (-2 a +2)

Mapa de calor: Grado de Gobernabilidad
CONCLUSIÓN
El siguiente gráfico representa el Grado de Gobernabilidad en los 5 países de América Latina (diciembre 2025) con base en siete variables clave que permiten calcular un índice compuesto. La escala utilizada, que va de -5 a +5, clasifica la gobernabilidad de los países en distintas fases: desde Cambio de Sistema (colapso democrático), hasta Régimen Ideal (equilibrio pleno entre demandas sociales y capacidad estatal de respuesta).
(Escala -5 a +5) - Diciembre 2025
Caída de la Gobernabilidad de abril a diciembre de 2025
Los datos también evidencian una caída generalizada de la gobernabilidad entre abril y diciembre 2025 (más fuerte en Colombia, México y Chile). No es una caída “ideológica”: es una caída operativa, porque el deterioro se concentró en los componentes que más “pesan” sobre la capacidad real de mando (violencia/orden, confianza institucional, y cohesión/coaliciones), mientras los avances en eficacia decisional no alcanzaron para compensar.
Cambio neto de abril → diciembre (¿qué tanto cae cada país?)
Argentina (Milei): caída leve por “costo político del ajuste” y tensión institucional
Argentina cae poco porque la capacidad decisional del Ejecutivo se mantuvo (e incluso tu medición la deja relativamente sólida), pero la gobernabilidad baja por tres presiones: fatiga social y conflictividad asociada al ajuste (aunque haya orden macro, la obediencia social es más frágil); baja densidad de coalición (gobierna con alianzas tácticas, no con bloque orgánico); brecha de confianza: “orden” suele estar mejor evaluado que la política institucional, y eso deja al Ejecutivo más expuesto a shocks de legitimidad.
Argentina cae poco porque la capacidad decisional del Ejecutivo se mantuvo (e incluso tu medición la deja relativamente sólida), pero la gobernabilidad baja por tres presiones: fatiga social y conflictividad asociada al ajuste (aunque haya orden macro, la obediencia social es más frágil); baja densidad de coalición (gobierna con alianzas tácticas, no con bloque orgánico); brecha de confianza: “orden” suele estar mejor evaluado que la política institucional, y eso deja al Ejecutivo más expuesto a shocks de legitimidad.
Brasil (Lula): cae moderado por fricción Congreso–Ejecutivo y presión de seguridad, aunque conserva anclajes
Brasil cae de manera moderada porque Lula mantiene anclajes estructurales (multilateralismo, aparato estatal, capacidad de negociación), pero el período se desgasta por: presidencialismo de coalición más costoso (negociación permanente con un Congreso de alta autonomía); presión de seguridad y crimen que eleva el costo de gobernar territorios urbanos críticos; polarización judicial-política que tensiona reglas del juego y reduce márgenes de consenso. Resultado: sigue arriba, pero menos “cómodo”.
Chile (Boric): cae fuerte por expectativas frustradas y debilidad de articulación política
Chile cae más porque en 2025 el problema no fue tanto “orden” (que se sostiene en niveles medios), sino confianza y expectativa: baja confianza en partidos/Congreso y dificultad de producir acuerdos sostenidos; agenda reformista más modulada/demorada, que erosiona respaldo sin consolidar un nuevo pacto; persistencia de focos de violencia/seguridad (y crimen transnacional) que amplifican percepción de pérdida de control. Boric queda con “buena forma” institucional, pero con menor tracción política.
Colombia (Petro): caída crítica por choque Ejecutivo–instituciones y escalamiento del “ruido de gobernabilidad”
Colombia es el gran perdedor: pasa de negativo moderado a negativo profundo porque se combinan simultáneamente los factores más corrosivos: alta violencia y descomposición social (la medición la coloca en el techo regional), que come territorio y autoridad; baja eficacia decisional (2.69) y fragmentación del bloque gobernante: reformas trabadas, gabinete inestable, conflicto con contrapesos; deterioro internacional (2.69) que estrecha margen financiero/diplomático. Petro enfrenta un cuadro donde la narrativa moviliza, pero la implementación no cierra, y la coalición no sostiene.
México (Sheinbaum): caída fuerte por “paradoja de control político con presión de seguridad”
México cae bastante pese a tener alta cohesión partidaria relativa, por una paradoja típica: control legislativo no equivale a control territorial. La variable de violencia/descomposición sube (4.04), y eso pega directo a gobernabilidad real en estados y regiones; la militarización/seguridad como política de Estado reduce confianza política si no hay resultados rápidos; el gobierno de Sheinbaum arranca con disciplina, pero el costo del “orden público” y el crimen organizado tensiona legitimidad cotidiana. Resultado: México ya no luce como “techo” claro, sino como potencia con alta capacidad política pero alto estrés de seguridad.
ÍNDICE O GRADO DE GOBERNABILIDAD
El concepto de gobernabilidad ha evolucionado desde su enfoque clásico, centrado en el orden político, hacia una comprensión más amplia que la define como un estado de equilibrio dinámico entre las demandas sociales y la capacidad de respuesta del gobierno. Esta noción articula tres dimensiones fundamentales: eficacia, legitimidad y estabilidad. Un sistema político se considera gobernable cuando puede adaptarse a los cambios de su entorno nacional e internacional sin perder cohesión, autoridad ni respaldo ciudadano. La gobernabilidad, por tanto, no debe entenderse en términos dicotómicos entre gobernabilidad e ingobernabilidad, ni limitarse a la sola eficacia administrativa. Se trata de un fenómeno gradual, que puede expresarse en distintos niveles: desde un modelo ideal —en el que existe correspondencia plena entre demandas y respuestas— hasta escenarios de crisis institucional, colapso del orden democrático o ruptura del vínculo entre Estado y sociedad. Este enfoque reconoce que todos los sistemas políticos enfrentan tensiones estructurales, marcadas por demandas sociales crecientes y recursos estatales limitados. Lo determinante no es la ausencia de conflictos, sino la forma en que estos se gestionan. Cuando las respuestas gubernamentales son percibidas como insuficientes, se configura un déficit de gobernabilidad; si el desequilibrio se profundiza y se manifiesta simultáneamente en diversas dimensiones, se puede desencadenar una crisis sistémica. En América Latina, estos déficits suelen estar asociados a fenómenos como la corrupción, el caudillismo presidencialista, la debilidad de los partidos políticos y la desconfianza ciudadana hacia las instituciones representativas. Esta combinación explica por qué amplios sectores sociales muestran creciente tolerancia —o incluso preferencia— por opciones autoritarias, debilitando las bases mismas del sistema democrático desde su interior. Trabajamos en el análisis de una herramienta analítica de monitoreo comparado, construida a partir de siete indicadores clave que permiten evaluar el estado de la gobernabilidad en cinco países latinoamericanos. Como se ha expuesto, estas variables no solo reflejan el funcionamiento del aparato estatal, sino también las percepciones sociales, la cohesión política interna, el entorno internacional y los niveles de conflictividad o descomposición del orden social.
El Índice General de Gobernabilidad, calculado como promedio ponderado de estas siete variables, ofrece una evaluación sintética del estado político de cada país, que permite comparaciones, alertas tempranas y apoyo a la toma de decisiones estratégicas. Lejos de ser un retrato estático, este índice busca constituirse en una herramienta dinámica para anticipar escenarios, medir la resiliencia del sistema político y orientar el diseño de políticas públicas orientadas a preservar la estabilidad democrática.

MARCO CONCEPTUAL Y METODOLOGÍA DE CONSTRUCCIÓN
El Índice MEDOR de Gobernabilidad parte de una concepción contemporánea del concepto de gobernabilidad, entendida no como una condición binaria —gobernabilidad versus ingobernabilidad— sino como un estado dinámico de equilibrio entre las demandas sociales y la capacidad efectiva de respuesta del sistema político.
